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Campesinas de 1898 en El Pepino
Bibliografía
1 Práxedes Mateo Sagasta (1825-1903) fue uno de los pocos políticos españoles de quienes los puertorriqueños y antillanos en general guardaron una positiva memoria. Estuvo bendito en las bocas de muchos campesinos y negros de la isla, porque él fue quien, siendo Presidente y Ministro de Gobernación, dio curso a las leyes abolicionistas. Asociado a la Revolución Liberal de 1868, sirvió en el gobierno provisional de Serrano y fue Ministro de Estado y Gobernación con J. Prim y Prat; se hizo jefe del Partido Constitucional frente al Partido Radical de Zorrilla. Presidió el Consejo de Ministros de 1881 a 1883, encarando, durante su periodo, el problema catalanista, la guerra de Melilla y la de Cuba; pero, aún con estos problemas que obligarían a la dimisión de sus cargos, dejó como legado leyes muy importantes en España: el establecimiento del juicio por jurado y el matrimonio civil, entre otras. «Tenía casi los 80 años de edad y, por su inmenso amor a España, no quiso desatenderse de la política en el momento en que su país más lo necesitaba y tendría que enfrentar al poderoso ejército de los EE.UU. y por eso se hizo otra vez el jefe de gobierno y, después presidente; pero jamás se sirvió del gobierno para hacerse rico u obtener prebendas. Salió de la política pobre y se negó a aceptar un título de nobleza», resumió Doña Bisa Rodríguez Rabell.
De hecho, cuando pese a su edad, Sagasta deja el poder en 1901 y un vacío en las filas del Partido Liberal español, la organización quedó prácticamente deshecha. En 1903, Sagasta murió en la pobreza.
2 En agosto 1897, siendo Juan A. Hernández Arvizu el Fiscal en Jerez de la Frontera (Andalucía), ocurrió el asesinato de Antonio Cánovas del Castillo en Guipúzcua, presidente del Gobierno español en turno con P. M. Sagasta. Un anarquista italiano, conocido como Michelle Angiolillo, confesó el asesinato y dijo cometerlo en venganza por las ejecuciones habidas de otros anarquistas catalanes del 4 de mayo.
Cánovas, quien fuera jefe del Partido Conservador e incansable luchador por la restauración de los Borbones, estaba leyendo un periódico, sentado en un banco en el Balneario de Santa Agueda, cuando el asesino mencionado se le acercaría sigilosamente y le disparó una bala en la cabeza.
El General Marcelo Azcárraga tomó temporalmente el control del gobierno. Empero, el asesinato de Cánovas no fue sino la culminación de una sentencia a muerte que ya tenía, desde el 20 de junio de 1893, cuando un grupo de anarquistas atacó su casa. Ese mismo año, el 23 de septiembre, se intentó el asesinato por un grupo anarquista del General Arsenio Martínez Campos, durante un desfile militar en Barcelona. Al cabecilla del intento, Paulino Pallás, una vez fue capturado, se le ejecutado por un pelotón de fusilamiento en el Castillo de Montjuich, en Barcelona, l 5 de octubre y el restante de los terroristas, el 21 de marzo del año siguiente... En 1896, se había comenzado el Proceso de Montjuic por la ola de atentados y, en consecuencia, un año después, se ejecutaron a cinco personas. En su afán de control, por el miedo a conspiraciones, el estado español prohibió el hablar el catalán y el derecho de reunión. La ola de violencia coincidió la inauguración del Ateneo Barcelonés y su discurso inaugural en catalán por A. Guimerá.
También la Emperatriz Elizabeth de Austria, M.F. Sadi Carnot y el Presidente William McKinley, fueron asesinados por anarquistas en 1894 y 1901. El asesino de McKinley fue Leon F. Czolgosz un anarquista confeso, quien dijo: «I didn't believe one man should have so much services and another man should have none». John A. Garraty, 1,001 Things Everyone Should Know about American History (Doubledy, New York, 1989), pág. 88.
3 Alusiones a Hernández Arvizu y su rol como Fiscal en los procesos de La Mano Negra, de Jerez de la Frontera, también en: Andrés Méndez Liciaga y su Boceto Histórico del Pepino.
Juan Antonio Hernández Arvizu nació en San Sebastián, el 3 de marzo de 1825. Fue gobernador de las provincias españolas Tarracena y Toledo. Fue Magistrado de la Audiencia de Granada y, más tarde, presidente de tal Audiencia. Representó a Puerto Rico en las Cortes Españolas como delegado del pueblo de Arecibo y fue consultor legal del trono español.
4 Cf., ver: José Sánchez Rojas, El problema del anarquismo (Madrid, 1908); Lida, C.E. (1969), Agrarian Anarchism in Andalusia: Documents of the Mano Negra; International Review of Social History. Amsterdam. no. 14.; Molnar; M. & Pekmez, J. (1974). Rural Anarchism in Spain and the 1873 Cantonalist Revolution. In Rural Protest: Peasant Movements and Social Change. Edited by H.A. Landsberger. New York: Barnes and Noble; Juan Gómez Casas, Historia del anarco-sindicalismo español (1968); Entrevista con Antonio González Rodríguez, realizada en su hogar en Perchas (San Sebastián), 16 de julio de 1978.
5 El entrevistado Antonio González Rodríguez, n. en 1892, fue hijo de Ana Rodríguez, cocinera del hacendado mallorquín Joaquín Vidal Roselló (n. 1857), con finca en Perchas. Joaquín, con su hermano Pablo (n. 1859) operó, por igual, una tienda en Lares.
González Rodríguez contó los recuerdos transmitidos por su madre sobre la época de los Compontes del General Palacios, los corsetes y bibilones, las mismas prácticas de tortura que los amos españoles realizaban «durante los tiempos de los miñones». Estas partidas de peones, armados para la vigilancia de las haciendas, «fue costumbre de los catalanes de Mirabales» (sic), según la alegación de González.
