Implicaciones éticas, sociales y legales |
del Proyecto Genoma Humano |
MIGUEL MORENO |
Proyección, nº 178, julio-septiembre de 1995, pp. 179-200 |
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El desarrollo tecnológico necesario para la construcción de «genotecas» Desde los años 40 hasta hoy se han sucedido vertiginosamente experimentos y descubrimientos de enorme trascendencia en Biología Molecular(1). En apenas 15 años (1973-1985), y gracias a los continuos avances en bioquímica, instrumentación de laboratorio y tecnologías para automatizar la obtención y tratamiento de información biológica a gran escala, se han desarrollado y aplicado al estudio del ADN las nuevas técnicas moleculares que permiten hablar hoy de «ingeniería genética»(2). El conocimiento adecuado de la genética de un organismo resulta esencial para la correcta comprensión de fenómenos biológicos tan complejos como la organización celular, el desarrollo orgánico y el funcionamiento del cerebro, p.ej. Aunque desde hace unos años es posible localizar, clonar y secuenciar genes individuales, el proyecto de localizar, clonar y secuenciar todos los genes de un organismo constituye una tarea formidable. Han sido necesarias muchas innovaciones en procedimientos de análisis de ADN(3), pero también en la financiación, coordinación y organización de laboratorios, para plantear razonablemente un proyecto así, incluso sobre genomas tan pequeños como el de una bacteria(4). Bases de datos computarizadas, redes telemáticas y software aplicaciones/programas cada vez más sofisticado para localizar, comparar, intercambiar y manejar secuencias de ADN y proteínas se han convertido en herramientas imprescindibles para la investigación biomédica. La bioinformática ha irrumpido con fuerza facilitando la comprensibilidad, la calidad, la interoperatividad y el acceso a la información genética. Ha hecho posible además la automatización de tareas complejas en el laboratorio y el acceso inmediato a una inmensa cantidad de datos y publicaciones electrónicas(5). La construcción de genotecas, una especie de fichero que contiene
información de todos los genes de un organismo completo, es ya una realidad. El soporte
de esa información genética son normalmente colonias de bacterias recombinantes o bancos
de cromosomas artificiales de levadura (YACs) infectados por virus, suponiendo que en cada
virus se haya insertado un gen humano(6). Los clones de
levadura se ordenan por lugares etiquetados por su secuencia (STSs). La reacción en
cadena de la polimerasa (PCR) permite sucesivas búsquedas de fragmentos identificados por
su secuencia, a partir de sondas ya conocidas. Finalmente, los clones obtenidos se ordenan
según los STSs que contengan, con ayuda de programas interactivos que facilitan el
proceso de selección. Es fácil imaginar la utilidad de mapas de STSs lo más completos
posibles, para agilizar esta tarea. El análisis en profundidad de un genoma completo
incluye mapas de clones ordenados, datos de ligamiento genético, mapas de localización
cromosómica, secuencias de proteínas y, para la especie humana, una base de datos sobre
genes asociados a enfermedades humanas. El Proyecto Genoma Humano El «Proyecto Genoma Humano» tiene como objetivo prioritario la secuenciación de los
tres mil millones de pares de bases que constituyen el genoma de la especie humana y su
localización precisa dentro de cada cromosoma. Pero ni los medios ni todos los objetivos
estuvieron claros desde un principio. Se habla, pues, de varias etapas en su desarrollo:
Resultados previsibles del proyecto Muchos coinciden en destacar que la mayor aportación del Proyecto Genoma Humano (en adelante PGH) será al campo de la genética médica(12). Hasta ahora se habían empleado recursos de laboratorio costosísimos y grandes equipos humanos en la búsqueda de genes causantes de las enfermedades hereditarias más comunes, como la fibrosis quística(13). En la investigación de las enfermedades genéticas menos comunes no se podían emplear tales recursos, y el PGH ofrece la posibilidad de caracterizar y analizar todo el genoma humano de un modo mucho más coordinado y económico. Teniendo en cuenta los muchos problemas pendientes en genética clínica, el PGH está aportando una valiosa ayuda tecnológica y asistencia en términos de diagnosis y tratamiento a familias afectadas por enfermedades hereditarias. Asimismo, el proyecto aportará información de gran valor sobre la estructura molecular del cuerpo y cerebro humanos, y este conocimiento por sí solo resulta lo bastante interesante como para justificar el programa(14). Por otra parte, algunos de sus objetivos inmediatos se van haciendo realidad. Los laboratorios franceses Génethon ya han elaborado un mapa genético físico completo de baja resolución (de 2-5 cM)(15). El trabajo coordinado de miles de investigadores con estas herramientas aportará, en primer lugar, una enorme cantidad de información sobre el genotipo de la especie humana. Información no significa conocimiento; quedará todavía un enorme camino por recorrer hasta conocer las claves que permitan interpretar toda esa información. Pero se habrá dado un paso de gigante en la comprensión de los mensajes hereditarios codificados en el ADN, si se identifican los aproximadamente 100.000 genes de la especie humana (junto a los de otros organismos modelo). Esto permitirá fabricar sondas para la detección precoz de genes asociados a enfermedades humanas y de posibles mutaciones deletéreas en los mismos(16). Con el tiempo, se ensayarán posibles terapias génicas para sustituir genes anómalos y compensar con agentes terapéuticos las deficiencias de las proteínas codificadas por esos genes. Pero los avances más inmediatos se están produciendo en la instrumentación de
laboratorio, en las tecnologías para manipulación del ADN (extracción, análisis y
secuenciación) y en la automatización e informatización de las tareas de investigación
más rutinarias. La bioinformática, y especialmente el diseño de bases de datos con gran
capacidad de almacenamiento y de manejo sencillo, serán algunos de los terrenos más
beneficiados por el proyecto. Es de suponer que todo este desarrollo tecnológico tendrá
su reflejo en todas las ramas de la biomedicina y, antes o después, arrojará resultados
