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Virgen de Chinguaro Con este nombre se conoce popularmente en Güímar una pintura al óleo sobre lienzo de autor anónimo, datable en el siglo XVIII. El cuadro es de grandes proporciones, mide 245 cm x 185 cm. Representa a la imagen original de la Virgen de Candelaria, en el momento en que es mostrada por el Mencey Añaterve a Antón Guanche. La escena se desarrolla en el interior de la Cueva de Chinguaro. En los años 20 del presente siglo la pintura original sufrió una intervención de Manuel López Ruiz, quien prácticamente la cubrió con una nueva pintura. El cuadro fue venerado en la Ermita de Chinguaro hasta la ruina de ésta a finales de los años 70. En la actualidad se conserva en el baptisterio de la Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol de Güímar. El estado de conservación es muy deficiente, ya que presenta suciedad generalizada, pérdida de la tensión y aparición de pliegues en el lienzo. Sería aconsejable efectuar catas que permitieran determinar el estado de la capa pictórica original, a fin de retirar el repinte de principios de siglo. El que fuera notable viajero, naturalista y cónsul francés en Tenerife, Sabino Berthelot, hace mención de este cuadro en su libro: Primera Estancia en Tenerife (1820 - 1830), concretamente el capítulo X, titulado La Fiesta de San Pedro de Güímar. En la pág 95 encontramos la siguiente cita: "Descendimos por el valle hasta la playa de Chimisay y nos detuvimos un instante en la cueva de Chinguaro para visitar la antigua ermita de la Virgen de Candelaria. Está situada en la margen derecha del barranco, encima de la cueva: un cuadro decora el fondo: la pintura representa a la Virgen y Antón Guanche, ambos con ropas bordadas; dos guanches cubiertos con pieles están allí como en éxtasis. El salitre y la humedad de la pared han deteriorado esta pintura, pero el arte no ha perdido nada. El aspecto original del cuadro está reproducido en el libro de D. José Rodríguez Moure: Historia de la Devoción del Pueblo Canario a Ntra. Sra. de Candelaria. Aparece en la pág 29 con el siguiente texto: "Cuadro que en la Ermita del barranco de Chinguaro está
sobre el altar representando el hecho de enseñar el Mencey Añaterve
al joven Antón la Sta. Imagen"
___________________________________________________________________ Tú la salud concediste
Inscripción que se hallaba, a modo de Ex voto, en una pared de la antigua Ermita de Chinguaro. Fue escrita por uno de los mayordomos de la Virgen de Chinguaro, Bernardino Afonso Díaz, tras la curación de su hijo José. El texto ha sido trasmitido por los descendientes del mayordomo. Imagen: Cuadro de la Virgen de Chinguaro Parroquia de San Pedro Apóstol
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CAMPO DE LA CEREMONIA
"Apareció en un lugar desierto y muy seco, a la orilla de la mar, junto a una playa de arena que tendrá media legua de largo, a la boca de un barranco, sobre una piedra: donde, por memoria deste aparecimiento, pusieron después los cristianos una cruz que hoy está en pie, y un poco más adelante fundaron una ermita que llamaron del Socorro" Alonso de Espinosa,
Sevilla 1594
El Campo de la Ceremonia o Llano de la Virgen es una superficie más
o menos llana que se halla en la trasplaya inmediata a la Playa o
Charco del Socorro o como se denominaba en lengua aborigen, Chimisay.
La importancia de este lugar estriba en que, según la mayoría de los historiadores y la tradición oral trasmitida en el Valle de Güímar, fue en este lugar donde apareció la imagen de Ntra. Sra. de Candelaria a los pastores guanches. Pero también es importante por un acontecimiento vivo que se
repite cada año, La Ceremonia, representación del hallazgo
de la imagen por los guanches y los primeros milagros por ella obrados.