El recordó, en base a datos ofrecidos por sus padres, que «había rivalidad entre catalanes y caraqueños», a pesar de la amistad del inmigrante caraqueño Andrés M. Cabrero Escobedo (n. en Santander, España), influyente ex-Alcalde y hacendado, con Manuel Prat. «Eran como perros y gatos. Por lo único que Cabrero simpatizaba con Prat sería que ambos creían en el progreso, las máquinas y la industria, no como los anarquistas de su tierra».
González Rodríguez asociaba a los insurrectos y anticarlistas en España con los forajidos de 1898 que irrumpieron con rebelión en Pepino. A su juicio, los catalanes o su prole local tendrían sus discrepancias con las autoridades en la isla y en Pepino, pueblo que cada vez parecía quedar en manos de inmigrantes conservadores (a menudo, la clase política designada localmente y que, por lo común, tuvo nexos con la ancestralidad venezolana, por ejemplo, los Arvizu y Cabrero).
En adición, González Rodríguez, Arvelo Latorre y Prat, sugirieron que las diferencias entre el caraqueño Cabrero y los Vélez-Prat surgieron después de una acusación infundada a Pedro S. Ortíz Carire, de origen gallego, emparentado con Paché Vélez, de la Villa del Pepino. Ortiz Carire fue acusado de robo en la casa comercial Cabrero e Hijos. Otro asunto de discrepancia fue que Cabrero Escobedo se opuso a la práctica de los derechos de señores en materia de maridaje que se dieron los capataces y amos de la hacienda Los Vélez con las hembras del peonaje.
Citando un ejemplo: Ortiz Carire se casó con una mujer de la parentela de los Vélez-Prat y fue de los varones que «visitaba a mujeres» (sic.), lo que también se permitían otros, a saber, en las familias de los primeros Vélez de Mirabales, los Alers y los Font. «Ninguno hablaba sinceramente de las cosas de la religión y la moral porque en el pueblo pequeño de entonces todo se sabía. Miraban la paja en el ojo ajeno; iban a la iglesia y comulgaban; había mucha gente ofendida y ellos utilizan la tribuna y la política para acusarse y para no casar a las muchachas mozas con gente del campo, a menos que fueran peninsulares de quienes no se supiera nada o, sobre todo, parientes respetables».
En un testimonio breve ofrecido por Mariana Rivera Alers, poeta del Pepino e hija de Vicente Rivera (n. 1840) y Alejandrina Alers (n. 1848), ella se refirió a las correrías y desmanes, sexuales y morales, que fueron cometidos en los campos de Pepino «durante los tiempos que van del Gobernador De la Pezuela al verdugo de Palacios». Alegaría que, vista la situación, muchas familias terminaron haciéndose «más conservadoras y buscando más a Dios en la religión». Se enviaron de España a gobernadores con instrucciones de aplicar «mano dura y muchos de los que cantaban el aleluya, con júbilo por sus abusos y su impunidad» tuvieron que dejar este pueblo. De este modo, ella explica cómo individuos, entre los que se incluyeron algunos de sus parientes (a saber, Silvio Alers) en Culebrinas y otros capataces y esclavos de la hacienda Los Vélez, en Mirabales, huyeron con sus familias, o se mudaron de pueblo.
Durante el tiempo que visitara mi casa, la octogenaria Rivera Alers daba un trato de parientes a las familias mirabaleñas de Ortiz-Vélez, Alicea-Prat y Beauchamp (don Andrés).
González Rodríguez recordaría para enfatizar el origen anarquista y terrorista de las Partidas Sediciosas, las llegadas al Casino del Pepino del abogado Juan A. Hernández Arvizu, sobrino de un ex-alcalde y hacendado, Carlos Arvizu, de origen venezolano, y cómo éste difería con algunos miembros de las familias Cabrero y Prat-Ayats en cuanto a la justificación del terror y la lucha armada para conseguir ideales de justicia social para el campesinado y libertad política para la isla; se refirió a las visitas Luis Rodríguez Cabrero, admirador del médico Ramón E. Betances, residente en San Juan, Gerardo Forest y Vélez, que vivió en Pepino y Nueva York, la sociedad secreta la Torre del Viejo y la línea dura de los autonomistas.
En conclusión, según González, «fue Hernández, lleno de gloria al volver a Pepino, quien alborotó el cotarro. Salieron anarquistas de todas partes. Nadie se desanimó por oírlo o por saber de estas cosas».
El análisis objetivo sobre las Partidas Sediciosas en Puerto Rico y libro que utiliza fuentes originales acerca de los ataques a los españoles y sus propiedades lo ofrece el historiador Fernando Picó en 1898. La guerra después de la guerra (1987).
6 Frantz Fanon, Los Condenados de la Tierra (Fondo de Cultura Económica, México, 1963), ps. 30-31.
7 Entrevista con Doña Dolores Prat Vda. de Alicea, realizada en Mirabales (San Sebastián), del 10 al 18 de diciembre de 1972. Notas y transcripciones. Doña Lola, como fue conocida, nació en el 5 de mayo de 1869, no utilizó el apellido Nuñez de su padre ni fue bautizada en la Iglesia Católica, porque fue fruto de una violación sexual a su madre, Eulalia Prat Vélez (1830-1890). Tenía 103 años cuando fue entrevistada para este trabajo y su memoria fue clara y poderosamente coherente. Desde 1919, estuvo viuda de su segundo esposo Julio Alicea Güemes (1866-1919).