de aplicación directa en la atención sanitaria cotidiana. Consecuencias e implicaciones del PGH para la Medicina Los expertos coinciden en señalar que los primeros resultados del PGH marcarán el inicio de una Medicina Predictiva o Genómica. Se conocerán cada vez mejor las bases genéticas de las diversas enfermedades y podrán detectarse predisposiciones a las mismas mucho antes de que aparezcan(17). Conocer anticipadamente esta información facilitará el desarrollo de medidas preventivas, terapéuticas o paliativas, antes de que sus efectos sean irreversibles. Pero a veces las perspectivas se presentan con un lenguaje demasiado grandilocuente. En palabras de J. Watson, uno de los premios Nobel que con más entusiasmo ha impulsado el PGH, «cuando sean finalmente interpretados, los mensajes genéticos codificados en el ADN nos proporcionarán las últimas respuestas a los cimientos químicos de la existencia humana»(18). Nancy Wexler, presidenta de la Fundación para Enfermedades Hereditarias y miembro destacado del equipo que descubrió el gen asociado a la corea de Huntington, opina que «en gran medida, nuestro destino está en nuestros genes»(19). El PGH permitirá descifrar la clave bioquímica la esencia irrepetible, según Putnam que identifica a un individuo como sujeto humano. Una mejor comprensión de cómo los genes originan y controlan nuestras estructuras biológicas incrementará el conocimiento de nuestro funcionamiento como seres humanos sanos, pero también la base genética de enfermedades tan diversas como el cáncer, la esquizofrenia, el SIDA, las afecciones cardiovasculares, el mal de Alzheimer, la neurofibromatosis, etc. A medida que sea posible obtener más información sobre el genotipo individual, médicos y otros profesionales de la salud prevén cambios drásticos en la relación médico-enfermo. Los avances en diagnosis y prognosis clínica proporcionarán cada vez más información sobre la predisposición de un individuo a padecer ciertas enfermedades, o bien la certeza de su aparición inevitable a los 20-30 años y las condiciones ambientales que la desencadenarían. Se habla ya de una nueva y extraña categoría de individuos en el sistema sanitario: los «enfermos sanos» o «pacientes impacientes». Conocemos su anomalía a nivel genético, pero son individuos completamente sanos mientras no manifiesten síntomas de la enfermedad. Tampoco pueden ser objeto de atención sanitaria si no existe terapia conocida al respecto ni, de momento, la necesitan. Mayor información y mejor conocimiento sobre las enfermedades hereditarias
modificarán, previsiblemente, las relaciones tradicionales del enfermo con su familia. El
enfermo que padece una enfermedad adquirida en algún momento de su vida ve a la familia
como elemento de ayuda, compañía y consuelo insustituible. La familia, por su parte, ve
al enfermo como uno de sus miembros afectado por una dolencia de la que nadie es
responsable y de la que debe recuperarse cuanto antes. Pero cuando se trata de
enfermedades hereditarias, las cosas son muy diferentes. El afectado por una enfermedad
hereditaria valora la ayuda que le presta su familia, pero la considera también el foco
de una enfermedad, a menudo incurable, que por negligencia, descuido, ignorancia o
fatalidad le han transmitido. Y son frecuentes situaciones familiares en las que las
decisiones sobre los hijos para testamento, herencia, etc. dependen en gran medida de las
expectativas de salud física y mental hacia los mismos. Estas observaciones sugieren que
la información genética individual, relacionada con la predisposición a padecer ciertas
enfermedades o a transmitirlas a la descendencia, debe ser manejada cautelosamente,
incluso entre familiares muy cercanos, y comunicada exclusivamente al interesado (y a su
pareja?). Uso de información genética personal e implicaciones sociales La información genética en sí misma no es dañina ni perjudica a nadie; los problemas surgen cuando su obtención, manejo y difusión se producen dentro de unas estructuras jurídicas, administrativas, sanitarias y sociales inadecuadas. Si añadimos un desconocimiento importante entre sus receptores y los innumerables prejuicios políticos, ideológicos y sociales que distorsionan muchas interpretaciones de los datos genéticos, tenemos elementos de sobra para prever equívocos y conflictos importantes en este terreno. La información genética resulta valiosa porque proporciona la base sobre la que adoptar decisiones responsables en el ámbito reproductivo y personal. La variedad de contextos, situaciones familiares, sociales y personales desde las que se afrontan estas decisiones dificulta enormemente la propuesta de orientaciones y criterios de actuación comunes. Entre muchas cuestiones pendientes, pueden señalarse cuatro prioridades de estudio y
debate: 1) Garantizar la justicia y la imparcialidad de las decisiones que tienen en
cuenta información genética personal. En este contexto, «justicia» significa libertad
frente a la discriminación sobre la base del genotipo. 2) Garantizar la confidencialidad
de la información genética privada/personal. «Confidencialidad» aquí significa un
control del individuo sobre la obtención y desvelamiento de información genética
relativa a él/ella. 3) Establecer mecanismos que permitan una adecuada difusión si
procede de los datos originados en la práctica de los médicos, consejeros y laboratorios
que obtienen y suministran información genética. 4) Finalmente, proporcionar la
educación e información multidisciplinar necesaria para que tanto responsables
políticos, profesionales de los cuidados sanitarios, biólogos y sociólogos, así como
el público en general, lleguen a ser conscientes de los nuevos conocimientos y de los
problemas y oportunidades asociados. Trataremos brevemente cada apartado. [A] Justicia e imparcialidad En el terreno laboral se plantean problemas similares. Muchas personas intelectualmente
capacitadas y cualificadas, afectadas por el ST, tienen dificultades para encontrar
empleo. La base genética de la enfermedad, recientemente confirmada, sólo ha venido a
complicar el problema. Incluso un candidato al trabajo con síntomas leves podría
posiblemente tener hijos afectados con el ST y causar gastos importantes al empresario, en
un sistema socio-sanitario como el estadounidense. Esta sospecha bastaría para denegarle
el empleo. Por consiguiente, han pasado ya los días en los que sólo el paciente y el
médico conocían la enfermedad. A medida que dispongamos de mejores métodos
diagnósticos para averiguar riesgos y predisposiciones a enfermedades, esta clase de
problemas se agudizarán en el futuro, sobre todo en sistemas sanitarios que ya están en
crisis. [2] Información genética de individuos pertenecientes a minorías
étnicas: Un problema adicional lo plantean aquellos grupos étnicos entre los
cuales ciertas alteraciones genéticas tienen una incidencia especial. Esta circunstancia
y algunas experiencias previas obligan a ser cautelosos en la obtención/difusión de toda
información genética asociada a cualquiera de estos grupos. En Grecia, en los años 70,
se aplicaron masivamente tests para la anemia falciforme(22),
que por entonces era percibida no como un problema social, sino como el problema de unos
pocos individuos y de sus parientes. El resultado de esos tests fue la marginación de los
portadores y el aumento de la incidencia de la enfermedad(23).
En Norteamérica, el sondeo masivo y obligatorio para diagnosticar la anemia falciforme,
sin control alguno por parte de los afro-americanos, llegó a ser politizado hasta el
punto de ser considerada «la enfermedad de los negros». Los resultados de los tests
fueron así usados como pretexto para políticas de empleo discriminatorias. Sin embargo,
el sondeo para la enfermedad de Tay-Sachs en los EE.UU. fue controlado e influido por
descendientes de los Judíos Ashkenazi. El resultado fue un programa efectivo y voluntario
de cribado genético. Son dos ejemplos muy diferentes de posibles estrategias a adoptar.