En el Llano destacan varios elementos: Cruz de Tea: Un sencillo humilladero coronado por una cruz de tea que marca el lugar, donde según la tradición, se hallaba la imagen en el momento de su aparición. Es en este pedestal donde es colocada la imagen de la Virgen del Socorro para la representación de La Ceremonia. Pozo Salobre: Un gran brocal de forma elíptica rodea un antiguo pozo de cierta profundidad al que se accede por medio de una escalera de piedra. Según la tradición, hacia ese pozo se dirigían los guanches para abrevar sus rebaños cuando en su camino se interpuso la sagrada imagen. Cuesta del Socorro: Se trata de una pendiente que salva el pequeño acantilado que separa el Llano de la meseta superior donde se asienta gran parte del caserío. Esta pendiente, o mejor, los riscos que existían antes de la construcción de la Cuesta, fueron el escenario del milagroso aumento de peso de la imagen de la Virgen, lo que obligó al mencey que la portaba a pedir socorro en tres ocasiones. De esta petición de ayuda deriva el nombre castellano del lugar. El Graderío: Una acumulación de tierra ha servido tradicionalmente como graderío natural a los espectadores que presencian La Ceremonia. Las sucesivas ocupaciones del territorio han mermado sus dimensiones. Cuevas: Limitando la superficie del Campo aun se conservan algunas cuevas
que sirven de ejemplo y testimonio del primer habitat utilizado en El Socorro.
Hasta principios de los años 70 el Campo de la Ceremonia presentaba un aspecto semejante al que recoge el cuadro de Martín González titulado Playas de Chimisay, que se conserva en la Basílica de Candelaria. A partir de ese momento el movimiento de tierras y el tráfico rodado que utilizaba indiscriminadamente toda la superficie del Campo fue convirtiéndolo en un espacio de aspecto descuidado, carente de atractivo y por donde discurría un intenso tráfico. La situación fue más alarmante a partir de Febrero de 1994, momento en el que un automóvil llegó a colisionar con la Cruz de Tea, destruyendo el antiguo humilladero. En verano de ese mismo año diversos colectivos, entre los que se encontraba la Asociación Cultural Patrimonio de Güímar, comenzaron una labor de adecentamiento consistente en la restricción del tráfico a un area mínima y la plantación de especies vegetales relacionadas tradicionalmente con la Virgen, cardones y tabaibas. Asimismo se comenzaron a plantar especies propias de la zona costera en espera de que la eliminación del tráfico permitiera que el área fuera recobrando gradualmente su vegetación característica: salados, aulagas, tomillo de mar, barrillas, etc. El proyecto se denominó Bannerman, en memoria de uno de los primeros naturalistas que se interesaron por esta zona costera de Güímar hacia 1920. Unicamente se trataba de una solución provisional hasta que se consiguiera la total eliminación del tráfico en el Llano y una intervención correcta en el Graderío. En el Boletín Oficial de Canarias de 29 de Abril de 1996, apareció el Anuncio de 27 de marzo de 1996 por el que se incoaba expediente de declaración de Bien de Interés cultural, con categoría de sitio histórico a favor del Llano de la Virgen, en El Socorro de Güímar. Otras denominaciones: Llano de la Virgen, Chimisay
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VIRGEN DEL ROSARIO AVE MARIA GRATIA PLENA. DOMINUS TECUM.
Ignis
José Rodríguez
de la Oliva, 1775.
La Virgen del Rosario se encuentra en el nicho central del retablo mayor
de la iglesia parroquial de Santo Domingo de Guzmán, antiguamente
integrada en el Convento de Santo Domingo in Soriano de la orden de predicadores.
Es una imagen de candelero o de vestir de proporciones muy acordes con
el natural.
