I.-
El sol se me hace una naranja luminosa torpemente suspendida sobre el horizonte.
Puede que sea, como dice el poeta, nuestro propio corazón al poniente; puede que sea el preámbulo de una noche que prepara su rostro negro lleno de estrellas o puede que sea (simple y naturalmente) una naranja cayendo bajo la gravedad del final de un día.
En todo caso, esta tarde, el sol se me hace que es un artefacto para iluminar la noche continua.
II.-
Dicen que empezó siguiendo sus pasos, buscando la distancia justa, que le permitiera observarla con detalle sin ser visto. Dicen que no contento con haber alcanzado (siempre dentro de lo humanamente posible) esta posición, se las arregló para dejar sus huellas personales al alcance de sus sentidos. Recuerdan esta etapa once notas inconclusas en pleno artículo neutro, un girasol desorientado en el frondoso jardín de sus abuelos y una botella naufraga cuyo contenido era dos onzas de agua de mar.
Dicen que alguien lo escucho decir: "... tu sonrisa la describe la simple armonía de un péndulo que va de la ironía a la melancolía y viceversa..."
Dicen que ha perdido compostura y originalidad, que ahora recurre a llamadas silenciosas, saludos por la radio, avisos en los diarios y últimamente escritos un tanto oblicuos vía Internet.
III.-
Fue una tarde de domingo, cuando el más fiel de los conejos de Alicia se quedó atorado en su chistera trashumante. Fue un espectáculo deprimente. Todos la vimos allí, en el escenario, tirando de las orejas al desconcertado conejo, como si fuera el corcho de una botella. Los chicos del barrio, tan propensos a la risa, sólo atinamos a bajar la mirada. No nos atrevimos a ver si la emblemática sonrisa de su gato, que presidía la escena, se había transformado, como sospechábamos, en el ridículo gesto de un maniquí.
Ahora, tras tantos años, vuelvo al barrio hecho un tango. Y aunque mis ojos no lo demuestren, guardo aun la secreta esperanza que donde quiera que Alicia se encuentre, lleve consigo, como la última carta de nuestra infancia, la sonrisa de su gato en el espejito de su polvera.
1997