A Usted que es un Hombre de Trabajo

Pocas veces me he sentido tan gratamente impresionado como cuando en forma casual llegó a mis manos la nota literaria que escribió un 22 de febrero de 1899 Elbert Hubbard y que por su importancia ha sido traducida a todos los idiomas, habiéndose impreso más de 40 millones de ejemplares.  Al terminar de leerla comprobé, que el problema que planteó Hubbard hace mas de 100 años no sólo se mantiene en la actualidad, en pleno siglo XXI sino que se ha venido acentuando y está dejando sentir sus efectos en el desarrollo de las empresas y por ende del país.

Nuestro Perú, requiere de muchos hombres que como Rowan estén dispuestos a aceptar y cumplir con responsabilidad sus obligaciones. A usted ciudadano consciente, nuestro país le solicita hacer una gran cadena que permita que este mensaje de tesón y fe llegue a manos de una gran mayoría de peruanos.  

Hágalo, las generaciones venideras se lo agradecerán.

Un peruano, libre y de buenas costumbres

    William Alvarado López

 


Esta pequeñez literaria UN MENSAJE A GARCIA, fue escrita una noche después de la comida en una hora.

Erase el veintidós de febrero de 1899, natalicio de Washington, y ya íbamos a entrar en prensa con el número de marzo de nuestra revista Phillistine.  Brotaba candente de mi corazón, escrita cual fue, después de pesaroso día dedicado a tratar de enseñar a ciertos indolentes moradores de la villa a abjurar de aquel estado comatoso en que se encontraban y a infiltrarles radioactividad.

La idea surgió de una pequeña discusión, cuando tomábamos el té en la cual mi hijo Bert lanzó la especie de haber sido Rowan el verdadero héroe de la guerra de Cuba.  Rowan salió solo y realizó su propósito: llevó el mensaje a García. Cual destello de luz vino a  mi mente la idea…. Es verdad, me dije, el muchacho tiene razón: héroe es aquel que cumple su cometido, que lleva el mensaje a García.  Levántame de la mesa y escribí UN MENSAJE A GARCIA.  Tan poca fue mi estimación a este artículo que se publicó sin encabezamiento en la revista.  Hízose el reparto  y poco después comenzaron a llegar pedidos de una docena, cincuenta, cien ejemplares adicionales del número de marzo de PHILLISTINE y cuando la American News Company pidió mil ejemplares pregunté a uno de mis empleados cual era el artículo que había levantado tanto polvo cósmico.  “Eso de García”, me contestó.

Al día siguiente se recibió un telegrama de George S. Daniels del Ferrocarril Central de New York, que decía “Cotice precio de cien mil ejemplares artículo Rowan en forma de folleto.  Anuncio Tren Expreso del Estado Imperial al respaldo.  Diga cuándo puede hacerse entrega”. Contesté cotizando precio y diciendo que podía entregarlos en dos años.  Nuestras facilidades eran pocas y cien mil ejemplares parecíamos una empresa magna.  El resultado fue que le concedí permiso a Mister Daniels para que reprodujera el artículo como quisiera.  Lo hizo en forma de folletos, en ediciones de medio millón cada una y además, el artículo fue reproducido en más de doscientas revistas y periódicos.  Ha sido traducido a todos los idiomas.

Cuando Mister Daniels se ocupaba de la distribución de “UN MENSAJE A GARCIA”, el Príncipe Hillakoff, Director de los Ferrocarriles de Rusia, se encontraba en éste país.  Era huésped de la Compañía del Ferrocarril Central de New York y viajó por todo el país acompañado por Mister Daniels.  El Príncipe vió el librito, le intereso, más por el hecho que Mister Daniels lo estaba distribuyendo en tan grandes cantidades que, probablemente por cualquier otro motivo.

De todos modos, cuando el Príncipe regresó a su país, hizo que se tradujera al ruso y se entregara un ejemplar a todo empleado del ferrocarril en Rusia.  Tras ésta vinieron otros países, y de Rusia, pasó a Alemania, Francia, España, Turquía, Indostán y China.  Durante la guerra entre Rusia y el Japón a todo soldado ruso se entregó un ejemplar de “UN MENSAJE A GARCIA”.

Encontrando los japoneses esos libritos en poder de los prisioneros, llegaron a la conclusión de que debía ser algo bueno y, por consiguiente, lo tradujeron al japonés.

Y por orden del Mikado se entregó un ejemplar a todo empleado, civil o militar del gobierno japonés.

Más de cuarenta millones de ejemplares de “UN MENSAJE A GARCIA” han sido impresos.  Se dice que ésta es la circulación mayor en toda la historia que haya tenido un trabajo literario durante la vida del autor, gracias a una serie de accidentes afortunados.

