Voces
divididas no permiten hablar de crisis, pero objetivamente, Cobreloa
no ha conseguido ser la "naranja mecánica" que se esperaba de local
y aunque se puede decir que la cabeza está metida en lo que es Copa
Libertadores, no hay que negar que el funcionamiento del equipo
no tiene mejoría.
El
punto rescatable sigue siendo el corazón, que en otras ocasiones
alcanzó para empatar partidos, pero que anoche no sirvió para dar
vuelta un encuentro que Concepción sacó adelante de la forma clásica
como se pueden obtener puntos en Calama.
El
primer tiempo de ambos equipos fue muy malo, aunque Cobreloa llegó
en un par de paredes no tuvo otra vez la fineza para definir en
el área. Los centros desde los costados fueron el arma más dañina,
pero la defensa de Concepción no permitió abrazarse.
Y
los lilas hicieron su partido, se refugiaron pensando en un contragolpe
e intentando de media distancia, pero el partido era malo, no daba
para goles y sí para pifias. Su majestad La disposición en el complemento
cambió de parte de ambos cuadros.
La
falta de presión en la salida del rival que se apreciaba en Cobreloa
cambió un poco con el ingreso de Paolo Vivar, quien junto a Rodrigo
Pérez protagonizó los ataques más punzantes de Cobreloa. Pero faltaba
el gol, y sorpresivamente fue Concepción por medio de contragolpe,
que en el '66 tejió un gol a través de Almendra que finiquitó muy
bien Verdugo, dejando en el camino a Fuentes y Meléndez. Tiro fuerte
arriba y Mele sin opción: 1 a 0.
Pero
nadie terminaba de lamentarse cuando Mauro Donoso agarró un balón
en el mediocampo y Madrid no lo alcanzó. El lateral de Concepción
entró al área, ganó línea de fondo y centró atrás. Almendra se dio
media vuelta en el área chica y no perdonó las licencias naranjas:
2 a 0.
El
gol de Cobreloa lo buscó Rodrigo Pérez -como en tres ocasiones remató
de la misma forma- y lo hizo solito, clavándole el balón a Navarro
Montoya en un ángulo. Cero profundidad Pero no habría más, intentonas
desde ambos costados, centros que encontraron cabezas y no las redes,
tiros de media distancia desviados y la misma falencia que Cobreloa
ha demostrado hasta ahora: cero profundidad por el medio, paredes
cortas y apuradas que si no terminaron en las canillas lilas se
fueron largas.
Sigue
preocupando Cobreloa, sobre todo en casa, cuando queda en el grupo
de los colistas y cuando de cuatro partidos sólo se han rescatado
dos puntos. El análisis de la dirigencia se hace en las reuniones,
pero en la cancha, Oscar Malbernat asume toda su cuota.
Los
problemas no pasan por disposición ni entrega, pasa por el funcionamiento
colectivo que las individualidades loínas no han podido encontrar.
Galaz y Tagliani no tuvieron nunca claridad, Baldivieso no pudo
hacer daño y Fernando Cornejo -oficiándolas de volante de contención-
fue la aduana de Cobreloa, pero no el titiritero.
Otra
decepción en casa y las pifias esta vez llovieron, una pena grande
que sólo la otra cara de Cobreloa, esa que en la Copa Libertadores
ha sabido obtener resultados, puede devolver la sonrisa a la gente
naranja y ofrecer el tan esperado despegue.
(Texto
El Mercurio Calama)
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