El ciudadano al poder


Elio Arturo Villaseñor Gómez, delegado político de Iztapalapa

Demanda la ciudad acciones concretas para el siglo XXI


Carlos Perzabal

Una fiebre del fuego nuevo de la democracia —manifiesta entusiasta— participación ciudadana incentivada por el gobierno de la ciudad de México hace resurgir de sus cenizas como el ave fénix a Iztapalapa consumida en los últimos veinticinco años por funcionarios de rapiña que devoraron sus entrañas y quemaron sus alas con un clientelismo perverso, dijo a Rino el delegado Elio Arturo Villaseñor Gómez en una entrevista exclusiva.

Porque, con un crecimiento demográfico de 3.7 por ciento anual superior al de todo el país, familias integradas en promedio por 4.6 personas mientras en el DF en promedio son de 4.2 personas, y con el segundo lugar —después de la Delegación Cuauhtémoc— en cuanto a índices delictivos, Iztapalapa, que extiende sus asentamientos humanos irregulares a la Sierra de Santa Catarina y Cerro de la Estrella, “según he podido detectar, está decidida a abandonar la incidencia del delito para tomar el camino del desarrollo económico y social autosustentable que aporte beneficios a Iztapalapa, a la ciudad de México y al país”, agregó. “Creo que el problema central es cómo las autoridades anteriores pensaban en Iztapalapa: como el traspatio de la ciudad de México. Desde ahí ya tenemos un problema de visión de lo que ha sido una nefasta acción de gobierno: todo lo que no servía en la ciudad era para Iztapalapa. Los invasores de terrenos que eran rechazados y expulsados de otras partes se traían para acá. Los rezagos sociales, entre los más dramáticos del país, el atraso en los servicios públicos y una política clientelista humillante para los ciudadanos, protagonistas al mismo tiempo de la presión y del chantaje, describen sin duda a Iztapalapa, en esos sectores de atraso, como vestigios de un Estado premoderno”, afirmó.

Por eso, agregó, “tenemos que ver cómo construir un poder moderno no sólo en Iztapalapa sino en la ciudad de México y en el país, y esto sólo se puede hacer dignificando la relación entre autoridad y ciudadanía en el marco del derecho. Necesitamos construir las bases de un nuevo pacto social y ese nuevo pacto no puede ser otro que el Estado de Derecho. Estamos abocados con el gobierno de la ciudad de México a construir ese pacto. A nosotros nos está tocando vivir esa transición. Porque lo que existía antes era intolerable. No había presencia de autoridad. Y el membrete era como una patente de corso. La ciudadanía como tal tampoco existía. Era un remedo. Cuando más era súbdita, vasalla. No había ni un solo espacio de corresponsabilidad, de respeto a la autonomía de los grupos sociales. De ahí el uso de ellos como utilería”.

...

Regresar a la primera página

1