Elbert Hubbard

East Aurora, Diciembre 1, de 1913


Un Mensaje a García

Por Elbert Hubbard

En todo el asunto de la guerra de la independencia de Cuba, hay un hombre que sobresale en el horizonte de mi memoria como el planeta Marte en su perihelio.  Cuando se declaró la guerra entre España y los Estados Unidos era muy necesario comunicarse prontamente con el jefe de los insurrectos.  Encontrábase García allá, en la manigua de Cuba, sin que nadie supiera su paradero.  Era imposible toda comunicación con él por telégrafo o por correo.  El Presidente tenía que contar con su cooperación sin pérdida de tiempo.  Que hacer?… “existe un hombre llamado Rowan, que puede encontrar a García, si es que se le puede encontrar”.

Se trajo a Rowan y se le entregó una carta para que a su vez la entregara a García.  De cómo fue que este hombre Rowan, tomo la carta, la selló en una cartera de hule, se la amarró al pecho hizo un viaje de cuatro días y desembarcó de noche en las costas de Cuba en un bote sin cubierta, de cómo fue que se internó en las montañas, y en tres semanas salió al otro lado de la isla, habiendo atravesado a pié un país hostil y entregado la carta a García, son cosas que no tengo deseo especial de narrar en detalle, pero si quiero que conste que Mac Kinley, Presidente de los Estados Unidos, puso una carta en manos de Rowan para que éste la entregara a García.  Rowan tomó la carta y no preguntó: ¿Dónde está García?

¡Loado sea Dios! He aquí un hombre cuya figura debe ser vaciada en imperecedero bronce y puesta su estatua en todos los colegios del país.  No es solamente la enseñanza de libros lo que los jóvenes necesitan, ni la instrucción de esto o aquello, sino también el endurecimiento de las vértebras para que sean fieles a sus cargos, para que actúen con diligencia, para que hagan la cosa:  “llevar el mensaje a García”.

El general García ya no existe, pero hay otros Garcías.  No hay hombre que haya tratado de  administrar una empresa que requiera mucho personal, que a veces no se haya quedado atónito al notar la imbecilidad del promedio de los hombres, la inhabilidad o la falta de voluntad de concentrar su inteligencia en una cosa dada, y hacerla.

La asistencia irregular, la desatención ridícula, la indiferencia vulgar y el trabajo mal hecho parece ser la regla general.  No hay hombre alguno que salga airoso de su empresa a menos que, quiera o no, por la fuerza obligue o soborne a otros para que lo ayuden, a menos que, tal vez Dios Todopoderoso, en su bondad, haga un milagro y le envíe al Angel de la Luz para que le sirva de auxiliar.

Tú lector, puedes hacer esta prueba, te encuentras en estos momentos sentado en tu oficina.  A tu alrededor tienes seis empleados.  Llama a uno de ellos y pídele lo siguiente: “tenga la bondad de buscar en la enciclopedia y hágase un memorándum corto de la vida de Correggio”. Crees tú que el empleado contesta: si señor y se marcha a hacer lo que tú le dijiste?

Nada de eso. Te mirará de soslayo y te hará una o más de las siguientes preguntas:

Quién era Correggio?

En cual enciclopedia?

Acaso fui empleado yo para hacer eso?

No querrá usted decir Bismarck?

Por qué no lo hace Carlos?

Murió?

Hay prisa para eso?

No sería mejor que le trajera el libro y usted mismo lo buscara?

Para qué quiere saberlo?

Y me atrevería a apostar diez contra uno que después que hayas contestado el interrogatorio y explicado la manera de buscar la información que necesitas, y por qué la necesitas, tu empleado se retira y obliga a otro compañero a que lo ayude a “encontrar a García”, regresando poco después diciéndole que no existe tal nombre.  Desde luego, puede darse el caso que yo pierda la apuesta, pero según la ley de promedios, no debo perder.

Ahora bien; si tú sabes lo que tienes entre manos, no debes molestarte en explicar a tu auxiliar que Correggio está indicado con “C” y no con “K”, sino que sonriente y de buen humor le dirás:  “esta bien déjelo”, y dicho esto te levantarás y lo buscarás tú mismo.

Y esa incapacidad para obrar independientemente, esa estupidez moral, esa deformidad de la voluntad, esa falta de disposición para hacerse cargo de una cosa y realizarla, ésas son las cosas que han pospuesto para lejos en lo futuro al socialismo puro.  Si los hombres no actúan por sus propias iniciativas para sí mismos… que harán cuando el producto de sus esfuerzos sea para todos? La fuerza bruta parece necesaria y el temor a ser “rebajados” el sábado a la hora del cobro, hace que muchos trabajadores conserven el trabajo o la colocación.

Anuncia buscando un taquígrafo, y de diez solicitantes, nueve son individuos que no tienen ortografía y lo peor es de individuos que no creen necesario tenerla.  Podrían esas personas escribir una carta a García?