Las percepciones étnicas de la información médica son cruciales, y la información
genética no debería ser simplemente volcada en el tejido social sin una adecuada
comprensión de estas dinámicas sociales. Si el grupo además ya afronta problemas de
discriminación social o económica y tiene pocos recursos para comprender la información
y sus implicaciones, sería irresponsable difundirla. [3] Limitaciones de la legislación vigente: La legislación
vigente podría ser aplicable a algunos de estos supuestos, pero no a todos. Habría que
ver hasta qué punto las medidas de protección son aplicables a personas portadoras de
genes asociados a enfermedades graves cuyos síntomas son de aparición tardía (30-40
años). En el tema de la cobertura social, tanto empresas aseguradoras como asegurados
pueden hacer un uso irregular de la información genética: el asegurador para amparar
sólo a los individuos con menor riesgo de padecer enfermedades graves; y el asegurado
contratando una prima de seguros más barata que la normal cuando sepa, por el
diagnóstico genético, que tiene escasos riesgos de padecer las enfermedades más
comunes. En el primer caso se intenta hacer de la aseguradora una empresa rentable a toda
costa, sin margen de riesgo; en el segundo, se hace imposible la distribución de los
gastos económicos entre el resto de la población, para poder cubrir los casos menos
«rentables». En todo caso, las medidas a proponer deberán equilibrar los intereses de
aseguradores/asegurados y de empresarios/trabajadores. [B] Confidencialidad Muchos laboratorios y centros de investigación conservan datos de pedigríes sobre
sujetos de investigación. Por el momento, no hay pautas normalizadas elaboradas
específicamente para la protección de la información en estos bancos de datos. Pero
continúa siendo tema pendiente la distinción entre información genética que debería
ser guardada confidencialmente, o incluso no obtenida excepto a petición de la persona
implicada, e información genética que debe ser difundida/aireada por razones de salud
pública. Los conflictos entre privacidad y salud pública en el contexto de la
información genética(26) se asemejan a otros planteados
en relación con el SIDA, p.ej. Ch. Wills, uno de los biólogos que abiertamente cuestionó el uso forense de análisis genéticos, parece compartir con los fiscales el punto de vista de que la naturaleza de la evidencia es menos importante que la convicción de culpabilidad(29). Pero otros autores(30) señalan como beneficio mayor de estas técnicas su contundencia para determinar la inocencia del acusado(31). Cuando se trata de identificar al culpable, la prueba del ADN no debería ser considerada el indicio decisivo, sino uno más entre otros de igual o mayor pertinencia en el caso. En todo caso, la culpabilidad o inocencia del acusado debe evaluarla el juez teniendo en cuenta todos los elementos, no el científico que presenta los resultados del análisis de laboratorio(32). Se tiene noticia de casos recientes en el Reino Unido en los que algunos científicos forenses ocultaron detalles de sus pruebas(33), y todos sabemos que en el sistema judicial vigente la ofuscación puede favorecer a una de las partes. Cuando se duda de los resultados y se solicita un nuevo test, los científicos forenses tienden a mantenerse en la misma posición de su primer testimonio. Esto hace aconsejable que cualquier revisión de los resultados sea hecha por un equipo diferente. Pero teniendo en cuenta todas estas observaciones se puede afirmar que no existen
razones inequívocamente claras para excluir los análisis de ADN como instrumento
judicial. Si se garantiza el necesario control en la obtención de las muestras, se
estandarizan los polimorfismos a utilizar y los análisis son hechos por personal bien
preparado, la pruebas pueden proporcionar datos de enorme fiabilidad(34).
Lo oportuno, entonces, sería que los miembros del tribunal estuviesen bien preparados y
asesorados para interpretar correctamente datos estadísticos de reconocida complejidad. [C] Acceso a los servicios de diagnóstico y asesoramiento
genético [1] Infraestructura médica para la obtención y manejo de
información/conocimiento genéticos: Los sistemas sanitarios deberían
garantizar a todos igualdad en el acceso a las técnicas de diagnóstico genético,
útiles para prevenir daños importantes en la descendencia mediante un buen conocimiento
de las características genéticas personales. La falta de medios para proporcionar
información fiable sobre la base genotípica desde la que una pareja deberá afrontar sus
decisiones reproductivas puede favorecer decisiones reproductivas irresponsables. Si
tenemos en cuenta el enorme gasto que para el sistema sanitario supone la atención a
individuos con deficiencias hereditarias importantes, urge el desarrollo y difusión de
los medios que ayuden a reducir, prevenir y evaluar su incidencia en la población. Pero
esto exige muchos desarrollos educativos, sociales y legales previos. Es bien sabido que entornos laborales químicamente polucionados pueden desencadenar los síntomas de ciertas enfermedades en individuos con predisposiciones genéticas a las mismas. En tales casos el asesoramiento genético no se limita a ser meramente informativo, sino que se aconsejan los necesarios cambios de estilo de vida y ambiente de trabajo para prevenir en lo posible la enfermedad. En ese contexto no se considera que el estilo de consejo directivo esté limitando la autonomía del paciente. Ciertos hechos hacen, por sí mismos, que unas alternativas parezcan a todos más razonables que otras, si tenemos en cuenta la información pertinente. El respeto a la autonomía del cliente es compatible aquí con un pronunciamiento aconsejando las medidas necesarias para que exista la base de salud física y mental sobre la cual un individuo desarrolla su autonomía. Naturalmente, el argumento no puede aplicarse tal cual a situaciones cuyo desenlace serán determinadas decisiones reproductivas y que afectan a la vida de terceros, no sólo a la salud o calidad de vida individual. Aquí entran en juego puntos de vista y valores personales distintos a los del asesor genético, que éste no tiene por qué discutir ni criticar. Sólo le corresponde informar de los hechos relevantes para que el cliente pueda decidir consciente, libre y responsablemente, en función de sus circunstancias y criterios morales. En este caso, ciertos hechos no hacen, por sí mismos, que unas alternativas parezcan a todos más razonables que otras, porque median circunstancias, valores personales y criterios sobre el respeto a terceros imposibles de universalizar. El respeto a la autonomía del cliente exige una actitud informativa, no directiva y axiológicamente neutral, en lo posible(36). Lo que sí conviene desterrar de una vez para siempre es la creencia ingenua en la posibilidad de un asesoramiento exclusivamente informativo. Cuando hablamos de proporcionar «información relevante» o «toda la información pertinente» estamos dando por supuesto que será el informador quien seleccione, entre el cúmulo disponible y conocido por él, los elementos que hacen al caso. Y la selección se realiza en función de criterios científicos y médicos, pero no exclusivamente. Cuando el diagnóstico genético muestra un perfil asociado a rasgos de comportamiento, es difícil que la información proporcionada no incluya valoraciones sobre esas conductas y tomas de posición personal sobre el fundamento científico de tal asociación. La pretendida relación entre el cariotipo XYY y una conducta violenta o criminal(37) en varones adultos suscitó un gran debate científico y
social(38). Pero esa asociación está ahora
prácticamente descartada, después de comprobar que los estudios se hicieron sobre una
población de varones XYY altamente seleccionada, todos ellos prisioneros por varios
crímenes. Y posteriormente no se ha publicado, creo, ningún estudio sobre XYY entre la
población general que apoye una asociación inequívoca con la conducta violenta. Parece,
más bien, que la mayor parte de la gente con XYY no manifiesta esos síntomas ni otros
que justifiquen hablar de síndrome bien caracterizado(39).