Dolores Prat y su parentela se cartearon con los suyos en Barcelona. Eulalia Prat, su madre, llegó a conservar una extensa correspondencia que D. Dolores había ya perdido o regaló a unas sobrinas que se lo solicitaron desde España; pero, por tal correspondencia (que «yo leía y releía, amándolas (las cartas) mucho») fue que ella comprendió que «de sangre nos vino el interés por la política y las cosas de España». Su madre fue la última de su cepa que habló, casi jactanciosamente, sobre el prestigio de sus apellidos Prat, Ayats y Vélez, linaje que se remonta a los Prat y los Vélez de Llusanés y Vinarós y que sus parientes habrían de asociar a los ilustres catalanistas de hoy.
Quizás por este apego a la tía-abuela que dejó el Pueblo del Pepino, a mediados de las décadas de 1850 y 1860, y la continuidad de las cartas de ella y otros parientes a su madre Doña Eulalia, la memoria de mi entrevistada se empapó con los hechos históricos tan fundamentales para explicar el origen ideológico de las partidas sediciosas.
Dolores Prat adquiere, como su madre, un toque de anticlericalismo por la influencia de quienes les escriben desde España, al parecer, sus parientes Prat influídos por el republicanismo de Salmerón. Esto explicaría que Dolores Prat dijera que el libro favorito de su madre fue Las ventajas de la República Federal y que «todo lo que ocurrió en Lares y le pasó por la mente a Betances y los revolucionarios de aquí estuvo bien pensado, vino de España; lo que pasó fue que unos jijodeputas como los Nuñez y los curas lo echaron a perder».
De hecho, mi hipótesis es que su familia se interesó y compartió con Eulalia y Dolores Prat su conocimiento sobre la lucha anarquista en Cataluña. La anciana Prat asoció, con interesantes referencias, la lucha anarco-sindicalista en España con lo que ocurría en los barrios de San Sebastián, Hatillo, el Valle del Toa, Yauco y otras partes de la isla de Puerto Rico. Dijo que, a riesgo de írsele la mula y hablar de más, a su madre le habría gustado haber escuchado las mentadas conferencias que Hernández Arvizu diera en el Casino del pueblo. Otros como Pedro Arocena, los Cabrero y Rodríguez Cabrero, amén del visitante Hernández Arvizu, creyeron que en «castigar con duras penas a los campesinos en rebelión en Andalucía y los anarquistas insurrectos en Barcelona», radicaría la solución. A diferencia de ellos, ella no se sintió espantada ni extrañada por lo acaecido en El Pepino en armas y creía que el origen ideológico y motivante para las familias que, localmente, participaron en las Partidas Sediciosas de 1898 fue la influencia del anarquismo. Una ideología que todavía no se entendía aquí, pero que en España tuvo mucha fuerza y que la encendía el despotismo de la clase militar y los caprichos del carlismo.
Entre la clase artesanal de Pepino, en los principios de este siglo, se leía literatura espírita, masónica y anarquista. «Mucho se leía en secreto, en reuniones», alegó Prat. De hecho, Juan Tomás Cabán, artesano y líder intelectual de las Partidas, fue masón, pero «el masonismo de ellos tuvo más de carnaval y espiritería que de ideas para organizar a la gente decente y solucionar problemas»
Ella rememoraría, con convicción y conocimiento, sus anécdotas sobre anarquistas que pasaron o se establecieron en Pepino y que lo hiciera presupuso que ella tendría una noción sobre los postulados de esta ideología, aunque el conocimiento que manejara sobre el tema no fuese suficientemente coherente y profundo. Entre los presuntos simpatizantes anarquistas sobre los que hizo alusión, están Dominga Prat, su tía y su esposo, en España y quienes enviaban a Eulalia Prat material de lectura (artículos de Pí y Margall, etc.), su pariente política Clementina Urrutia; también a una mujer que llamara La Gitana y el hijo de ésta, El Chino, quienes vivieron en Nueva York y vinieron, «huyéndole a la influenza». La actividad de estas mujeres y El Chino la confirman fuentes escritas: cf. Dr. Forteza, In Memoriam: Para Una Gitana, En el Año Que Vota la Mujer, en: La Voz del Pueblo (Aguadilla), del año 1932, reproducido de Fígaro (La Habana, Cuba, Dic. 1924).
El Dr. Forteza hizo una colecta pública para el entierro en Camuy de la señora Lodze y la elogiaría en su escrito como una mujer culta, socialista y feminista, pese a que moría en la miseria, ya muy anciana. Es él quien observa que su nombre real es Katia Luvica Lodze, aunque ella, por su acento y precauciones de su activismo obrerista y anti-español en New York, en favor de la causa de las antillas, accedió a ser llamada Luce, La Gitana o la espiritista; cf., veáse además: Jacob August Riis, periodista de las publicaciones Tribune y Evening Sun, de New York, quien fue autor de estampas periodísticas que describen las viviendas miserables, los arrabales y maltratos sufridos por los inmigrantes pobres en la ciudad más progresista y pujante de aquellos tiempos, Nueva York. Algunas de las crónicas las dedica a los terrores de la influenza, los inmigrantes enfermos y los perseguidos. Las recogió en un libro titulado How the Other Half Lives (1890). Una de sus estampas periodísticas está dedicada a la familia Kirguis y Lodze de Kajastán, precisamente, ascendentes sanguíneos de La Gitana e hijo.
Ella siguió a Clementina Urrutia hasta Pepino y, según el testimonio de Prat, González Cubero y el Dr. Forteza, ella fue quien trajo a la palestra pública del Pepino el tema de la jornada de ocho horas y la participación de la mujer en la vida política. Doña Luce se atrevió, ya fuera de sus círculos newyorkinos, a criticar a José Martí, a quien admiraba, por no ver qué suciamente la prensa antiobrera y racista de los EE.UU. trataba de frenar el desarrollo del proletariado.
