El Domingo Pasado
F. Delgadillo
Noviembre 1994
     El domingo pasado
     trepaba las colinas
     averiguando un mundo
     que ha rodeado la ciudad
     de bosques de eucaliptos
     de pinos y de encinas
     de verde sobre verde
     sol y viento matinal.
     La cosa  es que me andaba
     por respirar de esta vida
     que desde tiempos olvidados
     habitan un lugar
     donde se enseñorean
     las distancias donde la vista
     puede ir a donde quiera
     ya no hay tanto que mirar.
     Si me enamoro en este bosque
     ¿te imaginas?
     si el mundo al fin de cuentas
     me guardara un tiempo así
     pudiera imaginarme
     que las cosas que me quita
     me las sabrá devolver
     algún domingo junto a tí.
     Tomado de tu mano
     podría atrapar la llovizna
     o al sol que en el arroyo
     en las tardes se deja ver
     si tu quieres besarme pues
     te beso yo y se quita
     la ligera sensación
     de que hubo besos sin querer.
     Un domingo en el bosque
     por la tarde se camina
     y se visitan lugares
     donde puede ocurrir
     que las sombras de los árboles
     jugaran con la vista y
     quisiera refugiarme en el
     aroma de tu piel.
     Y atardecer contigo
     y el viento en tus cabellos
     y el frágil de tu cuello
     tan fácil de acariciar
     tus valles y tus montes,
     tus vueltas, tus senderos
     los cubriría de luz
     bajo este sol ornamental.
     El domingo pasado
     al ir trepando las colinas
     por averiguar un mundo
     que ha rodeado la ciudad
     pensaba en tí y los árboles
     jugaban con las vistas
     de verde sobre verde,
     sol y viento matinal.
     Si me enamoro más del eco
     de tu risa y si el mundo
     a fin de cuentas
     me ha guardado un tiempo así,
     donde anda la promesa
     que las cosas que me quita
     me las sabrá devolver
     otros domingos junto a tí.
Regresar
1