En caso de que el cariotipo del embrión o feto muestre el perfil XYY, ¿debe el consejero
genético informar a la mujer/pareja del debate al respecto o limitarse a señalar que el
individuo será probablemente normal? Si los clientes conocen la polémica en relación
con el cariotipo XYY, ¿no tienen elementos para pensar que lo mejor sería interrumpir el
embarazo y esperar hasta concebir un individuo genéticamente normal? Supongamos que una
pareja manifiesta su voluntad de tener un hijo varón y de interrumpir el embarazo en caso
contrario. ¿Está siendo directivo el consejero cuando les dice que esa razón es trivial
y que su decisión carece de fundamento(40)? No resulta
tan sencillo proporcionar exclusivamente «información relevante», ni tampoco conseguir
un asesoramiento genético no directivo, axiológicamente neutral, en terreno tan
complejo. De ahí que esté siendo objeto intenso de estudio la educación y formación de
consejeros genéticos capaces de afrontar profesionalmente estos problemas. El debate interdisciplinar suscitado por el PGH Una característica que diferencia al PGH de otras grandes empresas científicas contemporáneas ha sido la preocupación desde el comienzo por los aspectos éticos, sociales y legales del desarrollo científico-tecnológico en genética molecular, hasta el punto de que la reflexión de mayor envergadura sobre las implicaciones de la investigación científica y el desarrollo tecnológico se está produciendo hoy en el terreno de la Biomedicina/Biología Molecular. Desde los primeros experimentos con ADN recombinante en los 70, investigadores de gran prestigio en este campo tomaron la iniciativa en el estudio de las implicaciones éticas y sociales del desarrollo biotecnológico. Se impusieron a sí mismos una moratoria en los experimentos para evaluar adecuadamente sus riesgos(41) y adoptar voluntaria y mayoritariamente algunos principios éticos que regularan sus investigaciones. Creo que en la Historia de la Ciencia reciente no se han dado otros casos similares. Muchas investigaciones en Física Nuclear, por ejemplo, se llevaron a cabo en el más absoluto secreto y no se abrieron cauces para un mínimo control social de sus aplicaciones tecnológicas(42). Por el contrario, el PGH incluye un presupuesto importante (3-5% del total) para estudiar de forma interdisciplinar las implicaciones éticas, sociales y legales de sus resultados. Los proyectos financiados abarcan muy diversas áreas(43): 1) Propuestas de una regulación jurídica eficaz para evitar posibles discriminaciones laborales o de cobertura social a los individuos con mayor riesgo de contraer enfermedades de base genética; 2) Regulación estricta de los cauces a seguir en la revelación de información genética personal, precisando cómo y a quién informar; 3) Estudio de las condiciones adecuadas para iniciar una prospección genética masiva entre una población, grupo étnico, social o profesional; 4) Orientaciones sobre la formación de los profesionales del consejo genético; y numerosos proyectos educativos, de prospectiva social y divulgación. La propuesta de financiar tan generosamente estudios ELSI fue vista por algunos como
una forma de acallar posibles críticas contra la investigación científica en genética
humana, polémica desde sus inicios. Pero los estudios que van apareciendo no pueden
considerarse, en conjunto, opiniones compradas ni parafernalia legitimadora subsidiada. A
mi entender, están fomentando un debate interdisciplinar sin precedentes y una estrecha
colaboración entre científicos, sociólogos, juristas, filósofos, educadores y otros
profesionales, por sí misma enriquecedora. Algunas conclusiones preliminares de este
debate merecen especial atención: [7] Al hilo del PGH se han planteado y revisado numerosas
cuestiones de interés filosófico, epistemológico y antropológico: 2) El eterno problema de los modelos y explicaciones reduccionistas aparece con un rostro nuevo a la luz de la Genética, recobrando una vitalidad que había perdido en la Física y la Química. La visión tradicional de la naturaleza en términos mecanicistas(53) va siendo progresivamente sustituida por otra computacional. Pero las interpretaciones de los fenómenos genéticos/moleculares en términos computacionales son propensas a identificar erróneamente la información codificada en el ADN con un «programa» informático, al que le son atribuidas características y propiedades que no tiene, a la luz de la literatura experimental(54). 3) Cuando el ADN se entiende como un «lenguaje de programación» o programa responsable de la conducta y constitución del ser vivo, la investigación se desarrolla bajo el supuesto de que cuando lleguemos a conocer ese lenguaje, podremos reprogramar al individuo para corregir sus anomalías y disfunciones(55). Es decir: una vez comprendida la estructura y función del genoma humano, una vez que los conceptos de código genético, programa genético y mensaje genético han sido precisados, podremos elaborar una explicación de base genética para las características fenotípicas, incluyendo múltiples aspectos de la salud humana, la enfermedad e incluso de la conducta. Esta percepción de que la genética humana es esencialmente determinista y reduccionista llevó en el pasado a una mala aplicación de la información genética y prestó apoyo a ideologías de nefastas consecuencias sociales(56). 4) También parece muy extendida la impresión de que lo genético resulta
inalterable, y que los problemas de criminalidad o conducta antisocial, incluso las
diferencias de coeficiente intelectual entre clases, sexos y razas pueden ser
explicadas/comprendidas únicamente desde el dominio de la genética humana(57). Pero se están dando por supuestas aquí toda una serie
de relaciones 1:1 y conexiones causales no asociaciones de difícil
justificación experimental. Una revisión crítica de los relatos habituales sobre la
naturaleza de los genes y las propiedades de la molécula de ADN sería una
contribución importante al debate(58). [6] El tratamiento jurídico apropiado a los diversos problemas suscitados por el PGH ha sido y continuará siendo el último gran foco de discusión. Muchos expertos señalan que es preciso evitar un enfoque legalista del asunto. Gran parte del debate sobre las implicaciones del PGH se ha planteado buscando antes una regulación restrictiva sobre el mismo que una difusión de los criterios y la información necesaria para suscitar una toma de posición personal y autónoma al respecto entre los ciudadanos interesados. La opción por un análisis jurídico el proporcionado fundamentalmente por profesionales del Derecho puede restringir inapropiadamente el abanico de factores a tener en cuenta en el debate y a concentrarse exclusivamente en cuestiones muy puntuales. Bajo la apariencia de reflexión multidisciplinar, filósofos, sociólogos y científicos de la biomedicina pueden estar limitándose a reflexionar sobre los mecanismos reguladores a adoptar y marginar, de hecho, el tratamiento de otras muchas cuestiones subyacentes de importancia(59). Es evidente que deben establecerse garantías legales contra el acceso de compañías de seguros y empresarios a la información genética personal, o precisar muy bien en qué consistiría el derecho de las aseguradoras a limitar la cobertura social o a establecer tasas superiores para los individuos portadores de una predisposición genética a ciertas enfermedades. La casuística en este ámbito comienza a ser abrumadora. Pero la respuesta legal a problemas del tipo «si un test prenatal puede diagnosticar la fibrosis quística y una mujer embarazada se niega a realizarlo, ¿puede una aseguradora rechazarle cobertura al hijo afectado?» presupone otras muchas reflexiones y respuestas de carácter científico-técnico, ético y social. Las normas en este terreno exigen una rigurosa y amplia reflexión interdisciplinar previa(60). Entre otras muchas, será preciso estudiar la cuestión del conocimiento no deseado. Es