Por otro lado, Dolores Prat tomó falsamente una idea de Urrutia, que los primeros obreros organizados en Cataluña, en 1840, profesaban ideas anarquistas y confundió además los incidents ludistes de Sabadell e Igualada en 1836 y 1848, al decretarse la libertad de industria, con rebeliones anarquistas. Doña Luce y Urrutia tenían sus diferencias, al parecer.
Sin embargo, está documentado que cuando F. Espoz y Mina fue nombrado Capitán general de Catalunya se incrementó la quema de conventos y la matanza de presos carlistas. Espoz ordenó la deportación de dirigents progresistes a les Canaries i l' afussellament de la mere de Cabrera (Prat). Más bien, en Barcelona, como en otras ciudades catalanas, la lucha sería entre moderados y republicanos. Urrutia estuvo más al tanto de las corrientes del pensamiento anarquista español; Doña Luce, como José Martí, manejó la idea de que «the forces of anarchism advanced in Chicago», «macabre orators of anarchism», como a otras partes de América, siendo una importación eslava. Cf. José Martí, Class War in Chicago: A Terrible Drama (1887), en: José Martí: Selected Writings (Penguin Books, New York, 2000), ps. 195-219.
Clementina Urrutia vivió en Cuba y España y se alojó un tiempo con Lola Prat, con quien se dedicó a la costura. En sus últimos años vivió en la Loma de Stalingrado. Cf. véase: David E. Cuesta Camacho, Los Urrutia de Cabo Rojo, en: Boletín de la Sociedad Puertorriqueña de Genealogía (1994, Núm. 1/2), pp. 56-75 y Haydée Reichard de Cancio, La presencia germánica en Puerto Rico (BSPG, 1995, Núm, 3/4, pp. 51-60.
Cuando esta señora Urrutia aún no había llegado a Puerto Rico, un evento había sacudido la opinión pública estadounidense, de Chicago a San Francisco, de norte a sur, y fue el bombazo en Haymarket Square en Chicago, acaecido en mayo de 1886, y el disturbio ocasionado cuando un contingente de ciento ochenta policías intentó dispersar una multitud reunida (cerca de 1,500 personas). Doña Luce, como ella, asimilaron este incidente como un hito ideológico para sus conciencias, al punto que se identificaron con los anarquistas de Chicago, a quienes describieron como mártires inocentes. La elaborada versión interpretativa de José Martí sobre el fatídico 4 de mayo de 1886 se publicó en español en La Nación (Argentina) en enero de 1888, por lo que pudiera haber sido leída, por ambas mujeres. «Había en Pepino quien hablara de eso, de la Huelga de Chicago, y eso fue cuando Barbosa se hizo fuerte en la isla y su partido comenzó a ganar votos», diría Rodríguez Rabell; pero, extrapolada su afirmación con otra de González Cubero, se aseveraría que «fue la gente que quemaba a los españoles, la gente de Camuy y que andaba con don Lino» (el maestro Lino Guzmán) la que trajo el tema a Pueblo Nuevo.
El acto dinamitero conmovió el Establecimiento estadounidense porque, entre las once personas muertas y el centenar de heridos, había siete policías. La llamada Huelga de Chicago tiene una importancia histórica porque fue parte de una de las primeras campañas por la jornada laboral de 8 horas. La manifestación huelgaria degeneró en motín cuando llegó la policía a sofocarla y un huelguista fue muerto a balazos por la policía. «Seven policemen were killed, some apparently as a result of bullets fired into the crowd by their fellows. Eight anarchists were convicted of the crime on very flimsy evidence and four of them were hanged».
La evidencia que vinculara a los organizadores de la huelga y con el lanzamiento de un artefacto dinamitero fue escasa y dudosa. El 11 de noviembre de 1887 se ejecutó a cuatro de ellos. «Although the strikers were uninvolved in the bombing, the incident caused a reaction against them and against organized labor in general. The eight-hour movement suffered a serious setback». (Garraty, loc. cit, p. 185)
Sobre las interpretaciones hechas en Pepino sobre este incidente, algunas son reveladoras de la conciencia que se tenía en el pueblo entre los participantes o incitadores de las Partidas Sediciosas. El Lcdo. Víctor Primo Martínez González, quien fue mencionado para castigo en una décima de 1898, por su marcada identificación con España, hablaría en favor de la jornada de ocho horas de trabajo y, después de unos años de apuros en las filas del anexionismo, se uniría a las reuniones del independentismo, junto a Matienzo Cintrón y López Landrón. Notas, 13-10-1978) recordaría que una vez Martínez utilizó la tribuna del Casino del Pepino para interpretar la huelga de los obreros de Chicago (The McCormick Harvester Machine Co.) en el contexto de la lucha obrera, ya ajena al anarquismo (o que «no echaba la culpa», como se hizo entonces) al hablarse de conspiraciones para matar policías. Su exposición provocó un escándalo en el pueblo y (la gente élite conservadora) se preguntaba si él se había vuelto loco de repente, o si se había vuelto comunista como Pablito Rodríguez.
Este discurso de Martínez González fue confirmado por las anécdotas de Doña Bisa (Rodríguez Rabell) porque fue una aportación nueva al pensamiento político que en San Sebastián aún trataba de explicar las superestructuras y desafíos de la colonia bajo el dominio estadounidense con ideologías heredadas del régimen español desaparecido. Una biografía de Victor Martínez incluída en The Representative Men of Puerto Rico (1910), preparada por F. E. Jackson, dice: «Mr. Martínez soon found that he was not in sympathy with the policy dictated by the leaders, and resigned to enter the Unionist Party, where he has since remained a recognized power» (p. 295). La deuda de Martínez fue precisamente con Doña Luce y Cabán Rosa, líder intelectual de las partidas. Según Prat, cuando se apresó a Cabán Rosa y Lino Guzmán, «Doña Luce, sin conocer a (Víctor Primo) Martínez, fue a pedirle que defendiera a los dos, porque son gente buena y él le dijo: ¿y quién es usted que cree que voy a defender agitadores e incendiarios? Ella le dijo: Quien yo soy no importa... El asunto es que el pueblo está destruído por el huracán, la gente tiene hambre otra vez y, ahora mucho más, porque la gente no tiene casa».
