Agenda Literaria
Por Teresa Dey
Parece que en este fin de siglo se está inaugurando una nueva soledad: la de las mujeres independientes. Durante los últimos cien años, dignas representantes del sexo femenino abrieron surcos, plantaron y abonaron el terreno del respeto a esa forma de ver y de vivir el mundo desde la perspectiva de las hijas de Eva. Su labor fue de Atenas que desbrozaron acantilados intocados por aproximadamente siete mil años; cuando hubo necesidad de pelear, se esposaron a cercas de alambrado, presidieron manifestaciones, fueron a dar a las cárceles, quemaron brassieres; cuando fue menester pensar, demostraron su capacidad tan cabalmente como fuese requerido. Como las mujeres habilis, volvieron a inventar la agricultura, recrearon el mundo con sus sueños de igualdad de oportunidades y de derechos. Y aunque todavía estemos muy lejos de que esos sueños se hagan cotidianidad para todas, muchas de las nacidas hacia la segunda mitad del siglo hemos comenzado con la recolección de frutos. Ya podemos ser independientes, tener nuestros "cuartos propios" y vivir de aquello que nos gusta hacer. Sin embargo, uno de los costos de la autosuficiencia ha sido una enorme dificultad para encontrar pareja. Tal parece que estos cambios no le son tan gratos a la otra mitad de la humanidad. Ellos reaccionan algunas veces con furia, otras con temor, en ocasiones hasta con angustia ante las iniciativas femeninas y el recién descubierto control sobre nuestro cuerpo y nuestro erotismo. Muchos se dan la vuelta, se niegan a la proximidad, no pueden entender que aquellas que no necesitan ser protegidas, mantenidas y sometidas siguen deseando el abrazo, la compañía y la presencia de la otredad, de la diferencia. Es común encontrar a mujeres brillantes, hermosas, luchadoras y cubiertas por el aura del éxito, solas, y lo que es peor, tristes.
Marcela Serrano trata este tema, con la cercana intuición que la caracteriza, en su última novela, El albergue de las mujeres tristes.
Elena es una mujer de más de cincuenta, psiquiatra, heredera de una considerable fortuna que incluye un hotel construido en una montaña del archipiélago de Chiloé, donde decide crear un albergue en el que pueda ayudar a grupos de mujeres. Ha descubierto que cuando se reúnen fuera del cotidiano vivir se crea entre ellas una complicidad, una solidaridad que cobija a todas por igual, que las refleja, las hermana y las cura. Cada una hace suyo el problema de la otra, intenta entender, crear una corriente de amistad sin importar la procedencia, la edad o la profesión. Desde hace seis años dirige este espacio en el que caben veinte mujeres cuyo tratamiento para despejar la tristeza debe durar tres meses.
...Marcela Serrano. Editorial Alfaguara. México, 1997. 400 pp.