|
Discurso de Orden en
Conmemoración del Día de la Juventud
Sesión Solemne del
Concejo Municipal del Municipio Carrizal,
Estado Miranda
25 de Febrero de 1999
Por: Carlos Guillermo Arocha
Deseo iniciar
mis palabras agradeciendo en forma sincera a la
ilustre Cámara Municipal de Carrizal y en
especial al Alcalde Félix Palacios por esta
oportunidad de dirigirme a la comunidad de este
querido Municipio Mirandino, al cual me siento
ligado por múltiples razones sentimentales,
familiares y políticas. La ocasión además es
propicia para que, inspirados en la acción y el
pensamiento de José Félix Rivas y los muchachos
venezolanos que con su propia sangre lograron la
hazaña de la Victoria, reflexionemos sobre los
retos que en la actualidad tenemos los jóvenes
del presente.
Se atribuye a
los antiguos griegos el considerar que "la
historia es una filosofía que enseña basándose
en ejemplos". ¿Qué mejor ejemplo para
nuestra juventud que el que nos legó Rivas
demostrando que es posible vencer a pesar de
tener las probabilidades en contra y que cuando
se asumen las responsabilidades y se vence el
temor el éxito se alcanza?
Las fechas
históricas, en especial aquellas con matices
heroicos, tienden cada día más a ser vistas
como el resultado de proezas de seres con
facultades extraordinarias, y distintos a los
demás humanos, sin reflexionar que son todo lo
contrario: Acciones de hombres y mujeres iguales
a nosotros, con debilidades y limitaciones, pero
que precisamente la clave de su mérito y la
razón por la que son recordadas cada año es
porque implicaron un esfuerzo supremo para ser
alcanzadas.
Para la
juventud venezolana es precisamente el 12 de
Febrero de 1814 una fecha fundamental. Pues se
consolidó un paso más hacia nuestra
independencia, gracias a la acción de jóvenes
estudiantes y seminaristas, sin mayor experiencia
en el manejo de armas o en las artes de la
guerra, pero que llenos de mística reforzaron al
ejército patriota dirigido por Rivas para
definir la derrota de los ejércitos realistas
comandados por Francisco Tomás Morales, segundo
del temido José Tomás Boves, quienes superiores
en número y armamento amenazaban seriamente la
causa republicana.
Estos hechos,
que implicaron dolor y muerte pero a la vez
gloria y libertad lograron el reconocimiento del
propio Libertador y del pueblo de Venezuela. Sin
embargo, visto a la luz de nuestros días, el
reconocimiento y la conmemoración oficial no
sería suficiente si el sacrificio que implicó
la gesta de la Victoria no sirve de inspiración
para conseguir nuevos logros para nuestra nación
y para nuestra gente. Sólo se justificaría la
acción de José Félix Rivas y de los jóvenes
patriotas si la juventud de hoy y de mañana
continúa su obra por medio de la preparación,
el esfuerzo por ser mejores venezolanos en todos
los campos y la voluntad para transformar
nuestros destinos y el de nuestro país para
hacerlo digno y trascendente.
Los jóvenes
de la Venezuela actual encontramos difíciles
retos que cumplir. Por un lado, nuestra juventud
no está plenamente identificada con el discurso
y la actuación que maneja la elite de la
sociedad venezolana. Parte de una sociedad
desigual y con profundas fallas que, aunque
democrática y con mayores oportunidades que
aquellas con las cuales contaron sus antepasados,
sigue manteniendo obstáculos complicados de
superar, por contener profundas injusticias y
limitaciones.
Orlando
Albornoz, en su estudio "Juventud y
Educación en Venezuela" hace referencia a
este problema cuando explica que "En el
caso venezolano los jóvenes enfrentan la
existencia de una nueva sociedad, menos rica,
menos poderosa, una sociedad en donde los ajustes
de inserción y la adopción de los patrones de
reproducción son críticos. Durante años la
sociedad venezolana era estable, ahora se define
por lo contrario y ello habrá de afectar
profundamente los procesos de inserción y
reproducción de los jóvenes, en estos años
inmediatos".
