![]() Una vez pasamos una quebradita afluente del Suárez, no volvimos a ver agua sino hasta casi el final de la subida, en la casa de Don Benjamín, por lo que les sugiero, si les provoca hacer el viaje, que lleven suficiente. Al menos litro y medio por persona. Y en cuanto al sol no hay nada que hacer. Si salen de día, mañana o tarde, se lo van a encontrar, de modo que lo único que vale es un sombrero y bloqueador. La casa de Don Benjamín (un encantador viejo sembrador de tabaco) es un rancho en donde solo encontrará cerveza, que le sabrá a gloria. Nos tardamos cuatro horas en llegar al sitio, y al igual que en el camino de bajada, uno toma dos fotos y ya tomó todas, pues el camino y el cansancio ni piden ni permiten más. De ahí para adelante la pendiente se torna cada vez más suave y cuarenta minutos más tarde aparece una tienda de verdad, en donde puede volver a abastecerse de agua y sino lo hicieron antes, almorzar tranquilamente. |
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El camino está
bordeado de árboles de flor, cultivos pequeños de tabaco
y claro los caneyes en donde secarlo.
Pasa uno que otro carro, pero resistimos a la tentación pues además de que se trataba de hacer el trayecto a pie, nos hubiéramos perdido un paisaje espectacular, amén de que pudimos jugar al paleontólogo, pues aquí los fósiles marinos están a la vista. ![]() |