Desconozco si Martínez movió un dedo en defensa por ellos; pero, con el curso de los años, él vio cómo se fue poblando el viejo sector de lo que se llamaba El Tendal, los cimientos de Pueblo Nuevo, una barriada que comenzó como una promesa de Juan T. Cabán Rosa y Avelino Méndez Martínez a los campesinos que se armaron en 1898. «Y todo lo que le dijo la viejita se fue cumpliendo hasta que él dijo: 'pues la señora no estaba tan loca' como pensó» (Prat).
Martínez González arrastró consigo al Unionismo y, más tarde, al Partido Liberal a muchos anexionistas y socialistas (de Iglesias Pantín) y, entre esa gente del pueblo, estaba Manuel Pavía Fernández (cuyo padre fue amenazado por una partida sediciosa en 1898), Severo Arana, Pedro Avilés Márquez, Buenaventura Esteves, Severiano Cabrero Román y Jacinto Oronoz Rodón. El resultado fue que algunos de éstos se hicieron las voces de relevo para la agenda que, aunque desarticuladamente, habían promovido los anarquistas pepinianos, es decir, los tiznaos y comevacas. Ahora se necesitaría un nuevo lenguaje, sin violencia y sin pistolerismo, para reimpulsarla. Tierras y vivienda para los pobres volvió a ser una prioridad.
Para entender la influencia que el confeso anarquismo de Clementina Urrutia y Doña Luce tuvieron en Pepino, han sido útiles varios testimonios recogidos del negro González Cubero, cuya familia es una de las pioneras de Pueblo Nuevo. Entrevista con Manuel González Cubero, octogenario a la fecha de la entrevista, realizada en su hogar de Pueblo Nuevo, del 19 al 23 de octubre de 1977. Notas. Según él, después que las tropas americanas se fueron de El Tendal, «mucha gente empezó a ir... y algunos techaron como pudieron una casita y se quedaron ahí; decían que era una promesa que a ellos les habían hecho»; se realizaban mítines, a los que se invitaba a la espiritista de Camuy, doña Luce, y a Clementina, la española, que también recitaba versos y ponía a llorar a la gente. Mucha gente rica del Sector-Pueblo, de los blanquitos, al decir de González Cubero, «bajaba la Loma y se venían a oírlas». Por ejemplo, Echeandía Medina, Aurelio Méndez, Severiano Cabrero, Pablo E. Rodríguez, Primo Martínez y el Dr. Cancio.
Con el tiempo, oyéndolas en los mítines, Martínez González aprendió del ejemplo de elocuencia y compromiso que ellas dieron. La gente sin casa había construído su barriada; el lenguaje político tenía más vigor y sustancia que el lenguaje de las tribunas en la Plaza Pública donde los barbosistas y unionistas parecían políticos timoratos, incapaces de reinvindicar a los sediciosos y anti-peninsulares del 1898. En Pueblo Nuevo, se celebraron los triunfos de la Revolución Bolchevique y, quizás ingenuamente, por querer dar continuidad a ese homenaje, o por darlo a Doña Luce y los versos a la clase obrera que recitara, entre antorchas y aplausos, la gente de Pueblo Nuevo designó una loma en su honor, la Loma de Stalingrado. Fue, si acaso, un homenaje póstumo al espíritu de los alzados de 1898.
8 Durante el curso de mis investigaciones, se me hizo extraño el uso del vocablo italiano camorra y camorristas para dar referencia sobre las incidencias anarquistas en Pepino y otros pueblos. La definición popular del término camorra es riña o pendencia. Durante tiempos de reacción liberal, anti-borbónica, una rebelión popular en Sicilia y la carismática figura de Garibaldi y sus expedicionarios voluntarios piamonteses hicieron popular el término camorra en la prensa española; pero, pese al triunfo liberal que finaliza el dominio borbón sobre el reino de las Dos Sicilias el término no había adquirido las inferencias y contextualizaciones con que mis entrevistados lo envistieron, ya asociado a una sociedad secreta, ilícita y gansteril.
La historia da cuenta que el intervencionismo militar español en Sicilia y Nápoles comienza con los hijos y parientes del Carlos III de España; Fernando I (Fernando IV); Fernando II, hijo de Francisco I, quien fue llamado el rey Bomba y subió el trono de Italia en 1830. Durante una insurrección (1848-49), él bombardeó varias ciudades de Sicilia (de allí el apodo). Su reinado se caracterizó por una serie de conspiraciones y revueltas.
Son los críticos más acerbos de la agitación del orden social, el pistolerismo y, en particular, de las Partidas Sediciosas, quienes asociaron el gansterismo, o el estilo mafia italiano, al anarquismo, invocándose para hacerlo ciertos elementos: la peculiar secretividad de la Camorra napolitana de 1820 y el poder que adquirió ya para 1848, los rituales masónicos, el disfraz (pintarse las caras) y la ambición política siquitrillada tras bambalinas. «From 1848 it began to intervine in politics and continued to be a very real menace until 1911, when severe judicial action led to its extinction» (p. 186). En este sentido, es que Echandía Font aludiría a los comevacas y tiznaos, al designarlos como camorristas, vividores, que buscaban poder. Para él, del ex-funcionario municipal Juan Tomás Cabán, Avelino Méndez Martínez y otros en Pepino, hasta líderes grandes como Muñoz Rivera y José de Diego, cuando fue fiscal, dieron protección a los campesinos armados; empero, la burguesía local les consideraba, pese a su prestigio, una partida de extorsionistas»; «bajo el imperio de Don Luis I, de Barranquitas». Cf. véase el editorial Respirando por la herida en: El Regional (San Sebastián, Puerto Rico), 4 de noviembre de 1914.