La imagen es de una gran belleza y agradables proporciones. El esmerado tratamiento de sus facciones, cautiva al visitante de la iglesia por la gran serenidad que transmite su rostro, por la suavidad de su mirada y por la grácil talla del Hijo, que porta en uno de sus brazos. Todos estos detalles nos hablan de un escultor de gran calidad y buen hacer artístico, aunque en este caso concreto y debido a las desfavorables circunstancias históricas que han acompañado a esta imagen, tenemos la sorpresa de hallarnos ante la obra de dos autores diferentes, que lograron combinar dos épocas históricas y estilísticas distintas, obteniendo este maravilloso resultado. Desafortunadamente, la imagen de la Virgen del Rosario, que ahora analizamos, fue una de las víctimas del incendio que asoló el convento domínico un 19 de abril de 1775, tal como recoge Tarquis "... aunque lograron sacarla de entre las llamas se había estropeado bastante. Los frailes la trajeron a La Laguna para ponerla en manos del notable imaginero Don José Rodríguez de la Oliva (...)." La restauración que llevó a cabo Rodríguez de la Oliva tuvo que ser bastante significativa, dado que el escultor fechó y firmó la talla como si hubiera sido obra suya, recogiéndose en una inscripción que hoy se puede ver en la parte frontal de la imagen, por debajo de la garganta. Sin embargo, aunque el propio Tarquis asegura que tuvo casi que tallarla por completo para que este imaginero la firmara, también apunta que la talla presenta unos detalles estilísticos muy propios del renacimiento, alejados del estilo barroco al que Rodríguez de la Oliva pertenecía, como lo muestra su producción artística. Por otro lado, insistiendo aún más en esta idea, comprobamos que esta imagen no corresponde con las características tipológicas de las obras realizadas en la etapa final de su vida, que coincide con la restauración de la Virgen del Rosario datada en el año 1777. Siguiendo a Tarquis, el artista pudo intentar ajustarse al modelo original, para no apartarse de la imagen a la que el pueblo güimarero estaba acostumbrado, sin embargo, añade también "...no se trata de una imitación del siglo XVII sino que el estilo no deja lugar a dudas de ser una obra de aquella fecha (...) el estilo de la gran época, le salió demasiado bien (...) (aunque) pudiera ser casi todo técnica del imaginero de La Laguna, persiste la inspiración del primer autor. Se desconoce tanto la fecha como la autoría de las manos que
la tallaron originariamente, aunque por algunas de
La belleza de este rostro es, sin lugar a dudas, lo más llamativo de la imagen; su mirada aunque frontal y distante es, por otra parte, serena, la nariz es afilada y la boca parece esbozar una suave sonrisa. El conjunto es coronado por unas cejas bien delineadas que están insertadas en una frente ancha y despejada. Otro elemento de gran delicadeza son sus manos; unas manos de elegantes y móviles dedos que se contraponen en cierta medida, con el estatismo general de la talla. Sostienen grácilmente las cuentas del rosario, que da nombre a la advocación. He dejado para el final la figura del Niño, por entender que
responde a otra tipología estilísticamente hablando. El Niño,
al contrario que su Madre, sí es representado en movimiento, su
cuerpecito se mueve graciosamente simulando los gestos que hacen los pequeños,
cuando tienen la edad que éste representa. Su rostro es dulce, destaca
el tratamiento del cabello en pequeños y perfectos rizos ondulados
en tonalidad de castaño claro. En conjunto se podría decir
que responde a un tratamiento más realista que el de la Madre.
FICHA TÉCNICA. Objeto: Escultura de bulto redondo policromada.
BIBLIOGRAFÍA: CALERO RUIZ. C. Escultura barroca en Canarias (1600-1750). Excmo. Cabildo
Insular de Tenerife. A.C.T. Santa Cruz de Tenerife. 1987.
