La comida no le sabía bien. Había asado y arroz con verduras. Los brócolis y los espárragos le agregaban un color verde al plato. Las zanahorias picadas en trozitos, las arverjitas, pequeñas pelotitas, raudas siempre a la hora de huir del cubierto. No era el trago de la noche anterior, lo sabía, aquella sensación lo había seguido por años, volviendo repetitivamente. Observaba la coca-cola esfervecer, cogía el vaso, se la tragaba, el gas en su garganta raspando las paredes y sentía la cafeína entrar en su sangre, revitalizarlo. Necesitaba más que eso, es cierto, pero así eran las cosas en este planeta, uno no siempre recibe la dosis que necesita.
¿Qué podía significar el jugo del asado?, le agradaba el color, su textura, si fuera diminuto y paseara por sus quebradas, como en desiertos, el llanero solitario, algo así, por ejemplo, no recordaba bien la serie, ¿él paseaba por desiertos?, ¿por qué chucha le decían solitario?, ¿no tenía un amor escondido?, ¿era un simple imbécil que tenía que luchar por la paz y la justicia?.
El hueco seguía ahí, perforando su pecho como tísico,
angustia, cada día nuevo era más difícil estar vivo.
En su mente podía ser cualquier cosa, un verdulero, feliz con sus
lechugas, sus tomates, sabiendo exactamente el mejor día en que debían
ser cocidos. O un poeta, con su lápiz en mano, observando alguna
chica pasear con un vestido de flores, centímetros más arriba
de la rodilla, pensando si sabrá ella que la está mirando,
que la desea, que quisiera pasar el resto de su vida con ella y ser algo
más que un poeta enamorado escribiéndole versos a una chica
que no conocía y que jamás lo haría. Porque así
son las cosas. El poeta solitario luchando por la paz y la justicia. Paz
que no encuentra y justicia que no existe. Deberían hacer una serie
con eso. El poeta solitario ta ta ta tan. Luchador empedernido. Con su lápiz
y sus versos encontrará el refugio donde el amor se esconde en nuestros
corazones. Cuando ve una pareja discutiendo desenfunda su tinta como un
vaquero y en treinta segundos les muestra un poema que hará que se
amen toda la vida y se den un beso de telenovela.
¿Será un beso de telenovela? ¿realmente lo que significa
ello?. Dos seres extraños fingiendo que se aman para que en una casa
una señora derroche lágrimas. Y después en la noche
harán el amor, ahora sí de a de veras, sólo por hacerlo,
y seguro que se dirán palabras sabiendo que son falsas.
En cada casa les esperará un arroz con choclo, choclos tiernos, arrancados
de su coronta con un cuchillo frío. Con filo, cuchillo que serviría
para cortarse las venas, con agua para que no duela tanto, cuando a nadie
más le importe que el poeta solitario ha muerto. Total, es una serie.
Esos tipos no existen, nena. No hables cojudeces.