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"Un chileno común y corriente"Un chileno común y corriente (Valentín) Me describo como un chileno común y corriente. Tengo una micro empresa que me mantiene junto a mi familia a pesar de los altibajos de la economía chilena y de los desatinos económicos y políticos de éste o de cualquier gobierno. Esto implica no tener empleados ni obreros ajenos a la familia para no someterlos a los riesgos de nuestros ajustes que requieren una flexibilidad infinita para enfrentar las condiciones del mercado. Alta rigurosidad tanto en los tiempos buenos como en los malos. Sin previsión de ninguna especie. Sin Isapres. Sin AFP. Sin crédito bancario. Sin tarjeta de crédito. Sólo cuenta corriente para poder recibir los pagos de los clientes y aceptarles pagos diferidos con cheques a fecha. Jamás girar un cheque a fecha que no esté cubierto al momento de girarlo. Comprar ropa, zapatos, renovar muebles o viajar, sólo si existen los fondos disponibles para pagar al contado. Primera ventaja. Podemos dormir a pata suelta hasta la hora que se nos da la real gana. Y las subsiguientes. Cagarnos en Dicom. Cagarnos en los políticos de todos los colores. Reírnos a guata suelta de la TV y de sus mil y una forma de tratar de vender cuanta wevada se les ocurra. Emplear, para los días de lluvia o para cubrir el encerado, todos los folletos de propaganda, super ofertas, y revistas promocionales. No sirven para limparse el culo porque son muy lustrosos y resbaladizos. Son útiles en la cocina, para envolver desechos, en mi taller para preparar adhesivos instantáneos compuestos y para poner como protectores de la cubierta del mesón cuando uso el cuchillo cartonero. Personalmente, me entretengo mucho mandando a la cresta a las empresas de turismo que llaman, casi todos los días, anunciando que nos hemos ganado "una semana gratis en Las Termas de Pucón", a Reader's Digest que me envía, cada 15 días un grueso sobre "recordándome que he ganado 2 millones de pesos" y adjuntando "la llave de un automóvil último modelo que está disponible para mí con sólo enviar el cupón lleno con mis datos, a Entel Chile que ofrece planes especiales de descuento si acepto recibir un celular. Las desventajas no son insoportables. Son, más bien, cómicas. Ir al banco a cagarse de la risa descubriendo las truculencias publicitarias de los créditos bancarios. No tengo antecedentes ni referencias bancarias porque nunca he solicitado un préstamo. Pero ud tiene automóvil...? Sí. Tengo dos. Entonces...? Bueno, usted me otorga el crédito contra lo que yo deseo adquirir. No le basta...? No señor, lamentablemente. Puede poner sus automóviles....! Ni cagando...! Entonces, señor, le abrimos una línea de crédito o una tarjeta VISA...! Ni cagando...! Bueno... Una línea de sobregiro automático...! Y... es gratis...? Bueno... tiene que pagar una cantidad mínima...! Ni cagando...! Soy un chileno común y corriente. Soy de izquierda. Lo soy desde muy niño. Por intuición. Desde los cinco años más o menos. Desde antes de conocer el colegio. Recuerdo que mi padre se ponía furioso cuando yo prefería ir a dormir a la "era" en los veranos, para las cosechas. Enterrado en las parvas de paja. Antes y después de la trilla. Conversando con los peones, los campesinos. Las estrellas eran de una belleza inagotable, noche tras noche. También lo eran las historias de los peones. Sus sueños, esperanzas, sus simplezas, su sencillez, la transparencia de sus espíritus. El simple contento de estar vivos. Nunca he podido olvidar su asombrosa generosidad con el hijo del patrón, compartiendo sus carencias, un tarro con "choca" lleno de cariño y "café de higos con trigo tostado". Tampoco olvido cómo,después que fui matriculado en la escuela rural, mis compañeros me echaron a patadas de esa escuela, por ser "el hijo del patrón". A los 15 días de soportar callado la lluvia de "chuletas y patadas" me sacaron del colegio. Seguramente alguien del colegio habló con mis padres porque yo no les dije nada. Curiosamente, las patadas no me dolían, aunque me dajaban moretones. Es cierto. Ellos tenían razones que me parecieron muy justas. Tanto es así que seguí siendo de izquierda, sin saberlo. Ya no estaba en el colegio y ya no rivalizaba con ellos. No necesitaba de los libros para entenderlos. Después, mucho después, vinieron los libros, un exámen de admisión para "convalidar" que me hizo recuperar los años sin escolaridad, de una plumada. El Liceo. La Universidad. Más libros. Las doctrinas políticas. El Marxismo por escrito. Vaya qué interesante. Alguien había puesto por escrito lo que siempre había rondado mi cabeza. Más interesante aún es constatar en la TV que un cura mal parido, viene y dice que yo soy un parásito. Se habrá mirado en un espejo, de cuerpo entero, alguna vez, este descriteriado...? Cuál ha sido su aporte concreto, en trabajo y sudor al llanto de desesperanza, a los anhelos insatisfechos de la pobreza endémica que nos rodea...? Tenemos una edad muy similar, cura descriteriado. Y cuál de nosotros es más parásito...? Con qué cara vas a pedir limosnas en tu iglesia, después de lo que has afirmado...? Y los otros curas que te apoyan...? Es posible que yo no sea más importante que un insecto. Pero estoy en paz conmigo mismo y con la Naturaleza. Nunca he vivido de la limosna. Sólo confieso que, cuando niño y después, cuando adulto, he aceptado, como un exquisito honor, compartir la pobreza de los pobres, sus tarros con "choca", su comida recalentada. He compartido sus "mejoras", levantando, junto a ellos, mi propia tienda de nylon, para capear inviernos, tan cagado de frío como ellos. Estoy orgulloso de eso. Amo a los pobres más que a nada en el mundo. Los llevo en mi sangre. En nombre de ellos, los pobres, los que compartieron conmigo, generosamente, sus carencias, y en nombre de los que me patearon por ser "el hijo del patrón" te digo, cura, que eres un engendro, tan sólo una especie de error lamentable de la Naturaleza enquistado entre los seres humanos. Si tu Dios existe, no me gustaría estar en tu pellejo, Raúl Hasbún.
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Fin
(por fin)