algo muy poco tratado por la ley en una sociedad liberal, porque va directamente contra el
núcleo de sus presupuestos constitucionales y hábitos de investigación. Los casos
aislados de autorrestricción por parte de científicos que se abstienen de
introducirse en una materia cuyo conocimiento puede resultar peligroso si continúan
desarrollándolo no constituyen la dinámica general de la ciencia. Aunque haya voces que
se decanten en esta dirección, la idea de que el conocimiento por sí mismo es dañino
resulta, tanto para el científico como para la sociedad liberal, un anatema. No existen
razones indiscutidas para poner objeciones al desarrollo de los conocimientos
científicos, excepto cuando ello implique la manipulación ilícita de individuos, etnias
o minorías sociales y la difusión de información confidencial sobre los mismos. Pero en
la práctica no resulta fácil distinguir entre medios apropiados e inapropiados para el
desarrollo del conocimiento científico(61). Conclusión Una vez más la cultura, la sociedad y la reflexión ético-legal acusan el impacto de un desarrollo científico-tecnológico importante. Yo no diría que en este caso la reflexión ética o filosófica, en concreto, van muy por detrás de la ciencia y la técnica. Lo que sí parece evidente es que distinciones tan rancias como ciencias del espíritu y ciencias de la naturaleza, comprender y explicar, discursos genuinamente humanistas y discursos tecno-científicos, poco ayudan para tomar posición en un debate obligadamente interdisciplinar como requiere el PGH. Quizás el desarrollo científico-tecnológico experimentado por la Física y la Química hasta los años 80 favoreció el alejamiento entre ciencia y humanidades, o fomentó justificadamente reflexiones filosóficas muy críticas respecto al papel de la ciencia y de la técnica en la sociedad. Pero es innegable que los progresos en biomedicina y biología molecular no están siguiendo el mismo rumbo. Aunque los problemas planteados en este terreno son muchos e importantes, el esfuerzo de reflexión interdisciplinar está siendo posible porque muchos científicos se han interesado por los aspectos filosóficos, éticos o sociales de su trabajo, y porque filósofos, sociólogos o juristas han decidido estudiar en serio las técnicas, desarrollos y conocimientos aplicados recientemente en biología molecular o genética humana. En mi opinión, el reto más importante en relación con el PGH es difundir a todos los niveles la información técnica básica y los criterios éticos, filosóficos o sociales imprescindibles para una toma de posición personal, autónoma y responsable entre los ciudadanos. Antes o después la posibilidad de acceso a los servicios genéticos será una realidad para la mayoría, como lo son ahora otros servicios sanitarios. La formación de expertos y profesionales que faciliten información y asesoramiento apropiados debería ser un objetivo prioritario. Pero las cuestiones mencionadas exigen un estudio y difusión más allá del círculo de expertos, y el ámbito educativo sigue siendo, como en tantos otros problemas, el más adecuado para un tratamiento interdisciplinar coordinado(62). Miguel Moreno Muñoz Las Palmas G.C., 13 de junio de 1995
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NOTAS 1. Ya se han aclarado aspectos fundamentales para toda la moderna biología, p.ej.: i) Los ácidos nucleicos son la base molecular de la herencia y es posible reconocer sus segmentos codificadores de proteínas exones y los no codificantes intrones. Los esquivos «factores mendelianos» responsables de la herencia de rasgos fenotípicos son genes, es decir, fragmentos de ADN. ii) La estructura molecular del ADN está compuesta por dos hebras complementarias, en forma de doble hélice, con 4 nucleótidos emparejados: Adenina-Timina, Guanina-Citosina. Estas bases pueden agruparse en 64 tripletes o codones de 3 bases que codifican 20 aminoácidos, el código genético. iii) Se conocen con bastante detalle los procesos genéticos de síntesis de proteínas transcripción y traducción y se van desentrañando los mecanismos que regulan la expresión génica, así como la base molecular de las mutaciones. 2. 1ª) Fragmentación del ADN mediante enzimas de restricción que cortan la cadena de ADN por lugares específicos. Los segmentos obtenidos pueden volver a unirse mediante las ligasas del ADN, para construir así cadenas de ADN completamente nuevas; 2ª) Hibridación de ácidos nucleicos, mezclando ADN procedente de diversos organismos para formar moléculas de ADN recombinante; 3ª) Secuenciación del ADN, mediante secuenciadores automáticos que analizan largos fragmentos de ADN y descifran uno por uno el orden de sus nucleótidos; 4ª) Utilización de retrovirus y plásmidos genéticamente desactivados y modificados como vectores para introducir genes extraños o ADN recombinante en células diana. La introducción en bacterias de genes humanos, junto con sus secuencias promotoras y reguladoras, permite obtener de forma barata y limpia productos de gran utilidad farmacológica como insulina, interferón, hormonas, etc. 5ª) Clonación de genes individuales, para obtener rápidamente las copias necesarias de ese gen. Para identificar y seleccionar en el cultivo sólo aquellas en las que se ha expresado el gen recombinante se recurre al empleo de (i) sondas de ARNm marcadas radiactivamente se adhieren exactamente al gen recombinante diana y un instrumento óptico-fotográfico permite su localización física precisa; (ii) transcriptasas inversas enzimas en virus con ARN como molécula primaria para obtener copias del ARNm en ADN monocatenario que se adhieren al gen diana; (iii) sondas radiactivas de anticuerpos detectan y neutralizan anticuerpos; y (iii) procedimientos de genética inversa aislada la proteína que interesa se determina el orden exacto de sus aminoácidos y mediante el código genético podemos averiguar la secuencia de bases en la molécula de ADN que la codifica. Copias del gen sintetizadas en laboratorio y marcadas radiactivamente pueden emplearse como sondas para rastrear otras copias recombinantes del gen en cultivos bacterianos. 