INTERNACIONALES

LA CNN Y EL GAS SARIN

Con viento de cola

La cadena informativa se retractó de su información sobre el uso de gas sarín contra desertores estadounidenses en Vietnam. Y aunque no quedó seguridad de que haya o no ocurrido, el episodio afectó la credibilidad y aun los códigos de ética que aplican los periodistas estadounidenses.

Jorge A. Bañales
Desde Washington

Porque CNN lo dijo, la revista Time lo repitió y pronto la historia sobre el supuesto uso de gas sarín por parte de Estados Unidos durante la guerra de Vietnam fue noticia de primera plana. Luego, porque el Pentágono rechazó la versión, la Cable Network News (CNN) se retractó y Time siguió los pasos de la cadena global; dos o tres periodistas perdieron su empleo, y de la verdad se sabe menos que antes del bochinche.

En agosto de 1996 el diario The San Jose Mercury News, de California, publicó una serie de artículos de su periodista Gary Webb sobre la supuesta conexión entre los "contras" que, financiados por Estados Unidos, lucharon durante una década para derrocar al gobierno sandinista de Nicaragua, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el tráfico de drogas. Según la serie de Webb, los "contras" habían financiado sus operaciones con dinero de la cocaína que, para hacer la cábala más tenebrosa, se había introducido en forma de crack en los barrios negros y pobres de Los Angeles, iniciando una epidemia fatal de crimen y adicción en los guetos.

En diciembre de 1996 la revista Penthouse publicó un artículo según el cual en la iglesia episcopal Center, de la diócesis de Long Island, que incluye el sector de Brooklyn en Nueva York, habían bendecido matrimonios de homosexuales, y el párroco de la iglesia de San Gabriel, Williams Lloyd Andries estaba involucrado en orgías homosexuales en las que participaban otros clérigos.

A mediados de junio la gran cadena global del periodismo televisado puso en su nuevo programa "NewsStand: CNN & Time" una historia espeluznante: en 1970, durante la guerra en el sudeste asiático, la Fuerza Aérea de Estados Unidos, en el marco de una operación llamada Tailwind (Viento de cola) realizó una incursión sobre una aldea en Laos, donde dejó caer gas sarín y los comandos estadounidenses mataron a unas cien personas, en su mayoría civiles, y entre ellas a dos hombres blancos que podrían ser desertores estadounidenses.

La suerte corrida por cada una de estas noticias ilustra el funcionamiento de la prensa en Estados Unidos.

En enero pasado, el director general de Inteligencia, George Tenet, presentó, en un libro de casi 200 páginas, el resultado de una investigación durante la cual el inspector general de la Agencia Central de Inteligencia dirigió durante 17 meses la revisión de 250 mil páginas de documentos y entrevistas con más de 365 personas para determinar la veracidad de los artículos del diario de San José. "Estoy satisfecho porque el inspector general no ha cejado en su esfuerzo por descubrir la verdad", dijo Tenet.

Pero, en parte, la CIA podría haberse ahorrado el esfuerzo porque ya meses antes el propio diario The San Jose Mercury News había completado su propia revisión de los artículos de Webb, y había llegado a la conclusión de que ni los materiales publicados ni los materiales que respaldaron la serie de artículos probaban la conexión entre la CIA y la importación de drogas por parte de los "contras" hacia los barrios de Estados Unidos.

No obstante lo que, poca gente le dio mucho crédito a la investigación interna de la CIA, y mucha más gente se quedó con la idea de que la mano tenebrosa del hombre blanco ha estado detrás de todos los crímenes, desde el terrorismo y la subversión contra un gobierno extranjero hasta la introducción de las drogas con que se matan los negros.

Ahora CNN y Time sí le ahorraron el esfuerzo al Tío Sam, y en menos de tres semanas se retractaron de la historia sobre el gas sarín en la operación Tailwind, despidieron a algunos de los periodistas involucrados en el programa, amonestaron a otros y mostraron al país y al mundo que aquí la prensa no necesita censores ni fiscales, porque se fiscaliza a sí misma.

El Pentágono no tuvo más que aplaudir la decisión de CNN que ratifica que, por supuesto, no se ha probado que los militares estadounidenses hayan llevado a cabo una operación para liquidar a sus desertores, ni que hayan empleado el terrible gas inodoro e incoloro, del que una dosis de apenas 0,5 miligramos es letal para un adulto.