Por otra
parte, los venezolanos nos enfrentamos al manejo
de un concepto de "juventud" que es
manipulado y abusado. En especial observamos que
entre muchos de los dirigentes que asumen hoy las
responsabilidades nacionales tienen una visión
distorsionada del rol de los jóvenes... Se les
considera simplemente "la esperanza del
futuro", pero por lo general no se le
brindan las oportunidades suficientes para
cumplir con los retos del presente. La
consecuencia es que a pesar del esfuerzo de las
nuevas generaciones, Venezuela sigue siendo un
país de jóvenes, en donde los jóvenes no
tienen espacios definidos de participación.
Además
existe un claro escepticismo y apatía de la
juventud hacia prácticamente todas las
instituciones venezolanas, lo cual genera una
natural apatía hacia la participación
política. En gran medida esta actitud se ha
originado por el innegable deterioro de la
calidad de vida de la población, motivado por
múltiples factores económicos coyunturales y
estructurales, ante los cuales las instituciones
establecidas y sus líderes han sido incapaces de
presentar soluciones concretas y palpables. Por
otra parte, desde la perspectiva de la juventud,
las posibilidades concretas de progreso se
encuentran cuesta arriba: Culminar los estudios
en una centro educativo respetable, la obtención
de un buen empleo con un salario digno, el poder
formar una familia, adquirir una vivienda, un
vehículo, todo ello luce para una gran mayoría
como metas casi inalcanzables.
Es lógico
entonces que las expectativas de incorporación
hacia responsabilidades de liderazgo público
sean limitadas entre las nuevas generaciones y lo
que es más peligroso: Que la potencialidad del
debilitamiento del sistema democrático y el
advenimiento de una sistema autoritario sea
observado como algo hasta cierto punto natural.
Se complica el problema por otra parte con la
evidente dificultad de adaptación de las elites
hacia los nuevos tiempos. Venezuela es un país
totalmente distinto en 1999, en plena época de
"globalización" y de revolución
informática, comparado con lo que fue al inicio
de nuestra democracia, especialmente si
consideramos el proceso de masificación
educativa lograda por los gobiernos democráticos
en estos cuarenta años y la calidad de nuestros
profesionales de nuestra actual sociedad civil.
En tal sentido, ahora se debe buscar una
verdadera modernización de las instituciones y
la profundización del régimen de libertades.
Cada día
más se demuestra que los caminos para el
desarrollo están bien definidos, basta en este
sentido observar aquellos países del mundo donde
se están obteniendo progresos reales. Vemos como
en ellos existe un patrón común de concepción
y manejo del desarrollo económico y social. Los
venezolanos no tenemos ahora que desechar todo el
progreso que se ha producido en el mundo, y
pretender ahora "reinventar la rueda".
Desde hace mucho tiempo el "populismo"
demostró por sí sólo su fracaso. El progreso
de los pueblos esta ligado en forma directa al
trabajo y la productividad de su gente.
A pesar de
haber avanzado algo en este sentido desde la
implantación en el país de un nuevo modelo
descentralizado, en donde se han destacado por
méritos propios dirigentes jóvenes, se observa
en el país gran dificultad para concretar el
relevo de dirigentes. El país nos está
exigiendo nuevos actores, lo que no implica
sustituir a los viejos, sino dar cabida y
facilitar espacio en lugares de dirección a las
nuevas generaciones, las cuales deberán dar el
paso al frente por méritos propios. Si las
organizaciones no se oxigenan perecen, por ello
debe iniciarse un proceso agresivo de captación
de juventudes capaces y con disposición de
servicio. Nuestra democracia requiere ideas y
gente frescas, para que se incorporen en la
dirección de los destinos del país a todo
nivel.