3. El recurso a la electroforesis en gel mediante campos eléctricos intermitentes (PFGE) para separar grandes fragmentos de ADN entre 200 kpb y 3.000 kpb, equivalentes al tamaño de un cromosoma de levadura ha facilitado enormemente el análisis físico de genomas completos de organismos eucariotas y su cartografía genética física a gran escala. Cf. Una completa descripción de estas técnicas ofrecen J. Watson, Gilman, Witkowski y Zoller (eds.), Recombinant DNA. W.H. Freeman and Co., New York, 19922ª: 583-600; y N. Grant Cooper (ed.), The Human Genome Project. Deciphering the Blueprint of Heredity. University Science Books, Mill Valley, California, 1994: 71-296. Técnicas más recientes como la clonación posicional, el análisis representativo de las diferencias genéticas, la hibridación genómica comparativa o la búsqueda de secuencias alélicas sin acoplamiento vienen descritas por A.P. Monaco y P.O. Brown en Current Opinion in Genetics and Development 4, 1994: 360-373. 4. El genoma de la bacteria E. coli contiene unos cuatro millones de pares de bases; el de la mosca Drosophila melanogaster, 165 millones pb; 3.000 millones pb tiene el de un mamífero como el ratón y 3.500 millones pb el del Homo sapiens. 5. Cf. M.S. Boguski, «Bioinformatics», Current Opinion in Genetics and Development 4, 1994: 383-388. 6. 1) Por separado, una muestra de ADN cromosómico de células humanas y un vector vírico son sometidos a la acción de enzimas de restricción que dividen los 46 cromosomas en fragmentos de una longitud no superior a algunos miles de bases y crean fragmentos de ADN vírico con extremos solapantes que pueden adherirse a los extremos complementarios del ADN humano; 2) ADN humano y vírico se combinan al azar, con el objetivo de que cada gen humano se inserte en al menos un virus; 3) Los virus recombinantes se cultivan en laboratorio, cubiertos por capas de células bacterianas. Cada replicación de los virus supondrá la duplicación de los genes humanos. El conjunto de virus constituyen la «genoteca humana»; 5) Se necesita, además, un índice exhaustivo que facilite una localización precisa de cada gen. En los últimos años se vienen utilizando cromosomas artificiales de levadura como medios más efectivos para la obtención de la genoteca, pues admiten genes de un tamaño mucho mayor que el aceptado por los virus desde 40.000-50.000 pb hasta varios millones de pb. El encadenamiento de las secuencias contiguas de ADN se hace por ordenador, buscando automáticamente los extremos solapantes. 7. Robert Sinsheimer, rector de la Universidad de California en Santa Cruz en 1985, lanzó la propuesta de iniciar la secuenciación completa del genoma humano en su propia universidad en una reunión a la que habían sido convocados importantes científicos moleculares. 8. Supone la obtención de marcadores genéticos, su ordenación por grupos de ligamiento cromosomas, la saturación de cada cromosoma con marcadores genéticos a una distancia de 5cM 106pb y la localización de genes intervinientes en enfermedades. 9. Es decir, la obtención de genotecas mediante clonación de ADN humano en fagos, cósmidos y YACs o megaYACs; solapamiento de los clones contiguos contigs y construcción del mapa físico. 10. Supone identificar fragmentos específicos de interés médico, la obtención de ADNc correspondiente a secuencias expresadas genes funcionales y la creación de lugares etiquetados por su secuencia (STS). 11. Cf. J.R. Lacadena, «El Proyecto Genoma Humano y sus derivaciones», en J. Gafo (ed.), Ética y biotecnología. Publicaciones de la Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, 1993: 95-121. 12. Cf. C. Thomas Caskey, «The genome Project and Clinical Medicine», en Mark A. Rothstein (ed.), Legal and Ethical Issues Raised by the HGP. Proceedings of the Conference Held in Houston, Texas, 7-9 March, 1991: 41-68. 13. La fibrosis quística provoca la formación de una capa mucosa en los pulmones y en el sistema digestivo. La mitad de los nacidos con la enfermedad mueren hacia los 20 años, y los que sobreviven llegan hasta los 30. Entre los blancos, uno de cada 20 es portador sano del gen. Su incidencia es de 1/2.500 recién nacidos. Existe ya una terapia genética eficaz que alivia en un 30% los síntomas de la enfermedad. Caskey enumera bastantes enfermedades que podrían beneficiarse a corto plazo de estas investigaciones: el síndrome del X frágil, el síndrome de Lowe y la distrofia muscular de Emery-Dreifuss (ligadas al cromosoma X); en el resto de los cromosomas, la distrofia muscular de Duchenne, el síndrome de Lesch-Nyhan, la enfermedad de riñón poliquístico en adultos, la corea de Huntington, la distrofia miotónica y el síndrome de Marfan, p.ej., cuyos tratamientos sin terapia posible, sólo paliativos representan un enorme gasto para el sistema sanitario. 14. Cf. Benno Müller-Hill, «El espectro de la injusticia genética». Mundo Científico 143, vol. 14, 1994: 154-157. 15. Cf. D. Cohen, I. Chumakov, J. Weissenbach: «A First-Generation Physical Map of the Human Genome». Nature 366, 1993: 698-701. Se utilizaron 33.000 clones de YAC de unos 0.9 Mb de tamaño medio. 16. En el caso de la enfermedad de Alzheimer, los últimos esfuerzos a fecha de 21 de septiembre de 1994, Día mundial del Alzheimer se están centrando precisamente en el diseño de sondas genéticas para la detección de portadores prenatal/posnatalmente, sin que exista todavía una terapia eficaz a la que el paciente portador pueda someterse como medida curativa o paliativa. 17. Cf. Wingerson, Mapping Our Genes. The Genome Project and the Future of Medicine. New York, Dutton, 1990; Lacadena, o.c., p. 105. 18. J.D. Watson, «The Human Genome Project: Past, Present and Future». Science, 248, 1990: 44-48. 19. Cf. Robert Bazell, «Informing the Public about Genome Issues», en Mark A. Rothstein (ed.), Legal and Ethical Issues Raised by the HGP. Proceedings of the Conference Held in Houston, Texas, 7-9 March, 1991: 96. 20. Es un trastorno que provoca movimientos involuntarios (tics). La esperanza de vida de los afectados, a diferencia de lo que sucede a gente con fibrosis quística u otras enfermedades genéticas (Tay-Sachs, Huntington, etc.) es idéntica a la del resto de la población. El trastorno tiene una amplia variedad de expresiones, desde tics leves que desaparecen en la infancia hasta tics motores y vocales que duran toda la vida. Datos recientes sugieren que la gran mayoría de los afectados tienen la variedad leve y que nunca requieren atención médica. El perfil típico de un afectado es una persona sana, con trabajo, de unos 25 años, que está tomando una medicación genérica no muy cara, y que todavía no puede conseguir cobertura social en sistemas sanitarios como el estadounidense. 