Otra
vez Cobreloa sufrió más de la cuenta para derrotar al rival de turno
en Calama. Audax Italiano, no rompió ningún esquema y vino a realizar
el clásico esquema defensivo de los equipos sin mayores ambiciones
aplican en el Municipal.
Un
mal endémico del fútbol chileno, y que casi nunca da resultados,
porque por lo general, los que juegan a no ganar, terminan perdiendo.
Claro que Cobreloa, tampoco hizo mucho por cambiar la situación,
porque a pesar que tuvo ganas y voluntad, nunca encontró claridad
y le faltó variantes para abrir la cerrada defensa.
Lo
que se dice respecto de la falta de finiquito, quedó en evidencia,
ya que las oportunidades se crean, pero falta la puntada final.
Ocasiones hubo, pero siempre el remate fue defectuoso o se pensó
un segundo tarde, precisamente en el lugar y en el instante donde
deben brillar los jugadores fríos.
Así
dio la impresión, que otra vez se regalaba un tiempo y que los forasteros
cumplian sin mayores sobresaltos su libreto. El juez Enrique Oses,
ayudó para que el espectáculo fuera de baja categoría y las expulsiones
de Vivar, y luego de Toresani, conspiraron para que los primeros
45 minutos, no tuvieran otro atractivo que la locuacidad de las
bancas.
Casi
al final
Se pensó que como tantas otras veces, el segundo tiempo sería la
redención local. Malbernat había hecho ingresar a Madrid y quedó
con una línea de tres en el fondo.
Audax
estaba parado en su propia cancha, y con una defensa armada bajo
las instrucciones de Zunino. Como única arma de ataque quedó el
hábil y veloz "Bocha" Carrasco, el mejor de los itálicos. Los minutos
corrían y las 3 mil 700 almas que se apostaron en las gradas, veían
intranquilas como los Zorros del Desierto no podían resolver el
puzzle.
Dinamarca
y Celedón, no encontraban el buen fútbol y se mostraron erráticos
por largos pasajes. Ni Madrid ni el debutante Sergio Núnez, encontraban
espacios y sucumbieron generalmente ante la marca de los espigados
defensas, y cuando tuvieron alguna ocasión San Martín siempre respondió.
Cornejo
y Fuentes se atrevieron de distancia, pero ninguno de sus remates
logró inquietar. Era un choque constante contra la barrera verde,
hasta que vino el minuto feliz. Rodrigo Pérez estaba cargado por
derecha, recibió un balón cerca de la banda y comenzó a encarar
en diagonal.
Se
sacó a cuanto rival se le puso por delante y sacó un remate bajo
que se coló en el ángulo inferior izquierdo del portero de Audax.
La alegría se apoderó del recinto de la Avenida Matta y vino el
respiro. Lo que vino luego fue sólo un mero trámite. Costó, pero
tras el pitazo final se sumaron tres nuevos puntos muy importantes
para seguir en carrera. Pérez salvó la tarde...
Texto:
El Mercurio de Calama
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