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¿ESTAMOS EN EL LIMITE?
Pregunta obligada: ¿en el límite de qué?. Según Maurice Duverger, en su libro
Introducción a la Política: Los límites de la contienda política son
evidentemente más amplios en los regímenes democráticos, en donde la lucha se
desarrolla a cielo abierto, que en los regímenes autoritarios, donde debe ser
disimulada. Y, según el mismo autor, solamente en las democracias se puede
distinguir una lucha DENTRO y una lucha SOBRE el régimen.
Los partidos políticos luchan directamente por la conquista o participación del poder en
una democracia. Los grupos de presión luchan indirectamente para tratar de influir en el
poder sin pertenecer a él. Recordemos que una gran mayoría de los cargos que conforman
el poder no son obtenidos por elección, que son detentados por profesionales, técnicos,
y otros, agrupados, amparados por Leyes, por contratos, por sindicatos, y la autoridad
política no puede generalmente revocarlos fácil y rápidamente. Es más rápido
incluirlos en el gobierno que sacarlos de él. Una consecuencia, entonces, es que la lucha
por conquistar puestos de poder es limitada y no son inmediatos los cambios de equipos
políticos.
En la democracia la lucha política toma un carácter cíclico. Las elecciones hacen del
Estado, a intervalos predeterminados, el objetivo de una batalla y el combate decisivo.
La lucha DENTRO del régimen marca un límite. Todos los partidos, grupos, que van al
proceso electoral, aceptan el régimen existente, ninguno lo discute o cuestiona. Su
interés es conquistar el poder, para ejercerlo de acuerdo a los intereses que representan
o encarnan y manteniendo las instituciones y reglas existentes. Hay un consenso.
La lucha SOBRE el régimen marca otro límite. Cuando alguno de los partidos o grupos que
participan en el proceso electoral no comparte o acepta el régimen existente, lo discute
y cuestiona y presenta alternativas al existente. Falta el consenso. Consideran que los
intereses representados por ellos y sus demandas no pueden ser satisfechas dentro del
marco del régimen existente y quieren cambiarlo por otro. Para cambiarlo se plantean: a.
La violencia, la ilegalidad; b. Usar las reglas existentes para conquistar el poder y
luego construir un orden nuevo.
Aquí vale la pena repetir, una vez más, una pregunta del autor antes citado: ¿Se
encuentra condenada la democracia a no defenderse contra los que quieren destruirla en
nombre de sus propios principios?. Y, continúa: La democracia permite a sus adversarios
su opinión siempre que lo hagan dentro del contexto de los métodos
democráticos...Contra los que quieren destruirla por la violencia, la libertad debe ser
defendida por la violencia, sin dejar por ello de ser una democracia.
Pero hay que estar muy claros en una cosa: la democracia, en el caso de Venezuela, no
está en juego. Quienes plantean la lucha SOBRE el régimen no están planteando acabar
con la democracia como forma política. Han manifestado que usarán las reglas existentes
para conquistar el poder y luego construir un nuevo régimen, pasando por una
Constituyente. Están planteado poner en práctica la democracia, la que en el actual
régimen no se cumple de acuerdo a nuestra actual Constitución, a quien deben hacérsele
ajustes compartidos por las mayorías populares y no cupulares, renovando el pacto
político mediante una Constituyente. Profundizar la democracia. Hacer cumplir la
democracia. Hacer eficiente la democracia. Hacer una democracia política, no
partidocracia a dos, con revocatoria del mandato y referéndum; democracia
económica, de mercado internacionalizada con intervención responsable del
gobierno; democracia social, igualdad, cumplimiento de los derechos fundamentales
del ser humano; democracia y justicia; democracia y gobierno responsable, hasta donde se
ha podido leer en los medios.
Si el o los opositores al régimen aceptan el juego democrático, los principios
democráticos permiten la lucha sobre el régimen, o sea, los planteamientos para cambiar
el régimen y la difusión de sus alternativas. El pueblo escoge. El pueblo libremente y
en secreto vota.
Cuando un partido o un grupo ha tenido una aceptación del 10% de los sufragios y está
ubicado en una lucha sobre el régimen, tiene importancia política, sin embargo para
quienes han detentado el poder, les han servido para validarse únicamente,
han sido comodines de la partidocracia; cuando han obtenido el 30%, y
merecerían mucha atención e introducir reformas urgentes, eso no ha sido posible; ahora
cuando, de acuerdo a las encuestas, la idea de cambio obtiene más del 50%, es porque el
régimen existente está severamente cuestionado, porque sus bases de sustentación están
en franco proceso de cambio, en cierta forma han dejado de existir.
Los conceptos de legitimidad y consenso están íntimamente vinculados a la lucha
dentro o sobre el régimen. Dentro del régimen, hay legitimidad y consenso; sobre el
régimen, no los hay. Legitimidad es conformidad con un sistema de valores, descansa sobre
creencias. Cada ideología define un tipo de legitimidad: monárquica, en época y en
culturas específicas; comunista, democracia, ídem. En una época determinada y en un
país específico, existirá un acuerdo, legítimo y consensual, sobre la forma de
gobierno, los procedimientos del ejercicio del poder y sobre las reglas de la lucha
política. Si los gobernados consideran legítimos a sus gobernantes, les obedecen de
manera natural; de no ser así rechazan la obediencia de mil maneras y se tiene que usar
la coerción y la fuerza para doblegarlos. Recordemos el cacerolazo, el 4F y el 27N. La
violencia, la amenaza, la corrupción se convierten en los pilares del poder
(Recadi. Partida secreta. Jeeps. Juicio a dos expresidentes). El gobierno será legítimo
para unos pero ilegítimo para otros. Una situación así es pre-revolucionaria. El pacto
político está herido, necesita ser legitimado nuevamente.
Nació, se expresó, una nueva idea política, consiguió adeptos, se opone al sistema,
dentro de la concepción de democracia y aceptando sus reglas. Casi con el mismo tipo de
actor. Expresa la voluntad de fuerzas sociales que a lo mejor son las mismas, pero
reagrupadas y con nuevas y/o viejas creencias, que quieren desempeñarse, tener un papel
principal, en el gobierno. Hay una crisis en las estructuras existentes, crisis
moral e intelectual y crisis de creencias. Se hizo vulnerable el régimen existente.
Quedó al desnudo. Se evidenciaron sus fallas, defectos, virtudes, aciertos y se está
comenzando a señalar responsables. Quiere y desea cambio.
No siempre ocurre esto por una misma vía. Recordemos el proceso de manos
limpias. Eso se expresó y comenzó desde el ámbito jurídico. Vino de un juez. Al
lado, en otra época, vino de los estudiantes: el rojo. Cada momento
histórico, condiciones y cultura encuentra su propia expresión y su propio límite.
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Lic. Nelson Maica C nmaicac@starmedia.com |