Cuento
Por Mayra Inzunza
Pasa que el hastío se concreta en goterones de gelatina para el pelo y colillas de cigarro. Ocurren las noches sin luna, las noches sucediéndose una tras otra bajo una luz mercurial que sólo enfría el ánimo porque nada interrumpe el que los perros crucen avenidas sólo para ser atropellados, el que los paseantes mismos sean atropellados cuando no se atropellan unos a otros.
Luego con las ganas en la nevera, miro pasar. Sólo miro pasar la vida delante de mis ojos, una vida que yo no he elegido tal vez porque no elegir sea el modo de manifestarme en desacuerdo con las convenciones, contra el consenso, disiento en favor de la invención y sólo invento la soledad.
Cansada del aburrimiento en que me he suspendido, el smog cual áspic de inopia, pasa que me estoy cansando, que estoy cansada de mi propio aburrimiento, las ratas que roen las entrañas de la ciudad se muestran más divertidas al chiflar a los peatones que peatones y automovilistas todos, la ciudad entera disfrazada de civil cuando resulta pálida sombra de aquellos civiles a quienes adora. Émula de su arquitectura, de las amplias coberturas, de atavíos y afeites y pomos, de la forma y no del fondo. Del mar y no de sus peces, del cielo y no de las almas que contiene.
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