Sin embargo, el camorrismo, al estilo gansteril de Nápoles y Nueva York, tendría muy poco que ver con agendas obreristas y anarquistas, ya que la sociedad secreta Camorra comenzó entre prisioneros en galeras, degenerándose tal en un movimiento egoísta e inmoral. «The exacted tribute from traders and brothel-keepers alike». (loc. cit)
Quienes alegaban que los campesinos en armas que, en Pepino, se tiznaban las caras como los camorristas para no ser reconocidos (Andrés Jaunarena, Font Echeandía, etc.), es probable que hayan confundido y asociado la sociedad secreta, llamada Camorra con la que también en Nápoles surgió con el objetivo de derrocar los gobiernos despóticos y extranjeros y que fue llamado los Carbonarios. «(Carbonari) ... the name means charcoal burners and was assumed by a political secret society in Naple formed about 1808... They meetings was called a 'hut', the inside 'the place of selling charcoal', the outside 'the forest', their opponents 'wolves', etc. Much of their ritual was drawn-from Free Masonery and kindred societies grew up throughout Italy and also France». Los Carbonarios se fundieron con el movimiento La Joven Italia durante la década de 1830. Entre los miembros destacados de este grupo estaba el poeta inglés Lord Byron y Mazzini. Vea: Brewers's Dictionary of Phrase & Fable (Ivor H. Evans, 14th Edition, Harper & Row, Publishers, New York, 1989), ps. 120, 186 y 195, y nota #4 en bibliografía.
Hay, además, otro contexto internacional, más amplio que el bandolerismo español, para explicar la proliferación del nombre La Mano Negra entre anarquistas alrededor del mundo. La Mano Negra también fue el nombre de una popular sociedad secreta eslava y que fue responsable por contribuir al asesinato del Archiduque Francisco Fernando, heredero del trono de Austria-Hungría, en Sarajevo, el 28 de junio ef 1914. Este fue el evento que precipitó la primera Guerra Mundial.
La pregunta es: ¿hay algún motivo por el cual La Mano Negra andaluza y la influencia del pistolerismo español del Siglo XIX pueda asociarse al activismo posterior de La Mano Negra italiana o eslava? En el entrejuego de las rivalidades imperialistas e intereses económicos y territoriales que enmarcan la Primera Guerra Mundial (1914-1918), ya España es una fuerza nula, debilitada por sus pérdidas en 1898. Los principales protagonistas en el nuevo siglo serán Francia, Alemania, Gran Bretaña, Rusia y los EE.UU..
Lo que confirma el relato ideológico de los pepinianos (que tuvieron conocimiento o memoria de La Mano Negra andaluza y los brotes de anarquismo campesino en Pepino) es que el movimiento se alimentó del sentimiento liberal español que impugnó el catolicismo y el conservadorismo monárquico. La casa real Hapsburgo que gobernó al Sacro Imperio Romano y dio a España muchos reyes (de 1516 al 1700) fue perdiendo la mayoría de sus posesiones familiares para 1918; cuando éstos (casa de los Hapsburgo o Austrias) desaparecieron como reyes de España, a partir del 1700, el país será regido por la rama real de los Borbones. Son particularmente éstos quienes dejaron más raíces de amargura en la historia puertorriqueña y en la historia moderna de España.
De forma directa o indirecta, cada vez que, a la muerte del rey Fernando VII, cualquier infante borbón aspiraba a la Corona española se desencandenaba una guerra civil. Por ejemplo, la guerra de siete años inspirada por Carlos M. Isidro y por su hijo Carlos Luis (quien inspiró levantamientos en 1845, 1849 y 1860), así como su nieto, Carlos María de los Dolores, alzado en armas en 1869 y, más tarde, en segundo intento, en 1872-76. Este fue abandonado por sus tropas y salió de España.
9 Antonio Cánovas del Castillo (1828-1897), nacido en Málaga, España, ha sido descrito como la figura política más destacada de su país en el siglo XIX, y luchó desde las filas conservadoras, por la restauración de los Borbones. Fue diputado a Cortes en 1852, Ministro del Interior (1864) y de Ultramar (1865). En turno con Sagasta, Cánovas presidió en cinco ocasiones el Gobierno Español; en algunos de estos periódos, sus políticas tuvieron un impacto severo en las Antillas, por ejemplo, del 1895 al 1897, dominado por la represión del anarquismo en Andalucía y Cataluña, situación que inspiró los motivos de su asesinato en Guipúzcua por Angiotillo, anarquista italiano, en 1897. Para entender muchas de sus posiciones ante problemas de España en su época es iluminador la lectura de dos de sus libros: los dos volúmenes de Problemas contemporáneos (publicados en 1884 y 1890) y un libro póstumo, Historia de la decadencia de España (1910).
El historiador Marín explica que Cánovas fue el artífice del caciquismo, «por el cual el gobierno pone en manos de un oligarca local (el cacique) la administración de cada pueblo a cambio de su apoyo al candidato parlamentario oficial. La poderosa influencia económica y política que el cacique ejerce en su distrito (de él dependen los cargos municipales de alcaldes, concejales, jueces, etc.) le permite garantizar el número necesario de votos al gobierno», «Cánovas del Castillo (es) un hombre realista y escéptico, con poca fe en las virtudes políticas de su pueblo, que interpretó la desilusión general con las estériles luchas ideológicas del siglo y la aprovechó en favor de la burguesía suplantando la voluntad nacional con una ficción parlamentaria que, al menos, permitiese el gradual aprendizaje del proceso democrático». D. Marín, La civilización española (Holt, Rinehart & Winston, Inc., 1969), ps.194 y 195.