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Octubre. 1996 |
EL VINO DEL VALLE DE GÜIMAR "...habeis de hacer un lagar de madera de tea a vuestra costa, que quepa en el bota y media de vino mosto..." Sancho Urtarte, Güímar 1576
A finales del siglo XV los conquistadores traen las primeras cepas a las Islas Canarias momento en el que comienza el corto, pero brillante pasado del sector vitivinícola en Canarias. En Tenerife las plantaciones se asentaron inicialmente en el Norte de la isla, extendiéndose muy pronto hacia el Sur, ocupando principalmente zonas de medianías. La importancia que desde los gobernantes se le intenta dar al cultivo queda explícita en la siguiente cita de los protocolos de Sancho Urtarte "habeis de hacer un lagar de madera de tea a vuestra costa, que quepa en el bota y media de vino mosto". En el año 1802 Alejandro Cioranescu cita que una fanegada de viña da una pipa de vino en Candelaria y dos en Arafo, Güímar y La Orotava. En la segunda mitad del siglo XIX llega la decadencia del sector debido a varias razones, sobre todo el aumento de los actos de piratería inglesa y el ataque de enfermedades poco virulentas hasta ese momento, como el mildiu y el oidio. A pesar de su sobresaliente historia, hoy el vino canario es casi desconocido fuera de las islas y en ellas cubre escasamente la tercera parte del consumo total. Hasta hace una década, la importancia socioeconómica del subsector se limitaba al ámbito rural y puede afirmarse que cada casa tenía su propia bodega tradicional, siendo en ocasiones un complemento para la economía familiar. Casi toda la superficie se utilizaba para uva de vinificación, aunque no es despreciable la producción destinada para uva de mesa en la costa. Aún hoy en día, la dimensión media de las explotaciones no llega a una fanegada (aproximadamente media hectárea), realizándose el cultivo en régimen familiar y de fin de semana. En la mayoría de los casos el cultivo se asocia con el de árboles frutales, papas y otras hortalizas. Estas peculiaridades sumadas a la accidentada orografía del terreno hacen que los rendimientos medios obtenidos sean bajos (cuatro mil kilos por hectárea). Actualmente muchas explotaciones se han modernizado implantando sistemas de conducción de la viña en espaldera con lo cual se aumentan los rendimientos de producción y se disminuyen los costes de cultivo. Sin embargo, en la mayoría de las explotaciones, las plantas se conducen sobre parrales de renovación anual a base de horquetas y varas cuya instalación en los meses de Junio y Julio constituye una de las tareas más laboriosas de este cultivo. En algunos viñedos de la primera mitad del siglo, que experimentaron mayor capitalización y que ocupan sobre todo las zonas bajas, es frecuente el entutorado en parrales de tabiques de piedra de tosca, alambre y varas de madera. La alineación de los mismos en forma perimetral en cada cantero confiere carácter a los paisajes de viñedos del Valle. Los suelos de origen volcánico, el predominio de los vientos alisios, unidos a la elevada luminosidad y clima primaveral del lugar, hacen posible el cultivo de una uva de alta calidad que aporta a nuestros caldos la marcada personalidad, suavidad y redondez que los caracteriza. A pesar de que se elaboran en la Comarca vinos blancos, rosados y tintos es la primera, la categoría cuantitativa y cualitativamente más importante. Estos son de color amarillo pálido, cristalino, con aroma afrutado, amplio y muy persistente en boca. La vid se extiende en la Comarca desde las zonas próximas a la costa hasta cotas cercanas a los 1400 m, constituyendo una de las zonas de viñedos más altas de España. La variedad de vid predominante es la Listán Blanco que constituye el 