Mención
especial merece en este sentido las
organizaciones políticas, como factores
existenciales de la democracia. A pesar del
deterioro que ha sufrido su imagen por la
actuación negativa de algunos de sus dirigentes,
no hay duda sobre el papel fundamental que
desempeñan en el mantenimiento de las
democracias en el mundo. Por ello, no debe
condenarse a priori a estas organizaciones, sino
ser más estrictos en las condiciones éticas y
morales que se le exijan a sus líderes. Es
conocido que los partidos agregan y representan
intereses sociales y proporcionan una estructura
para la participación política de la gente.
Debe entonces buscarse que sean cada día más
representativos, más eficaces, más
transparentes, más fiables y más
responsables... Los entes político partidistas
deben voltear seriamente sus caras hacia la
juventud. La incorporación y formación de los
nuevos dirigentes, a pesar de ser un factor clave
para la vigencia de las instituciones políticas
se ha abandonado casi por completo en nuestro
país. El "pragmatismo" ha desplazado a
la formación de los dirigentes, en lugar de
actuar paralelamente. Ello ha traído como
consecuencia, que los jóvenes venezolanos no
reconocen la importancia de defender el régimen
de libertades que poseemos, la participación
política es menospreciada o hasta rechazada y
los pocos que se incorporan en esta difícil y
sacrificada tarea, no saben la razón por la que
participan en política, ni cual es su
ideología, ni si son o no importantes los
partidos. Todo ello ha debilitado a dichas
instituciones y ha facilitado como decíamos
antes, el nacimiento de opciones basadas en el
"mesianismo", que tanto daño ha hecho
a través de la historia. El progreso del país
pasa necesariamente por la defensa de la
democracia, la libertad, el pluralismo, la
tolerancia y el respeto a las leyes y las
instituciones.
El joven de
hoy es producto de un régimen democrático que,
a diferencia de otros momentos históricos por
los que ha atravesado Venezuela, le permitió
formarse con gran independencia de criterio y con
una visión crítica de los problemas y las
realidades. Por ello nos encontramos ante una
coyuntura trascendental en nuestro país, en la
que en medio de una prolongada y pesada crisis
surgen, como algo positivo, iniciativas y
opciones exitosas en una sociedad civil
floreciente. Esta claro que el país está
cambiando, a un ritmo constante y bien definido.
De hecho, no es simple retórica el decir que
Venezuela posee un gran futuro, ya que la
modernización de nuestra nación es una realidad
que se observa de manera especial en el sector de
las ONGs, la iniciativa privada y en las
experiencias públicas descentralizadas.
Los jóvenes
venezolanos debemos tener la visión para
entender la trascendencia de la institucionalidad
democrática. Esto significa el perfeccionamiento
del sistema sin rupturas que luego debamos
lamentar. Además aquellos de nosotros que
tengamos responsabilidades de liderazgo o
dirección debemos predicar con nuestras
actuaciones sobre las bondades de la democracia.
No caer en la trampa de aquellos que quieren
hacer pensar al pueblo que Venezuela está
dividida simplistamente entre "buenos y
malos" o entre "honestos y
corruptos". La salida de todos nuestros
problemas esta en el trabajo, en la formación,
en la productividad, en el respeto a las leyes,
en la sustitución de la viveza criolla por la
responsabilidad ciudadana.
La acción de
quienes se presentan buscando deslumbrar incautos
con recetarios románticos de soluciones
autoritarias y con discursos populistas ya
superados tiene una vigencia limitada. Los
venezolanos hemos demostrado que creemos en la
libertad y que somos una sociedad madura y
exigente con quienes aspiran a dirigirnos. Sin
embargo preocupa en el corto plazo el panorama
incierto e impredecible en el que vivimos.
Mientras prive una conducta de impavidez
colectiva, actitudes dogmáticas y
fundamentalistas que aspiran a sustituir el
Estado de Derecho por el personalismo.
