Con todo el descaro de la juventud (Dary tiene 9 años), y
la gran paciencia de la senectud, nos hemos atrevido a confeccionar esta página, en la
esperanza, de que si podemos encender una lucecita, aunque sea tan solo para una persona
afectada de este síndrome, tan poco conocido como devastador, la recompensa será
superior a las quemaduras, que pudiéramos hacernos.