Te han dicho que la vida es como un poema,
tan sólo un poema... de métrica libérrima.
La parte más hermosa del poema sólo resulta serlo
gracias a otros versos, de ayer,
que le dan su sentido... y su ser...
Son esos versos que reflejan sin tamiz lo que has vivido,
todo lo que has amado y has sido...
Son esos versos que aún puedes escuchar, sin hablar,
una tarde gris de abril.
Te han dicho que la vida es como un poema...
hoy vives otro verso que puede ser perfecto, por ti...
Cuántas veces he pensado en que debo hablarte sin tardar
Contarte el día que, en el bosque, a la sombra de un retoño de laurel,
decidí por siempre serte fiel...
Me miras, sonríes, no puedo hablar...
Aquella fotografía que me diste un día;
una carta, un silencio, una vieja ilusión;
y tanto tiempo perdido, tanto bien compartido,
tu figura en la sombra de esa antigua canción.
Y no supe si decir que mi amor por ti viene desde ayer...
y hoy vuelve a nacer
Te han dicho que la vida es como un poema,
en cada tierra un pueblo, en cada sol un cielo.
La magia que se encierra en el recuerdo,
a través de los versos, y sobrepasa el tiempo:
nacer, escribir en silencio... morir...
Y cada estrofa es un trozo del vivir... pensando en ti...
Encontré tu carta, amarilla, en un sobre en el desván;
guardaba intensidad de momentos junto al fuego,
de un invierno en la ciudad,
del colegio y la universidad...
Recuerda lo nuestro... no puedo hablar...
El otro día, corriendo, pude verte un momento;
caminabas deprisa en la vieja ciudad.
La tarde casi moría, una dulce agonía
abarcándolo todo, intentaba guardar
las penas y alegrías, las miradas perdidas,
el rumor de la guerra en el silencio de tu faz.
Y no supe si decir que mi amor por ti viene desde ayer...
y hoy vuelve a nacer...
Hoy vuelve a nacer la canción que un poeta joven
está escribiendo a la luz de un candil,
una tarde de abril, aún sabiendo que jamás
su poema se leerá...