10 Antonio Martínez Campos (1831-1900), nacido en Segovia y fallecido en Zarauz (España). Combatió a los carlistas en Cataluña y propició la restauración de la Casa Borbón. Designado Capitán General de Cuba, logró que se suscribiera la Paz del Zanjón, convenio que reconocía derechos civiles y políticos en Cuba y ponía término a la primera etapa de la Guerra por la Independencia (1868-78). Reanudada la guerra y nombrado nuevamente Capitán General, Martínez Campos fue derrotado por el ejército revolucionario en 1896 y él depuso el mando. Que los mismos soldados españoles participantes en el conflicto se sintieron insatisfechos con las estrategias militares en Cuba se puede inferir de las memorias de algunos veteranos, por ejemplo, J. Conangla, quien escribe Memorias de mi juventud en Cuba, que es también un documento de crítica al colonialismo peninsular, y el analisis que sobre la mentalidad de los políticos y militares españoles de la época, sus desaciertos y sus responsabilidades, ofrecen J. Cervera Pery, en La guerra naval del '98 y A. Carrasco García, en: En guerra con los Estados Unidos.
La alegación de Dolores Prat concerniente al repudio a Martínez Campos por los anarquistas es consistente con la verdad histórica, pues, en 1893 se realizaron atemptats anarquistes contre el general Martínez. Documentos relacionados con los gobernadores Ramón Blanco Erenas y Martínez Campos se hallan en el Archivo del Palacio Real de Madrid y son, esencialmente, la correspondencia privada cursada con la Reina regente, recortes de prensa, informes sobre la situación y evolución de la guerra, información sobre insurrectos y el estado del armamento. Hay 56 documentos en la Sección Mayordomía Mayor de la Serie de Asuntos Militares que tratan sobre Puerto Rico, Filipinas y Cuba, durante el periodo de 1895-1898.
11 Sobre las críticas periodísticas a la guerra en Cuba y los campos de concentracion, véase: J. A. Plaza, El maldito verano del '98: Los 112 días de la guerra y Al infierno con España (Madrid, 1997); A. Marimón, La crisis de 1898 (Barcelona, 1998); G. Cardona y J. C. Lozada, Weyler (biografía sobre el penúltimo Gobernador español en Cuba); Revista de Historia Militar / Número dedicado al 1898 (Núm. 83, Madrid, 1997), 350 páginas de artículos y antecedentes sobre la guerra con los EE.UU.. Adicionalmente, hay que recordar el papel desempeñado por la cadena de periódicos fundados por W. H. Hearst, líder en el «penny journalism» al final del siglo XIX y principios del 1900. «(W. H. Hearst) 's papers wild reports of Cuba 's struggle for independence from Spain helped bring about the Spanish American War». El espíritu belicista, característico de estos periódicos y, en particular, New York Journal, se postuló vigente con el grito Remember the Maine. El buque de guerra U.S. Maine se hundió en el Puerto de La Habana, el 15 de febrero de 1898, con un saldo de 270 muertos. «(The) incident helped to precipitate the Spanish American War. The cause of the explosion was never satisfactorily explained, and separate American and Spanish inquiries produced diferent results. But the American jingoistic press blamed the Spanish government, and 'Remember the Maine' became the rallying cry of the war». Garraty, ps. 17-18 y 98.
12 Valeriano Weyler y Nicolau (1838-1930), nacido en Palmas de Mallorca y f. en Madrid. Hizo rápida carrera militar en Cuba durante la guerra insurrecional contra España. Como mariscal de brigada en 1873, combatió con éxito durante la Segunda Guerra Carlista, al cabo de la cual ascendió a mariscal de campo. Designado Capitán General de Canarias, Baleares, Filipinas y Cataluña (1888-91) y, en 1896, jefe del ejército español en Cuba, donde combatió con tanta dureza que fue relevado apenas con un año en la posición. Su propia evaluación de su impopular gestión en Cuba la expuso en su libro Mi mando en Cuba (1910). Weyler sirvió también como ministro de Guerra y Marina en 1902 y de Marina (1909).
Según Prat, Clementina Urrutia hablaba tan mal sobre la gestión militar de El Carnicero y sus campos de concentración que su madre Eulalia recontinuó correspondencia con sus parientes en Barcelona al enterarse que, por dos ocasiones, él sería capitán general o gobernador de Cataluña.
13 La información sobre acciones y protocolos militares utilizados en este trabajo y que explicarán la cronología del proceso revolucionario en las Antillas y la represión española, así como las ofertas reformistas españolas, ha sido extraída de las siguientes monografías y libros: Graham A. Cosmas, An Arny for Empire: The United States Army in the Spanish American War (Shippensburg, PA: White Mane Publishing Co., Inc., 1994); Louis A. Pérez, Jr., Cuba between Empires: 1878-1902 (University of Pittsburg Press, 1983); Carlos Serrano, Final de Imperio. España 1895-1898 (Madrid, 1984); Sebastián Balfour, The End of Spanish Empire, 1898-1923 (London, 1997); Joseph Smith, The Spanish-American War. Conflict in the Caribbean and the Pacific, 1895-1902 (London, 1996); Albert A. Nofi, The Spanish American War, 1898 (Conshohocken, PA: Combined Books, Inc., 1996); Carmelo Rosario Natal, Puerto Rico y la crisis de la Guerra Hispano Americana (1989), Angel Rivero Méndez, Crónica de la Guerra Hispano Americana en Puerto Rico, cuya primera edición data de 1922. Nacido en Puerto Rico, el capitán Rivero Méndez fue el primer oficial del Ejército Español que ordenó abrir fuego contra el invasor estadounidense durante la guerra de 1898, lo que se hizo contra el crucero USS Yale, el 10 de mayo de 1898; Lidio Cruz Monclova, Historia de Puerto Rico. Siglo XIX (Editorial UPR, Río Piedras, 1969), quien al referirse al año 1898 dice: «Este es el último año de deshonra colonial y el primero de lo mismo». De Marisabel Bras, Ph. D, el ensayo colocado en la internet: The Changing of the Guard: Puerto Rico in 1898.
