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Revista Estadio, julio de 1977
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COBRELOA: Los sueños del Benjamín

La amistad se traduce en pequeños detalles. En el abrazo cordial de los jugadores a un ejecutivo joven que salió de vacaiones y al que ahora vuelven a encontrar en Santiago, por ejemplo. O en la forma en que cada uno habla de las bondades del otro.

La lluvia impidió que Cobreloa tuviera su primer examen en una cancha santiaguina. La exhibición de méritos futbolísticos quedó postergada. Pero sirvió para verlos desempeñarse como pasajeros de un hotel. Y para conversar sobre aspectos que no habrían alcanzado a tocarse en un conglomerado camarín.

Son sólo siete mese de vida. En un plantel de jugadores sólo 25 son de la zona. Su entrenador no sólo desconocía el club -no tenía por qué conocerlo, si no existía-, sino que estaba alejado del medio nacional desde hacía varios años. Sus dirigentes estaban habituados a las finanzas, a las obras de ingeniería, a la producción del cobre, pero no tenían oficio ni siquiera en el fútbol amateur.

Pero en siete meses se hizo mucho: se remodeló y amplió el Estadio de Calama, se levantaron camarines que constituyen una envidia, la cancha quedó como una alfombra, se formó un plantel poderoso, se efectuó una campaña de socios y el último inscrito lleva el 13.400.

Los jugadores que llegaron han aportado lo que de ellos se esperaba y se han integrado con sorprendente facilidad. La experiencia de Chamaco Valdés, Juan Olivares el mundo de Luis Garisto, Baudilio Jáuregui y Julio Correa, los tres uruguayos, han constituido lecciones prácticas para quienes buscan consagración: Daniel Díaz, el que era arquero de Magallanes; Manfredo González, ex Huachipato; Antonio Aedo, ex San Felipe; Cristián Sasso, ex Ovalle; Juan Nuñez, ex Naval; Carlso Gómez y Luis Ahumada, ex Lota, y para esos muchachos que sólo conocían el fútbol profesional por los relatos.

Andrés Prieto eligió bien e hizo buena mezcla de experiencia y juventud. Y trabaja con el entusiasmo y la seriedad de siempre.

Los dirigentes se aplicaron a su tarea futbolística, con la misma responsabilidad y dedicación conque complen sus labores en la empresa. Buscaron el asesoramiento adecuado y el consejo sabio antes de adoptar las decisiones más importantes. Y en su papel de ejecutivos, hablan poco y hacen mucho.

Y mientras los jugadores destacan el trato y la capacidad de los dirigentes, éstos hablan de la unión del grupo, del comportamiento general y de la integración de los jugadores con la comunidad. Patricio Reyes, jefe de la oficina de Chuquicamata en Santiago, director ejecutivo del club, tal vez el único dirigente con experiencia en el fútbol (fue consejero de la "U" en los tiempos del Ballet), destaca un gesto:

- Los jugadores acordaron donar mensualmente tres mil pesos para la organización llamada "Chuqui Ayuda". Se trata de proteger a niños desvalidos, a ancianos sin recursos. Y nadie se los pidió. Fue iniciativa de ellos.

El mismo dirigente pesa realidades y adelanta proyectos:

- Problemas económicos no hay. La empresa aporta al club, en calidad de préstamo, el equivalante a cada socio. Por un peso que pone un particular, pone otro peso. Además estamos convertidos, junto a Talca, en la mejor plaza. No bajamos de ocho mil personas y el promedio de socios es de 3.500 por partido. Y nuestra plantilla no es la más cara, la de Rangers es superior. Tenemos gran confianza en el equipo. El torneo es duro, pero las posibilidades son cuatro. Y con un equipo recién formado, estamos a sólo tres puntos del puntero. Sinceramente, no esperábamos cosechar tantos puntos en estas primeras fechas.

Y el futuro inmediato:

- Nuestra tarea es inciar el trabajo con la juventud. Formar divisiones inferiores y darles la posibilidad a los muchachos de la zona.

Hay deseos de trabajar. Existe preocupación por dar soluciones antes que el problema aparezca. Se brindan los medios.

Y los jugadores responden con calidad y profesionalismo. Juan Olivares parece rejuvenecido, pese a que ahora lleva bigotes. Chamaco bajó siete kilos. Yávar contagia espíritu actuando de volante de contención. Germán Concha se ve cambiado, más desenvuelto y colaborador.

Y los nuevos observan y aprenden. Aunque no sean tan jóvenes, como en el caso de Gustavo Cuello: a los 32 años de edad encontró la oportunidad de jugar en el fútbol profesional. Su explicación es simple:

-Llegé tan tarde al fútbol, porque el fútbol llegó tarde hasta donde estaba yo.

Funcionario de la Maestranza de Chuquicamata, prefierió el trabajo a las ofertas que le llegaron de distintos clubes, luego de actuar en cinco torneos nacionales de fútbol aficionado. Fue dos veces campeón, otras tantas subcampeón y tercero en la restante.

Esa costumbre de ser campeón no es exclusiva de Cuello. La adquirieron también Juan Olivares (en Wanderers y Unión Española), Francisco Valdés (en Colo Colo); Guillermo Yávar (en la U, la Unión Española, U. Católica y O'Higgins), Sergio Pérez (en Ñublense). Y con Luis Garisto no terminaríamos nunca: le tocó la época buena de Independiente, que llegó hasta campeón del mundo.

De ahí nace la fe de ver triunfantes unas camisetas de color naranja, que nacieron hace siete meses y que ya han conseguido mucho.

 



 

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