* Sólo
una temporada necesitó el equipo nortino para ascender, cimentado
en la experencia talentosa de algunos y la mística de todos en un
club muy profesional, donde el jugador es la primera prioridad.
El resultado está a la vista.
Si alguien
no los ubica, su presentación es fácil. La descripción de Cobreloa
no tiene misterios y se sustenta en varias cosas. A saber: una hinchada
fervorosa que puede recorrer 1.7000 km. entre Santiago y Calama;
un equipo maduro, cerebral, que pensando les ganó a otros que sólo
corrían; un financiamiento asegurado, lo que sin embargo no le resta
mérito a una administración eficiente y respetuosa del jugador y
un técnico como Andrés Prieto, que sigue creyendo ante todo en la
potencialidad del hombre que hay en cada futbolista.
Esa es la
suma de Cobreloa, que saló a jugar ante Santiago Morning con el
sedante de saber que previamente Wanderers ya se había condenado.
Por eso el último partido de la liguilla de promocional fue más
una vitrina que un sufrimiento, tomando en cuenta que el mismo Santiago
Morning enfrentaba por primera vez, en varios meses, un partido
sin amenazas ni traumas del descenso.
Y en ese plano,
Cobreloa pudo mostrar sus recursos sin apresuramientos, con una
libertad creadora que acaso no tenía desde hace varias jornadas.
Porque no es raro que Francisco "Chamaco" Valdés siga siendo un
lujo para la colección cuando resuelve con un solo toque algo que
otros demoran varios segundos en enredar, o que Guillermo Yávar
transmite su habitual aplicación, jugando ahora más atrás.
Ante Santiago
Morning, Cobreloa es la dimensión de su fútbol sin exuberancias,
con el trajín incesante del uruguayo Correa, para trabajar por toda
la raya izquierda, los pulmones del otro volante, Alarcón, que va
a todas, y la vertiginosa responsabilidad de Núñez y Ahumada, los
dos "voladores" del equipo en ofensiva. Es un estilo que sugiere
solidez, con la abrumadora eficacia que imponen en el fondo Jáuregui
y Garisto a despecho de que el tono ya "amistoso" del partido no
vaya con su temperamento.
Entonces es
buen partido en las intenciones de los dos, porque Santiago no regala
nada y apartir del fragar que pone Páez, en el medio, en su duelo
quizás legendario con "Chamaco", todos se estimulan para buscar
la llegada contundente de Lima o los piques de Martínez. Sobre los
10' Ahumada anota el primero, después que Cabrera deja rebotando
un disparo de Valdés. Es apertura coincidente con el mejor momento
de Cobreloa, motorizado por Valdés. Después Santiago levanta el
vuelo con la supremacía física que establecen en mediocampo Rivas
y Bernal, este último un juvenil que corre con envidiable continuidad.
Apretando
arriba Santiago encuentra su mejro negocio, ahogando la salida pulcra
de los volantes nortinos. Y en el último partido del año Santiago
muestra un "ordenamiento" temperamental que no tuvo en la temporada.
Esto, porque todos los roles están clarificados y ya Rivas no intenta
escamotearle un tiro libre a Rivas ni tampoco se dedica a protestar
sin medida. Y es importante, porque la serenidad del dotado "8"
bohemio, porque a su influjo se calman varios y todos piensan sólo
en jugar. No es injusticia, entonces, cuando Miguel Angel Martínez
le gana a Gómez un centro de Lima y señala el empate con un ajustado
cabezazo.
No es injusticia,
entonces, cuando Miguel Angel Martínez le gana a Gómez un centro
de Lima y señala el empate con un ajustado cabezazo. Es empate y
para la historia el último gol del año 1977...
Ya en el segundo
tiempo, las baterías de los dos disminuyeron su voltaje amparados
ambos en la certeza de que todo el drama lo monopolizaba Wanderers
y elos tenían derecho a las sonrisas.
Al cabo de
los noventa, jugando sin variaciones notables en el complemento,
Santiago pudo celebrar a su gusto como "campeones" e la liguilla,
prometiéndose lógicamente no reiterar los errores de esta temporada.
Pero Cobreloa era mucho más que una mera reinvindicación. Era el
sueño de un primerizo del debutante que asciende a Primera División
cuando una racha negativa al final de campeonato había obligado
a repara en "la edad de sus jugadores que no aguantaron el ritmo".
Cierto o no
ese desgaste, en tierra derecha, los hombres de Cobreloa ratificaron
su apego a una línea de fútbol con pelota asegurada y gestión asociada.
Con eso, más la mezcla de sabia veteranía e impulsiva juventud consiguió
el ascenso y completaron la rara costumbre de un club donde todos
cumplen: dirigentes, hinchas y... jugadores.
En plena euforia
ningún jugador dejó de resaltar las virtudes del irrestricto profesionalismo
que caracteriza a Cobreloa. Todos los que pensaban que Juan Olivares,
Guillermo Yávar o Francisco Valdés iban a "morir" futbolísticamente
en el norte se equivocaron rotundamente. Y es que al conjuro de
una dirección técnica que cree en los valores humanos más allá del
pizarrón, todos se unieron para gratificar la sensible esperanza
minera. De todos esos que cuando inauguraron el viaje de regreso
a Calama y Chuquicamata acariciaron la felicidad distinta de llegar
al "fútbol grande" con un equipod e hombres que le ganaron al escepticismo
del calendario...
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