Sobre incidencias de la Guerra Hispano Americana en Pepino, específicamente, véase: Antonio González Orona, Dios Aprieta, Pero No Ahoga, en Puerto Rico Ilustrado (San Juan), 5 de marzo de 1949, ps. 14-25; Dr. Angel Franco Soto, Juan recuerda su pasado (San Juan, 1949), donde explica la rendición del Coronel Osés por las cercanías de la cuesta de La Maravilla, ps. 76, 208-209; José Padró Quiles,Luchas Obreras (1950).
14 Antonio Gramsci, Introducción a la Filosofía de la praxis (Ediciones Península, Barcelona, 1972).
15 Entrevista con D. María L. Rodríguez Rabell Vda. de Negrón, realizada en su hogar durante el mes de agosto de 1974.
16 Un testimonio sobre el motivo de la inmigración de familias españolas a Puerto Rico y, en particular, a San Sebastián lo ofrecieron Milagros Maury Jiménez y A. Maury Cruz, al explicar que los catalanes José Maury Ruiz y su esposa Evangelina Maury «llegaron a Puerto Rico para 1850 durante la guerra civil». También, huyendo de las rebeliones, llegó poco antes José Agustín Maury Ruiz. Esta familia de terratenientes de Barcelona creó una gran cepa de criollos. José Maury Maury tuvo 12 hijos que poblaron el barrio Robles. Carta personal de A. Maury Cruz, 23 de octubre del 2000, que recoge el testimonio de Milagros Maury Jiménez.
17 Entrevista con D. Dolores Prat. Notas. Vea nota #7.
18 En su relatos, M. Luisa Rodríguez Rabell confirmaría que a Soto Villanueva le siguió la pista, con órdenes de capturarle vivo, las tropas del Teniente Rogers F. Gardner y del subteniente Valentine, al mado de la Compañía A del Quinto Batallón de Caballería americana, y que las fuerzas de estos hombres -sumadas a las del Coronel Burke y el Mayor Gilbreath «estaban parejas en número» con las tropas que se contaban entre los españoles aquí» (se refería a todas las dispersas en los pueblos del Oeste), razón por la cual decía, repitiendo a su padre, don Manuel Rodríguez Cabrero, que «con las tropas de Alfonso XIII y las disciplinadas no se hacía una que diera la estatura de un valiente» (sic.) Por los papeles militares del Archivo de Guerra, en Washington, el número de tropas destacadas para en la región oeste de la isla, a la fecha del Desastre de Guacio, el Combate de Hormigueros y la Toma de Mayagüez y Aguadilla, sumaban 1,100 soldados.
Documentos relativos a la Guerra Hispano Americana de 1898 con informaciones sobre operaciones militares del ejército español, evacuación de las islas de Cuba y Puerto Rico y la firma del protocolo de paz, se hallan en el Archivo del Museo Naval de Madrid, Sección de Manuscritos y Documentos, y en su Biblioteca se hallan, además, libros impresos entre 1902 y 1908, escritos por norteamericanos.
19 Citas textuales de la Entrevista con el Lcdo. Pedro A. Echeandía Font (1900-1979), realizada en su hogar en San Sebastián, 10 julio de 1975, y Entrevista con Pablo Arvelo Latorre, hijo del hacendado de barrio Pozas, Juan Francisco Arvelo, realizada el 20 de octubre de 1977. Este confirma el origen «venezolano» de esta familia e informa que Higinio Arvelo Vélez participó, con Venancio Hermida, en la introducción de los consell de riepto, una institución catalana, ilícita a la fecha, que propició desafíos a duelo de pistola en los campos de Mirabales.
En su libro Boceto histórico del Pepino, Andrés Méndez Liciaga, el mismo hijo de Avelino, líder de las Partidas Sediciosas y residente de Hoya Mala, condenó a las mismas por sus excesos de sangre y quemas; sin mencionar que su padre estuvo involucrado en ella. Obviamente, despachó este tópico con unos breves y discretísimos párrafos. El sabía que, no todos los componentes de las Partidas, estaban motivados por un bandolerismo criminal, sino que muchos de estos insurrectos se sentían los catalizadores de un nuevo proceso político y, con el tiempo, se educarían para ser parte de la nueva sociedad. Adolfo Babilonia se convertiría en un educador destacado del pueblo de Moca. Miguel A. Babilonia sería Alcalde de 1902 al 1910.
Por informes obtenidos, el líder guerrillero Adolfo Babilonia Quiñones provenía del cercano pueblo de Moca, hijo de Francisco Babilonia Acevedo, ex-Alcalde de Moca en 1841 y los (Flores) Cachaco, o también Casaco, de Añasco. Cf. véase Rubén Sánchez Babilonia, Moca. Notas para su historia (1986) y mensaje del genealogista Ernesto N. Chiesa en Puerto Rico Query Forum, publicado el 23 de julio de 1999.
20 Entrevista con Delfín Bernal Serrano, realizada en su hogar, el 5 de septiembre de 1978. Notas.
21 Entrevista con Miguel A. Montalvo (ex-policía estatal, cuyo padre fue un líder de las partidas), realizada en su hogar, el 8 de junio de 1979. Notas.
Continuación /Partidas Sediciosas
Bibliografía / Parte 2
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