Paralelamente el principio democrático
fundamental de la separación de los poderes
públicos, vigente en todas las democracias
occidentales modernas se ve cada día más
amenazado ante un Poder Ejecutivo avasallador que
mantienen al Legislativo y al Judicial en plano
de segundones. Pareciera por otra parte que ya no
son importantes ni la pluralidad de opiniones ni
el acuerdo entre los diversos sectores del país
para la toma de las decisiones políticas.
Los tiempos
de cambio deben ser aprovechados para que se
concreten transformaciones hacia el progreso de
los pueblos, no hacia su atraso y aislamiento. No
aspiramos a retroceder hacia un pasado superado
pero no debemos equivocarnos sustituyendo actores
pero manteniendo o agravando los vicios del
sistema. Es sabido que para mejorar la
democracia, la única receta consiste en más
democracia. Corremos el riesgo de empeorar lo
poco que hemos avanzado en el país. El poder
puede ser muy peligroso si se ejerce en forma
excluyente y poco tolerante. Además las
consecuencias prácticas de errores en este orden
no sólo son de carácter político sino que
pueden en lo social y en lo económico hundir al
país en mayor incertidumbre, falta de
inversión, pérdidas de puestos de trabajo,
mayor miseria y colapso institucional.
Además,
Venezuela requiere con urgencia de sus dirigentes
el análisis y la solución de los problemas
económicos y sociales que la agobian, no entrar
en una retórica interminable de conceptos de
orden jurídico-político que no traerán mejoras
concretas en la calidad de vida de la gente.
En tal
sentido, cito algunas reflexiones de un estudio
del Centro Internacional para el desarrollo
Económico a propósito del análisis sobre los
obstáculos institucionales al crecimiento de
América Latina: "La causa principal de
la incertidumbre institucional en América Latina
es la carencia de un sistema de frenos y
equilibrios. En vez de tres poderes equilibrados,
el típico país latinoamericano posee un
ejecutivo muy poderoso que puede cambiar a
voluntad las leyes y su aplicación. Ningún
poder judicial fiscalizará este poder
discrecional y ningún poder legislativo, ya sea
el parlamentario o los electores puede protestar
de manera eficiente contra ese poder. El
ejecutivo puede prácticamente hacer lo que
quiera y la única reacción del pueblo es tratar
de escapar a eso sumergiéndose en el sector
informal o yéndose del país..."
Los jóvenes
que actualmente están en capacidad de tomar
decisiones, ya sea en el sector público o en el
privado deben movilizarse para mejorar la
competitividad y la productividad. No podemos
quedarnos rezagados ante el mundo, sería suicida
retrasar procesos tan importantes como las
reformas del sistema judicial, de modernización
y apertura económica, de la seguridad social
integral, laboral y tributaria, por mencionar
sólo algunas. De igual manera es imprescindible
fortalecer al sector privado y fomentar un Estado
menos intervencionista y más eficiente, dedicado
a las áreas claves para lograr el bienestar de
la población como son la salud, la educación,
la seguridad ciudadana y el mejoramiento de los
servicios públicos. Venezuela en manos de su
gente joven debe asegurar una mayor productividad
y competitividad como factores indispensables
para un promisorio futuro económico y social.
El desafío
de los venezolanos jóvenes de finales de los
noventa es entonces tan importante como el
cumplido por los que acompañaron a José Félix
Rivas en la Batalla de la Victoria, sólo que
tiene un contenido distinto: Implica dirigir a
Venezuela hacia el nuevo milenio, integrándonos
a la modernización, con la participación de
todos los venezolanos, aprovechando la
circunstancia de que nuestra patria cuenta hoy,
más que nunca antes con extraordinarios recursos
humanos jóvenes dispuestos a sumir los retos
más exigentes.
Muchas
gracias.
Regresar
|
|