21. Cf. Gerald Friedman y Richard Reichelt, «ELSI: Ethical, Legal and Social Implications», en N. Grant Cooper, The Human Genome Project: Deciphering de Blueprint of Heredity. University Science Books, Mill Valley, California, 1994: 305-306. 22. Un defecto de forma en los glóbulos rojos que dificulta la absorción de oxígeno por la sangre, sobre todo en entornos pobres en oxígeno. 23. Los portadores de la enfermedad, especialmente las mujeres, fueron estigmatizados por la sociedad, a pesar de que eran perfectamente sanos. Cuando llegaron a la edad de casarse, sólo los otros portadores las podían considerar elegibles. Así, el propósito inicial de evitar en lo posible la transmisión de la enfermedad al niño, vía paterna y materna, se vino abajo. Lo que de hecho produjo el sondeo fue un aumento del riesgo general para contraer la enfermedad en esa población. Cf. Christopher Joyce, «Your genome in their hands», New Scientist, 11/8/1990: 52-55. 24. Cuando las personas con riesgo de padecer la enfermedad de Huntington son informadas de que existe un test predictivo gratis, sólo el 10% aceptan someterse al test. La razón está en que los primeros síntomas de la enfermedad de Huntington comienzan a aparecer a los 30-40 años, produciendo una degeneración progresiva e irreversible del sistema nervioso central. El test resulta fiable, pero si da positivo el individuo recibe un fuerte impacto psicológico y muchas deficiencias o errores de explicación normal son atribuidos a un inicio de sus síntomas, con lo que la sensación de angustia psicológica puede llegar a ser insoportable. Cf. Farrer, «Suicide and Presymptomatic Testing in Huntington Disease», American Journal of Medical Genetics 26, 1987: 319-320; Ever-Kiebooms, Swerts et al., «The Motivation of At-Risk Individuals and Their Partners in Deciding for or Against Predictive Testing for Huntington´s Desease», Clinical Genetics 35, 1989: 29-40. 25. Cf. G. Friedman y R. Reichelt, «ELSI: Ethical, Legal and Social Implications», en N. Grant Cooper, The Human Genome Project: Deciphering de Blueprint of Heredity. University Science Books, Mill Valley, California. 1994: 308-309. 26. Los fundamentos legales y filosóficos del derecho a la intimidad/privacidad en el contexto de la información genética son una de las áreas que requieren desarrollo inminente. 27. Cf. R.C. Lewontin, «The Dream of the Human Genome». The New York Review, 28/5/1992: 31-40. El autor afirma que «hay muchas empresas, incluido el FBI, interesadas en vender métodos de emparejamiento genético, bastante caros a pesar de su no excesiva fiabilidad y, por supuesto, fuera del alcance del presupuesto corriente de los acusados, defendidos normalmente por un abogado de oficio». 28. Una de las primeras críticas dirigidas contra el uso de datos genéticos procedentes de bancos de datos del FBI es que sus patrones eran muy heterogéneos, obtenidos a partir de hispanos, negros, amerindios, chilenos del sur, etc. Y las comparaciones fueron hechas con unas estimas de frecuencia muy conservadoras. Cuando víctima y acusado pertenecen a grupos marginales de los que apenas se tienen patrones de frecuencia, la cosa se complica aún más. 29. Victor McKusick, genetista de reconocido prestigio, calificó de infundamentada semejante decisión judicial. 30. Cf. D.J. Balding y P. Donnelly, «How convincing is DNA evidence?», Nature 368, 1994: 285-286. 31. Miembros del London Metropolitan Police Forensic Science Laboratory, p.ej., reconocen que prácticamente el 20% de los sospechosos de violación son descartados por el análisis del ADN (ibíd., p. 285). 32. Según Balding y Donnelly, los casos típicos para solicitar la prueba de ADN como medio de obtener evidencias incriminatorias son aquellos en los que se carece de evidencias adicionales. 33. Ibid., p. 285. 34. Es la opinión de Ángel Carracedo, catedrático de Medicina Legal y Director del Departamento de Ciencias Forenses (Univ. de Santiago de Compostela), en su ponencia «Genética Forense», en el Seminario Nacional sobre «El Consejo Genético». Salamanca, 8-10 de abril de 1994. 35. Cf. Friedman y Reichelt, o.c., p. 310. 36. Esta diferencia de contextos y sus repercusiones sobre el argumento de respeto a la autonomía no es tenida en cuenta por Dianne Bartels, el director administrativo del Centro para Ética Biomédica en la Universidad de Minnesota, en su intervención recogida por Friedman y Reichelt, o.c., 310-311. 37. El primer estudio sobre el asunto lo publicó la revista médica británica Lancet en 1961. Pero fue el 25 de diciembre de 1965 cuando Patricia Jacob y cols. publicaron en Nature su trabajo «Comportamiento agresivo, subnormalidad mental y el varón XYY», realizado entre 197 individuos del manicomio escocés de alta seguridad de Carstais, definidos como «pacientes varones mentalmente subnormales, con propensiones peligrosas, violentas o criminales». Descubrieron que el 3,5% de las células extraídas de muestras de sangre de esos individuos presentaban claras anomalías cromosómicas: 47 cromosomas en lugar de 46, por un cromosoma Y adicional. Y todos ellos tenían un historial documentado de enfermedad mental o comportamiento agresivo. 38. Cf. D. Suzuki y P. Knudtson, GenÉtica. Conflictos entre la ingeniería genética y los valores humanos. Tecnos, Madrid, 1991: 126-141. 39. Ibid., 137-141. 40. Algunas clínicas y laboratorios se niegan a proporcionar información sobre el género del nasciturus. 41. Cf. la «Carta de Berg» a la revista Science, en 1975. El premio Nobel, pionero en la clonación de genes, abogaba por una dilación en los experimentos hasta garantizar el suficiente control de los riesgos. La carta facilitó el acuerdo para la Conferencia de Asilomar (1975), cuyas recomendaciones (Science, julio de 1975) sirvieron de base para las directrices sobre investigación en genética adoptadas por los NIH de EE.UU., y que han regulado los experimentos con ADN desde 1976. Cf. tb. Norton D. Zinder, «The Berg letter: a statement of conscience, not of conviction», en Hastings Center Report 10, 1980: 14-15. 42. Cf. S. Vilanova, Chernobil: el fin del mito nuclear; el impacto informativo y biológico del mayor accidente de la industria electro-nuclear. Anthropos, Barcelona, 1988. 43. Cf. National Center for Human Genome Research, Ethical, Legal, and Social Implications program. Funding Status Report. Bethesda, Maryland, 1993. 44. Según González Blasco, prensa no especializada y televisión son las principales vías utilizadas por los ciudadanos españoles para conocer las novedades científicas y sus aplicaciones. Cf. «Los españoles ante la ciencia y la tecnología». Revista Internacional de Sociología 4, 1993: 233-270. 