72% del total. Otras variedades blancas que merecen ser citadas son la Forastera, la Peluda, la Moscatel y la Malvasía. En cuanto a las uvas negras predominan la Listán Negra y la Negramoll. Esta riqueza varietal es el principal argumento del actual resurgimiento del sector, ya que le dan al vino un carácter y peculiaridades distintas a las de cualquier otro. Los trabajos más importantes a lo largo del año, la cava, la raspa, el alzado y la vendimia se suelen realizar en grupos familiares y de amigos. La poda de la planta, que se fecha de acuerdo a la Luna, concretamente en las fases crecientes de los primeros meses del año, más precoz en las cotas bajas y algo más tardía en los viñedos altos, es un trabajo especializado que realizan normalmente las personas de más experiencia. Las bodegas tradicionales del Valle de Güímar suelen estar emplazadas en cuevas excavadas en la tosca, que encierran barricas de castaño de trescientos a cuatrocientos litros de capacidad en las que fermentan y almacenan los caldos. Constituyen una excepción las que se emplazan sobre los suelos de la colada del volcán de 1705 en los que se ha optado por construir bodegas "de archete". Son de destacar asimismo las bodegas de las laderas de Chivisaya, en el término municipal de Candelaria, auténticas factorías vitivinícolas; y algunas grandes bodegas de las familias más adineradas en los cascos de los respectivas poblaciones, instaladas en los sótanos o en las inmediaciones de sus viviendas. El vino blanco dominante en la zona se ha elaborado siguiendo métodos artesanales. Desde hace algún tiempo se ha sustituido la prensa de viga y husillo por un peculiar prensado con gato hidráulico que sin embargo ha conferido en algunos casos características indeseables a los caldos. Recientemente se han instalado en las principales bodegas, máquinas estrujadoras y despalilladoras más eficaces, que realizan correctamente el prensado de la fruta. Es de destacar que el cultivo, hasta hace muy poco tiempo se realizaba de forma casi completamente ecológica, siendo los espolvoreos de azufre el único tratamiento fitosanitario que se practicaba. Es frecuente que cada familia elabore el vino para el "gasto de la casa" y venda el resto en garrafones de dieciséis litros. Este mercado a granel supone el 80% del vino comercializado en la zona. Sin embargo, en la última década se han creado un gran número de bodegas dotadas de moderna tecnología que producen vinos de alta calidad y embotellan sus productos. Esta forma de trabajar está dando sus frutos rápidamente y los vinos ahora embotellados obtienen premios en los principales concursos regionales. Al igual que en otras zonas de Canarias, durante la fiesta de San Andrés, a finales del mes de Noviembre, se efectúa en el Valle, la apertura de las bodegas y la cata de los primeros vinos, en fiestas en las que muchas veces se organizan inocentes simulacros de procesiones con la imagen del Santo. La organización de las mismas, los menús más representativos y su evolución en los últimos años tienen no poco interés etnográfico. El impulso experimentado por el sector ha llevado a que la Consejería
de Agricultura del Gobierno de Canarias haya creado en 1995 el Consejo
Regulador de la Denominación de Origen de los vinos Valle de Güímar.
Esta entidad encargada del control de calidad y promoción de los
vinos embotellados en nuestro Valle, certifica además el origen
y calidad de los mismos. Con estos últimos adelantos se han sentado
las bases para el desarrollo del sector, intentando darle la importancia
y el prestigio que tenían hace no mucho tiempo.
Domingo Donato Delgado García
FICHA TECNICA: Ubicación: Los municipios que constituyen el Valle de Güímar:
Candelaria, Arafo y Güímar.
