Las
tres mil doscientas personas que llegaron hasta el Estadio Municipal,
fueron testigos de la mediocre presentación del elenco minero. Y
aunque en el papel, Cobreloa saltaba al gramado loíno con un esquema
que anunciaba un fútbol ofensivo y lleno de variantes, el juego
desplegado por los naranjas quedó sólo en eso, el papel.
Unión
Española, llegó precedida de una semana complicada, y se arrimó
hasta Calama, con un cuerpo técnico de emergencia, que supo bien
armar el esquema hispano y complicar el andamiaje de los Zorros
del Desierto. Desde las gradas, Leonardo Véliz miraba atento el
funcionamiento de sus próximos dirigidos y se asombraba del bajo
nivel de Cobreloa.
El primer tiempo, la velocidad de Tagliani y Galaz fue el principal
arma ofensiva, pero el desorden imperante de tres cuartos de cancha
hacia arriba, permitió el trabajo de la zaga capitalina.
En
el mediocampo, la contención naranja pasaba zozobras tratando de
contener el toque y la movilidad de los volantes de la Plaza Chacabuco.
Tagle, Medina y Córdova se juntaron y urdieron una red que desconcertó
el trabajo de Abdala y Cornejo; a ellos se sumaron Queraltó y Neira
y el fútbol en los primeros minutos lo desplegó el elenco rojo,
que anoche vistió de blanco.
Este
dominio rindió sus frutos al minuto cuando el repatriado Manuel
Neira culminó en la boca del arco, una jugada por el sector derecho,
e instaló el desconcierto en las huestes de Cobreloa.
La
reacción de los locales no se hizo esperar y la oncena del "Cacho"
salió con todo en busca del empate. La presión de los Zorros se
hizo insostenible en el pórtico de Nelson Cossio, hasta que Paolo
Vivar, el mejor jugador naranja, conectó de cabeza un tiro de esquina
de Baldivieso.
De
ahí para adelante, el trámite del partido se volvió un monólogo.
Uniónse replegó, apostando al contragolpe, mientras que Cobreloa
trató de buscar el desequilibrio, pero carente de variantes ofensivas
que permitieran vulnerar el cerco impuesto por los forasteros.
No
hubo proyección por la bandas y todo el juego estuvo centralizado
en paredes por el centro del área, donde precisamente había un bosque
de piernas hispanas. Los primeros cuarenta y cinco minutos se fueron
con la paridad, y con la sensación de que otra vez la escuadra minera
no encontraba el rumbo.
Para
el olvido
La
segunda fracción fue la prolongación del juego abúlico. Cobreloa
no encontró nunca la fórmula para abrir la correcta disposición
visitante. No hubo tiros de distancia, tampoco aparecieron las individualidades
cuando el funcionamiento colectivo falló, y las ideas parece que
se quedaron en casa.
Desde
la banca saltó Juan Carlos Madrid, y su entrega no fue suficiente.
Promediando el complemento Rodrigo Corrales, reemplazó a Baldivieso
y ahí terminó de acabarse el fútbol.
Lo
que vino después fue una mezcla de descontento general de la hinchada
y la desesperación de los jugadores por conseguir el gol que diera
los tres primeros puntos del torneo como visita, que nunca llegó,
y que desnuda el funcionamiento naranja, que se torna cada vez mas
preocupante.
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