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Aitor era de los nuestros: sólo exigía a su equipo del alma,
la Real Sociedad, que quedara por encima del Athletic de Bilbao.
Su rivalidad con el equipo vizcaíno llegó al punto de ofrecer a su
hermano dos entradas para presenciar en Turquía el partido contra el
Galatasaray. La única condición que puso fue que debían animar a los
turcos. Su hermano viajó y regreso con dos bufandas del equipo de
Estambul, que Aitor regaló a dos clientes de Bilbao.
Aitor sabía distinguir entre la rivalidad y LO OTRO.
Descanse en Paz