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NAZARENO La imagen del Nazareno se venera en la Iglesia del ex convento de Santo Domingo In Soriano, denominada después de la desamortización de 1835 ermita de Ntra. Sra. del Rosario y elevada a parroquia por don Domingo Pérez Cáceres el 28 de Febrero de 1961, con el título de Santo Domingo de Guzmán. La imagen, que representa la iconografía de Cristo con la cruz a cuestas, ocupa la hornacina de la calle central del retablo situado en la capilla del lado del Evangelio. Presenta una talla de buena factura y técnica vigorosa, que le confiere expresividad y dramatismo. Se trata de una escultura de candelero, es decir, únicamente aparecen policromadas las partes visibles: cabeza, pies y manos. Estas características permiten encuadrarla dentro del estilo barroco. Aunque no conocemos el nombre del autor, es muy probable que proceda de un taller canario. El Nazareno, junto al Señor Difunto o el Señor de las Tribulaciones, ha sido uno de los primeros elementos procesionales de la Semana Santa güimarera. Alrededor suyo se fue completando la representación iconográfica de la Pasión. Su procesión sale a la calle en la tarde del Miércoles Santo y culmina con uno de los más dramáticos momentos de la Semana, el Encuentro, en el que participan las imágenes de la Magdalena, San Juan Evangelista y la Dolorosa procedentes de la parroquia de San Pedro Apóstol. El Encuentro se celebró incluso durante los largos años en los que la iglesia del antiguo convento permaneció cerrada al culto. Muchos güimareros recuerdan la salida del Nazareno cuando el convento aún conservaba sus losas de piedra chasnera. Se recuerda especialmente la antigua costumbre de alfombrar el suelo de la iglesia por donde había de pasar el trono procesional con ramas de romero. También ha quedado en el recuerdo la costumbre de hacer que las imágenes, que sucesivamente salen al encuentro del Nazareno, le reverencien. Para ello, los cargadores de la parte de delante de los tronos debían ejecutar una difícil genuflexión. El escenario tradicional del Encuentro es la zona baja de la Plaza de San Pedro, aunque a principios de los años 60 se prefirió el interior de la propia plaza y en los 70, el atrio de la iglesia. La imagen del Nazareno de Santo Domingo estuvo estrechamente vinculada con la importante familia García Hernández-Bueno, puesto que uno de sus últimos mayordomos fue don Juan García Hernández-Bueno, vecino del convento y propietario de un comercio de tejidos, peletería y mercería, la conocida "tienda de don Juan Bueno". Don Juan fue un celoso guardián de la imagen, a la que atendió amorosamente hasta su fallecimiento a los 85 años de edad. Después de su muerte se siguió custodiando en su antigua casa lo más valioso del ajuar del Nazareno. Era costumbre incluso que allí quedase depositada una de las piernas de la imagen, ya que al estar el nicho provisto de vidrieras, cuando éstas se cerraban la imagen no cabía. Por desgracia, con el tiempo, ello fue la causa de la pérdida de parte de aquel rico patrimonio. Al morir don Juan sin descendencia, fueron sus herederos los hijos de su hermano, don Belisario García Hernández. Éstos habían nacido en Cuba, fruto del matrimonio de don Belisario con doña Margarita Calaforra Hernández, natural de Camagüey. Todos ellos otorgaron poder a don Luis Madrigal García para que se trasladara a Tenerife y dispusiera de la herencia de su tíos don Juan y don Cenobio, y de su padre, don Belisario. Cuando don Luis descubrió que entre los bienes depositados en sus propiedades, se encontraban algunos pertenecientes a la Iglesia, no dudó en venderlos a un anticuario a pesar de las protestas de los feligreses de Santo Domingo. Afortunadamente, en aquellos momentos ya no se guardaba en la casa la pierna de la imagen, pero se perdieron algunas vestiduras, una cartela de la cruz, fanales antiguos y las valiosas tallas de los ángeles portantes de los cordones de la túnica de la imagen. Desde el fallecimiento de don Juan Bueno ocupa la mayordomía del Nazareno don Donato González Rosa a quien le ha correspondido la difícil tarea de reponer el patrimonio perdido. Para ello ha contado con la colaboración de la Cofradía de Penitentes del Nazareno, constituida tras la creación de la parroquia de Santo