El presidente de la División de Noticias de CNN, Tom Johnson, dijo que "no hay evidencias suficientes de que se haya usado sarín o cualquier otro gas letal" en la operación Tailwind, y agregó que "el sistema de verificación y balances de CNN falló en este caso". Por su parte el editor general de Time, Walter Isaacson, señaló que "cuando cometemos errores, es importante que seamos honestos y directos al respecto, que divulguemos los hechos tan pronto como sea posible y que dejemos las cosas en claro. Y también que digamos que lo lamentamos".

Las dos empresas, prominentes en la prensa global, afirmaron que la revisión del proceso interno por el cual la historia se divulgó, y de los materiales que sustentan la historia, demuestra que los periodistas y los productores del programa suprimieron los testimonios que debilitaban la hipótesis del uso de sarín y la persecución de los desertores, y que manipularon otros testimonios para que apareciesen como sustentos de la hipótesis.

Por ejemplo, en el programa de CNN se dijo que el almirante retirado Thomas Moorer -ahora con 86 años de edad y que fue jefe del Estado Mayor Conjunto en 1970- había "confirmado el uso del gas de nervios en la operación Tailwind". De hecho, en un segmento que no se difundió en el programa, a Moorer le preguntan: "¿Así que usted sabe que se usó sarín?".

Y la respuesta fue: "Yo no le estoy confirmando que se usó. Usted acaba de decirme eso".

El excapitán de Ejército, Eugene McCarley, que comandó la operación terrestre, protestó porque si bien él admitió ante los periodistas de CNN que "es posible que se haya usado" el gas en la guerra de Vietnam, también dijo en la entrevista que "jamás sus tropas lo habían usado y que la operación Tailwind nada tuvo que ver con la muerte de desertores estadounidenses".

Hubo otros cortes muy peculiares en el material preparado para el programa, pero de todos modos los jerarcas máximos de CNN y de Time tuvieron tiempo suficiente para revisar la versión final. Pero, aquí como en todas partes, el éxito es algo que siempre se cosecha hacia arriba, y los errores son siempre responsabilidades que se patean hacia abajo.

En consecuencia, perdieron sus empleos la productora April Oliver y el segundo productor Jack Smith, y la productora ejecutiva del programa Pamela Hill renunció. El periodista estrella que, de hecho, puso su cara y su voz en el programa, el famoso Peter Arnett, se llevó una severa reprimenda de Johnson, pero al parecer escapó a la guillotina porque en el mundo moderno del periodismo televisado la mayor parte de las veces los reporteros no hacen más que leer ante cámaras lo que otros investigan y escriben.

La productora Oliver se quejó porque CNN la lanzó a los leones y afirmó que muchos de los testigos que aparecieron en cámaras para el programa "tuvieron un coraje enorme, y ahora tienen que lidiar con el hostigamiento y las amenazas de muerte porque se atrevieron a hablar. (…) Si cometimos un error factual, de cualquier tipo, debemos corregirlo. (…) Yo no soy consciente de ningún error factual en el guión. Nosotros no manejamos las entrevistas, no pusimos palabras en boca de los testigos, no salimos a probar una tesis sobre el sarín y los desertores".

Oliver sostuvo que "cuando se lanza una gran historia tenemos que estar resueltos a ir hasta el final, y a enfrentar cualquier desafío a lo que informamos, incluidas las investigaciones del Congreso. (…) A pesar de que sabían qué contenía el programa, a pesar de que estaban sobre aviso, en CNN capitularon ante el primer ataque".

Para el párroco Lloyd Andries y otro clérigo de la iglesia episcopal Center, el encontronazo con la prensa terminó tan mal como el encontronazo de la prensa con la ética concluyó para Oliver. Después que Penthouse publicó su artículo, Andries tuvo que renunciar al sacerdocio y a su puesto como párroco. Andries dice que el autor del artículo, Rudy Maxa, jamás le pidió su respuesta a las afirmaciones de los dos brasileños que dijeron que Andries y otros clérigos habían participado con ellos en orgías en la rectoría del templo.

La Iglesia Episcopal llevó a cabo una investigación -en 1997- según la cual 31 de las 38 acusaciones contenidas en el artículo de Penthouse eran completamente falsas, carentes de pruebas o en gran medida falsas. La revista reconoció esta semana que las denuncias que publicó en 1996 contra Andries y otros clérigos no estaban sustentadas por evidencias y testimonios. Andries, de 61 años, se ha quedado sin empleo, y sin dinero siquiera para llevar adelante una demanda por difamación contra Penthouse.

 


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