-Mire Ud.- me decía el Gerente de la fábrica, mire Ud. a aquel tenedor de libros.

-Bien.  Que le pasa?  Es un magnífico Contador, más si se le manda hacer una diligencia, tal vez la haga, pero puede darse el caso que entre en cuatro salones de bebidas antes de llegar y cuando llegue a la calle principal ya no se acuerde de lo que se le dijo. 

Puede confiarse a ese hombre que lleve un mensaje a García?

Recientemente hemos estado oyendo conversaciones y expresiones de mucha simpatías hacía los “extranjeros naturalizados que son objeto de explotación en los talleres”, así como hacia “el hombre sin hogar que anda errante en busca de trabajo honrado”, y junto a esas expresiones, con frecuencia empleándose palabras duras hacía los hombres que están en el poder.

Nada se dice del patrón que envejece antes de tiempo tratando en vano de inducir a los eternos disgustados y perezosos a que hagan un trabajo a conciencia; ni se dice nada del mucho tiempo ni de la paciencia que ese patrono ha tenido buscando personas que no hacen otra cosa sino “matar el tiempo” tan pronto como el patrono vuelve la espalda.  En todo establecimiento y en toda fábrica se tiene constantemente en práctica el procedimiento de selección por eliminación.  El patrono se ve constantemente obligado a rebajar personal que ha demostrado su incompetencia en el fomento de sus intereses, y a tomar otros empleados.  No importa que los tiempos sean buenos, este procedimiento de selección sigue en todo tiempo y la única diferencia es que, cuando las cosas están malas y el trabajo escasea se hace la selección con más escrupulosidad,….

Pero fuera y para siempre fuera, tiene que ir el incompetente y el inservible.  Por interés propio el patrono tiene que quedarse con los mejores, con los que puedan llevar un mensaje a García.

Conozco a un individuo de aptitudes verdaderamente excelentes, pero sin habilidad necesaria para manejar su propio negocio y que sin embargo es completamente inútil para cualquier otro, debido a la insana sospecha que constantemente abriga que su patrono le oprime o trata de oprimirle.  Sin poder mandar no tolera que se le mande.  Si se le diera un mensaje para que se lo llevara a García, probablemente su contestación sería: “llevéselo usted mismo”.

Hoy este hombre anda errante por las calles en busca de trabajo, teniendo que sufrir las inclemencias del tiempo.  Nadie que le conozca se ofrece a darle trabajo, puesto que es la esencia misma del descontento.  No entra por razones y lo único que en él podría producir algún efecto sería un puntapié salido de la punta de una bota del número nueve, de suela gruesa.  Sé, en verdad, que un individuo tan moralmente deforme como ese no es menos digno de compasión que el físicamente inválido; pero en nuestra compasión derramemos también una lágrima por aquellos que se encuentran al frente de grandes empresas, cuyas horas de trabajo no están limitadas por sonidos del pito y cuyos cabellos prematuramente encanecen en la lucha que sostienen contra la indiferencia zafia, contra la imbecilidad crasa y contra la ingratitud cruenta de los otros, quienes, a no ser por el espíritu emprendedor de éstos andarían hambrientos y sin hogar.

Diríase que me expresado con mucha dureza.  Tal vez sí; pero cuando el mundo entero se ha entregado al descanso yo quiero expresar una palabra de simpatía hacía el hombre que sale adelante en su empresa, hacía el hombre que, aún a pesar de grandes incovenientes, ha sabido dirigir los esfuerzos de otros hombres y que, después del triunfo, resulta que no ha ganado más que su subsistencia.

También yo he cargado mi lata de comida al taller y he trabajado a jornal diario, y también he sido patrono y sé que puede decirse algo de ambos lados.

No hay excelencia en la pobreza “per se”; los harapos no sirven de recomendación, no todos los patronos son rapaces y tiranos; no todos los pobres son virtuosos.

Mis simpatías todas van hacía el hombre que hace su trabajo tan bien cuando el patrono está presente como cuando se encuentra ausente.  Y el hombre que al entregársele una carta para García, tranquilamente toma la misiva, sin hacer preguntas idiotas y sin intención alguna de arrojarla a la primera alcantarilla que encuentre a su paso o de hacer cosa que no sea entregarla al destinatario; ese hombre nunca queda sin trabajo ni tiene que declararse en huelga para que se le aumente el sueldo.

La civilización busca ansiosa, insistentemente, a esa clase de hombres. Cualquier cosa que ese hombre pida, la consigue.  Se le necesita en toda ciudad, en todo pueblo, en toda villa, en toda oficina, tienda y fábrica y en todo taller.  El mundo entero lo solicita a gritos; se necesita y se necesita con urgencia al HOMBRE que pueda llevar “UN MENSAJE A GARCIA”.

Elbert Hubbard


 

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