Domingo. Visten túnica y capucha de color crudo y manto morado. Puede ser considerada una cofradía de luz, ya que durante la procesión portan faroles. Además la cofradía posee un rico estandarte de terciopelo morado bordado en oro, una cruz de dos brazos y dos faroles de plata repujada. La imagen posee en la actualidad algunos bienes de interés: trono procesional ricamente tallado con arquillos decorativos; túnica de terciopelo morado bordada en oro; potencias de plata; cartelas de la cruz de plata; ángeles portantes procedentes de taller peninsular. Es de destacar entre todos los bienes un antiguo sol de plata repujada y cincelada. Este coronaba a la imagen, al modo habitual en los cristos canarios, antes de que fuera sustituido por las actuales potencias de influencia sevillana. En las últimas décadas ha sido evidente el proceso de ennegrecimiento de la policromía de la imagen. Por ello se decidió acometer una restauración y limpieza. Esta fue sufragada por la Comisión de Semana Santa de Güímar, integrada por representantes de todas las cofradías y mayordomías. El proceso de restauración ha sido verdaderamente ejemplar. La obra se encargó a doña Ebe Rosa Palarea, la cual informó puntualmente a una comisión de seguimiento de la restauración, integrada por miembros de la Cofradía, mayordomo y miembros de Patrimonio de Güímar. Antes de la intervención se convocó a la doctora doña Margarita Rodríguez perteneciente al Departamento de Historia del Arte de la Universidad de La Laguna y responsable del Patrimonio Mueble de la Comisión Diocesana de Patrimonio. En su visita marcó algunas pautas a seguir, como por ejemplo la necesidad del seguimiento de la restauración por parte de los cofrades, a fin de que el resultado de ésta no llegara a ser traumático. Los análisis efectuados sobre las distintas partes de la imagen demostraron que ésta había sufrido varias intervenciones a lo largo del tiempo, como la sustitución de la peluca de pelo natural por otra fija elaborada a base de fibras encolados. También se identificaron diferentes estratos de película pictórica. Antes de proceder a la limpieza se realizaron catas con distintos tipos de disolventes. Por otra parte se efectuó un estudio con base fotográfica y con película infrarroja para detectar partes repintadas, como las gotas de sangre del rostro. La restauración tuvo como finalidad: eliminar el estrato de aceite de nuez y otros materiales, consolidar la capa pictórica, estucar lagunas, reemplazar un dedo de la mano derecha que no correspondía a la talla original, desinfectar la madera de cuerpo, brazos y piernas así como consolidar un mechón de cabellos y otras zonas que presentaban fragilidad. Asimismo se sustituyó la peana con la finalidad de evitar el contagio de xilófagos. Esta se decoró con imitación a mármol rematada con pan de oro. El acto de presentación de la imagen restaurada tuvo lugar el Miércoles, 19 de Febrero de 1997, en el templo donde recibe veneración. Después de la Misa en honor al Nazareno, la restauradora tuvo la oportunidad de explicar el proceso de su trabajo a la Cofradía de Penitentes del Nazareno y a un numeroso público, interesado en el estado de conservación de uno de los bienes artísticos y de devoción más significativos de Güímar. Javier Eloy Campos Torres
FICHA TÉCNICA. Objeto: Escultura de bulto redondo policromada.
BIBLIOGRAFÍA: CALERO RUIZ. C. Escultura barroca en Canarias (1600-1750). Excmo. Cabildo
Insular de Tenerife. A.C.T. Santa Cruz de Tenerife. 1987.
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BARRIO DE FATIMA En la Nochebuena de 1704, el Valle de Güímar se vio sometido a violentos terremotos. Como consecuencia de ello, el 31 de Diciembre se produjo una erupción volcánica en el Llano de los Infantes. Posteriormente el 6 de Enero aparecieron nuevas bocas de volcán en los altos del pueblo de Fasnia. Finalmente el 2 de Febrero de 1705, un rio de lava descendió por las tierras fértiles de El Mocanal, Chogo, Melozar y Topo Negro, amenazando al pueblo de Güímar. Las anteriores tierras cultivables se vieron de pronto inservibles para la agricultura. En la primera mitad del siglo XX el nivel económico del municipio se vio incrementado debido a la proliferación de cultivos agrícolas, tales como tomate, plátano y papas, creándose puestos de trabajo