Sin querer,
ante el soplo de invierno de un tiempo fugaz
puedes recordar...
La quietud de una casa del campo vestida de sol,
y la noche sin color, y la espera del amor.
De un amor que el tiempo no puede agostar porque
vive de la ilusión, dormida en la canción,
que en otro lugar,
desde la eternidad suena profunda,
y vive en ti...
Tú y yo,
recorriendo las calles de nuestra ciudad,
comenzando a conquistar la luz de la verdad.
La verdad que sabe que, aunque el mundo se hunda, habrá
siempre algún lugar, para poder amar,
viéndote sin final...
Tu sonrisa, mía; mis palabras, vacías;
y tu estrella en la oscuridad...