45. Una moratoria prolongada de las investigaciones en genética molecular humana, por ejemplo, provocaría un retraso difícilmente recuperable en el estudio y prevención de enfermedades como el cáncer, el SIDA, el mal de Alzheimer, enfermedades cardiovasculares, diabetes, alergias, reumatismos y otras muchas, asociadas a mutaciones genéticas específicas (cf. Daniel Cohen, Los genes de la esperanza. En busca del genoma humano. Seix Barral, Barcelona, 1994: 41). David White, un investigador especializado en un avanzado tratamiento genético de animales para suprimir los problemas inmunológicos que presentan todavía los xenotrasplantes órganos de animales a humanos fue objeto de un atentado con bomba por parte de grupos radicales contrarios a sus experimentos. Esto le obliga a trabajar rodeado de costosas medidas de seguridad. Cf. EL PAÍS, 12/6/95: 33. 46. Cf. Lacadena, o.c., 110-112; Íd., «Gen-ética: a nuevos avances científicos, nuevos problemas éticos», en L. Rodríguez (ed)., La fe interpelada. Madrid, UPS-UPCM-CESJ, 1993: 53-55, 72-75. 47. Cf. Miguel Moreno, «La determinación genética del comportamiento humano. Una revisión crítica desde la Filosofía y la Genética Molecular», Gazeta de Antropología (Univ. Granada), nº 11, 1995: 46-58. 48. Francis Galton (1822-1911) propuso un programa al que llamó «eugenesia» (del griego: bueno en nacimiento o noble en herencia), cuyo objetivo era «dar a las razas más convenientes o linajes de sangre mejor dotados una mayor oportunidad de prevalecer rápidamente sobre los demás». Sus ideas tuvieron amplia aceptación a finales de siglo entre profesionales, médicos e intelectuales Goddard, Davenport y público de Norteamérica, Inglaterra y Alemania, entre otros. Hacia los años 20, el principal empeño de los eugenistas era prevenir la degeneración social que percibían en la sociedad industrial urbana. Consideraban el crimen, el chabolismo y la prolifereación de enfermedades síntomas de patologías sociales atribuibles, en primer lugar, a causas biológicas (de sangre). Estaban convencidos de que la pobreza era el resultado no de escasas oportunidades educativas o económicas, sino de las ínfimas capacidades morales e intelectuales de los pobres, enraizadas en una biología defectuosa. Temían que el influjo de la Europa del Sudoeste rápidamente contaminaría a la población americana, «haciéndola más oscura en pigmentación, pequeña en estatura, más voluble y propensa a los crímenes de latrocinio, secuestro, violación, asesinato, estupro e inmoralidad sexual». Cf. Daniel J. Kevles, «Controlling the Genetic Arsenal», Wilson Quartely, Spring 1992: 68-76. 49. Desde hace años el gobierno chino viene sorprendiendo con periódicas iniciativas eugenésicas. Un reciente proyecto de ley incluye la propuesta de prohibir el matrimonio a los individuos con una historia médica de rasgos indeseables. Cf. «China´s misconception of eugenics», Nature 367, 1994: 1-2; y M. Moreno, o.c., 46-47 y 55-57. 50. Cf. Juan Ramón Lacadena, «El Proyecto Genoma Humano y sus derivaciones», en J. Gafo (ed.), Ética y biotecnología. Publicaciones de la Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, 1993: 116-120. 51. Cf. R.S. Eisenberg, «Patent Rights in the HGP», en G.J. Annas y S. Elias (eds.), Gene Mapping: Using Law and Ethics as Guides. Oxford University Press, New York, 1992: 226-245. 52. Cf. D. Gershon, «US and British researchers agree not to seek gene fragment patents». Nature, 367, 1994: 583. 53. Cuando en el siglo XIX, con la nueva física, se generalizó la creencia de que toda la ciencia, incluida la biología, podría ser derivada de la mecánica, cualquiera de las máquinas empleadas entonces podía servir como modelo metafórico para comprender al ser humano. Descartes, p.ej., caracterizaba al cuerpo humano como un ingenioso autómata hecho por las manos de Dios. Cf. R. Descartes, Oeuvres de Descartes, Vol. 11, Adam-Tannery, París, 1910, p. 119. 54. Cf. Miguel Moreno, «El lastre de modelos metafóricos computacionales en el desarrollo de la genética humana y sus implicaciones éticas», en Actas del I Congreso de la Sociedad Española de Lógica, Metodología y Filosofía de la Ciencia. UNED, Madrid, 1993: 436-440. 55. J. Watson caracterizó el Proyecto Genoma Humano como la búsqueda de «la respuesta última al soporte químico de la existencia humana», y afirmaba que «en gran medida, nuestro destino está en nuestros genes» (Watson, J.D., «The Human Genome Project: Past, Present and Future», Science, 248, 1990: 44-48). Según otros, «conociendo el genoma humano completo conoceremos lo que es ser humano» (W. Gilbert, citado por Lewontin, R., «The Science of Metamorphoses», New York Review of Books, April 1989: 18). 56. Cf. R.C. Lewontin, «Biological Determinism as a Social Weapon». Ann Arbor for the People. Burgess Press, Minneapolis, 1977. 57. Esta es la tesis básica del reciente y polémico libro de Charles Murray y Richard J. Herrnstein, The Bell Curve. Harvard?, sept. 1994. Una excelente crítica contra planteamientos de este tipo puede encontrarse en Evelyne Schuster, «Determinism and Reductionism: A Greater Threat Because of the Human Genome Project», Gene Mapping. Using Law and Ethics as Guides. Oxford University Press, New York-Oxford, 1992: 116-127. 58. Cf. M. Moreno (nota 54), donde se precisan diferencias importantes entre el código genético y un programa informático y se cuestionan otras propiedades atribuidas a la molécula de ADN. Otros enfoques del problema: S.A. Newman, «Idealist Biology». Perspectives in Biology and Medicine, 31, 1988/3: 353-368; Id., «Genetic Engineering as Metaphysics and Menace». Science and Nature, n. 9-10, 1989: 113-124; I. Núñez de Castro, «El proyecto genoma humano. Discurso bioquímico y discurso antropológico», en L. Rodríguez (ed.), o.c., pp. 29-48. 59. Cf. Alexander Capron, «Legal Challenges of the Genome Project», en Mark A. Rothstein (ed.), Legal and Ethical Issues Raised by the HGP. Proceedings of the Conference Held in Houston, Texas, 7-9 March, 1991: 69-87. 60. A este objetivo responden los encuentros en España auspiciados por la Fundación BBV, entre otras instituciones, y plasmados en dos obras de referencia obligada: Fundación BBV (ed.), Proyecto Genoma Humano: Ética. Bilbao, 19911ª y El Derecho ante el Proyecto Genoma Humano, I-II. Bilbao, 1994. 61. Cf. Capron, ibíd. Otras cuestiones pendientes de reflexión en profundidad son el problema de la libertad humana, la culpabilidad y la responsabilidad penal a la luz de los nuevos conocimientos genéticos; la doctrina tradicional sobre el derecho de patentes, sus efectos sobre los recientes descubrimientos genéticos y las actualizaciones pertinentes; etc. 62. Cf. Miguel Moreno, «Sondeo sobre "la percepción social de los avances en genética y sus implicaciones éticas". Evaluación y propuestas para su tratamiento en el sistema educativo» (pp. 1-16), en Actas del III Congreso Internacional "Educación y Sociedad". Granada, 16-19 de noviembre de 1994 [en prensa]. Agradezco al prof. D. Enrique Iáñez Pareja (Dpto. de Microbiología, Univ. de Granada) su eficaz colaboración en este último trabajo citado y muchas sugerencias que subyacen a párrafos de todo el artículo. * Proyección es una revista editada por la Facultad de Teología de Granada. |
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