tanto en el campo como en los distintos empaquetados. Por otra parte se necesitaba también personal para trabajar en las galerías de agua y en la elaboración de bloques de cantera. Muchos fueron los emigrantes de otras islas, especialmente de Fuerteventura, Lanzarote y La Gomera, que buscando trabajo se establecieron en el pueblo de Güímar. En la zona de El Volcán, hoy barrio de Fátima, comenzaron estos emigrantes y otros vecinos del pueblo a construir pequeñas chabolas o cuevas de archete como habitación, hasta que en 1945 siendo alcalde don Antonio Gómez Ramos, el Ayuntamiento repartió solares de 300 metros cuadrados, con la condición de construír las viviendas según los planos elaborados por el aparejador e insigne güimarero don Felipe Padrón Sanabria. En 1981 el Ayuntamiento y su por entonces alcalde, don Pedro Guerra Cabrera, atendiendo a los problemas que le surgían a los vecinos en cuanto a la propiedad de los terrenos, los cede definitivamente a éstos. Ante el crecimiento experimentado por el barrio, surge la necesidad de levantar una iglesia que atienda las necesidades espirituales de los vecinos. El párroco don Miguel Hernández Jorge adquiere una imagen de la Virgen de Fátima de los talleres Santa Rufina de Madrid, donada por el presbítero don Vicente Jorge Dorta, quien sería párroco de la futura iglesia durante veintidós años. La imagen se conservaba en la sacristía de San Pedro y se llevaba en procesión a El Volcán para celebrar su fiesta y despertar el entusiasmo de los vecinos. El trece de Mayo de 1954 se colocó la primera piedra de la Ermita de Nuestra Señora de Fátima. Para tal ocasión se llevó en procesión desde la iglesia de San Pedro la sagrada imagen. Debajo de esta primera piedra se colocó una botella, dentro de la cual se introdujeron tres estampas: la de Nuestra Señora de Fátima, titular de la futura iglesia, la de San José Artesano, por la barriada de su nombre y por el alcalde de la época don José Mesa Pérez y la de San Miguel Arcángel por el párroco don Miguel Hernández Jorge que tanto empeño puso para que esta obra se hiciese realidad. Las dimensiones de esta primera capilla fueron de 3,5 x 17 metros. La ampliación de esta ermita, que constituiría lo que hoy es la actual iglesia, se finalizó en 1967. Por esa época se organizó una campaña radiofónica en la emisora Radio Popular de Güímar, denominada "Metro Cuadrado", cuya finalidad era recaudar fondos para colocar el piso. Durante dicha transformación la imagen permaneció en el salón que ocupan actualmente las oficinas de CajaCanarias en la Avenida de Venezuela. La corona que luce en la celebración de sus fiestas fue el resultado de un delicado trabajo de fundición de "fuertes" de plata, moneda de cinco bolívares venezolanos, elaborado en el taller-joyería Mario de esta localidad, en Mayo de 1981, y donada por los esposos don Antonio Alonso Gutiérrez y doña Pascuala Alonso García. Los dibujos de pan de oro que luce la Virgen en su manto fueron realizados por el imaginero Ezequiel de León Domínguez. La iglesia obtiene la categoría de parroquia el 1 de Enero de 1964, siendo obispo don Luis Franco Cascón y su primer párroco don Prudencio Redondo Camarero, que lo era además de San Pedro Apóstol. En su interior se conservan, además de la imagen titular, un crucificado, que preside el altar mayor y la imagen del Cristo de las Caídas, reciente paso que se incorpora a la Semana Santa y realizada en 1996 por el escultor güimarero Javier Eloy Campos Torres. En 1990 se adquiere una imagen de San Nicolás de Bari para la Barriada de la Constitución 6 de Diciembre. Actualmente el barrio constituye uno de los núcleos más poblados del municipio, formando un conjunto con las barriadas de San José Artesano, Constitución 6 de Diciembre, Afonso Carrillo y Añaterve. Aquel primitivo barrio, construído sobre piedra de volcán, se ha transformado en una de las zonas urbanas de mejor trazado, con gran actividad comercial y dotada de plazas, instalaciones deportivas y centros de enseñanza de Primaria y Formación Profesional. Juan Manuel Pérez González
FICHA TECNICA Autor del proyecto original: Felipe Padrón Sanabria Población:
6.000 Hab. Aproximadamente (contando con las otras barriadas que pertenecen
a la misma parroquia)
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