SU EXCELENCIA  

 

1) PRESENTACIÓN

Debido a una serie de malos entendidos y coincidencias, Nasrudín se encontró un día en el Salón de Audiencias del Emperador de Persia.

El Shah se encontraba rodeado de nobles egocéntricos, de gobernadores de provincias, de cortesanos e intrigantes de todo tipo. Cada uno de ellos estaba presionando para lograr su pretensión de ser nombrado Jefe de la Embajada que pronto saldría para la India. La misión era muy importante, pues se recelaba de las intenciones del Gran Mogul sobre una posible invasión del imperio Persa.

La paciencia del emperador ya se agotaba y levantó la cabeza sobre el incómodo grupo invocando, mentalmente, la ayuda de los Cielos para su problema y poder ver a quién elegía. Sus ojos se iluminaron sobre Mulá Nasrudín.

- Este ha de ser el Embajador - anunció -, por lo tanto ahora, déjenme en paz.
 

2) LA INTRIGA

Se cedieron a Nasrudín lujosas ropas y se le confió un enorme cofre con rubíes, diamantes, esmeraldas y valiosas obras de arte. El regalo del Shah al Gran Mogul.

Los cortesanos, no obstante, no se dieron por vencidos. Unidos esta vez por la afrenta hecha a sus pretensiones, decidieron preparar la caída del Mulá. Primero se filtraron en sus habitaciones robándole las joyas, que repartieron entre ellos, poniendo tierra dentro del cofre para reemplazar su peso. Después fueron a ver a Nasrudín, con la determinación de arruinar su cometido, ponerlo en dificultades y, en el proceso, desacreditar también a su amo.

- Felicitaciones, gran Nasrudín - le dijeron -, lo que la Fuente de la Sabiduría, Pavo Real del Mundo, ha ordenado, debe ser la esencia de todo el saber; por eso nosotros te aclamamos. Pero hay un par de puntos sobre los cuales podemos estar capacitados para aconsejarte, pues, para nosotros, el comportamiento de emisario diplomático es lugar común.

- Me sentiría agradecido si ustedes me lo dijeran - dijo Nasrudín.

- Muy bien - dijo el jefe de los intrigantes - Lo primero es que debes ser humilde. Para demostrar tu modestia, no debes hacer ostentación de ninguna señal de importancia. Cuando llegues a la India entrarás en todas las mezquitas que puedas y harás colectas para ti. Lo segundo es que debes guardar la etiqueta de la corte en el país ante el cual estás acreditado. Esto significa que llamarás al Gran Mogul ¡La Luna Llena!.

- ¿Pero, no es ese el título del Emperador Persa? - dijo Nasrudín.

- No en la India - le contestaron.

Días después, en el momento de la despedida, el Emperador Persa le dijo:

- Tenga cuidado Nasrudín. Observe la etiqueta, pues el Mogul es un poderoso emperador y debemos impresionarle sin ofenderlo de manera alguna.

- Estoy bien preparado, Majestad - contestó.

Así, Nasrudín partió.
 

3) LAS MEZQUITAS

En cuanto pisó territorio hindú, entró en una mezquita, subió al púlpito y dijo:

- ¡Señores! ¡Vean en mi al representante de la sombra de Dios sobre la Tierra! ¡El Eje del Mundo! Saquen dinero, pues estoy haciendo una colecta.

Y esto lo repitió en toda mezquita que encontró en el camino que va desde el Beluchistán hasta la Delhi imperial. Recogió dinero en cantidad.

Le habían dicho los consejeros que hiciera con él lo que quisiera, pues era el producto del crecimiento intuitivo y la gracia. Y como tal, su uso crearía su propia demanda. Lo que querían que sucediera era que el Mulá se expusiera al ridículo por conseguirlo en esa forma vergonzosa.

- El santo debe vivir de su santidad - gritaba Nasrudín de mezquita en mezquita -. No doy cuenta alguna, ni la espero. Para ustedes, el dinero es algo para atesorar después de haberlo obtenido y lo pueden cambiar por cosas materiales. Para mí, es solamente parte de un mecanismo. Yo soy el representante de una fuerza natural de crecimiento intuitivo, dádivas y desembolso.

Ahora bien, como todos sabemos, lo bueno a menudo procede del mal aparente y a la inversa. Aquellos que pensaron que Nasrudín estaba llenándose sus bolsillos, no contribuyeron. Por alguna razón, sus asuntos no progresaron. Mas aquellos a quienes se les consideró crédulos y dieron su dinero, se enriquecieron misteriosamente. Pero volvamos a nuestra historia.
 

4) ANTES DE LA LLEGADA

Sentado en el trono del Pavo Real, el Emperador de Delhi estudiaba los informes que los correos le traían diariamente informando el progreso del embajador persa. No pudo encontrarles sentido y reunió a su Consejo:

- Caballeros, este Nasrudín verdaderamente debe ser un santo o un guiado por la divinidad. Nunca se ha oído que alguien haya violado el principio de que no se debe pedir dinero sin razón válida, por temor a que se le interprete mal.

Le respondieron: - Que jamás se achique su sombra, oh Extensión Infinita de toda Sabiduría: estamos de acuerdo. Si existen en Persia hombres como éste, debemos cuidarnos pues su ascendencia moral sobre nuestro aspecto materialista es claro

Después llegó un correo de Persia trayendo una carta secreta en la cual los espías del Mogul en la corte imperial informaban que Mulá Nasrudín no era un hombre importante en Persia, que fue elegido sin otra ley que la del azar, para ser Embajador y que no podían comprender la razón por la que el Shah no había sido más cuidadoso.

El Mogul reunió nuevamente a su Consejo y les dijo:

- Incomparables Aves del Paraíso, se me ha manifestado un pensamiento: que el Emperador Persa ha elegido al azar un hombre para representar a toda una nación. Esto podría significar que está tan confiado en la sólida calidad de su gente, que para él, ¡cualquiera está en condiciones para emprender la delicada tarea de embajador ante la sublime Corte de Delhi! Así, también, indicaría el grado de perfección logrado y los asombrosos e infalibles poderes intuitivos cultivados entre ellos. Creo que debemos reconsiderar nuestro deseo de invadir Persia.

- Tienes razón Guerrero Insuperable en las Fronteras - exclamaron los nobles hindúes.
 

5) NASRUDÍN EN LA CORTE

Al fin Nasrudín llegó a Delhi. Iba montado en su viejo burro. Lo seguía su escolta, sobrecargada por lo sacos de dinero que había reunido el Mulá en las mezquitas. El cofre que contenía el tesoro lo llevaba un elefante, tal era el tamaño y peso.

Nasrudín fue recibido por el Maestro de Ceremonias en la puerta de entrada a Delhi y de allí fue llevado directamente a la presencia del Emperador.

Éste estaba sentado, rodeado de sus nobles, en un gran patio, el Salón de Recepción de los Embajadores. El Salón había sido hecho de forma tal que la entrada era baja y, en consecuencia, los embajadores se veían obligados siempre a desmontar de sus caballos y llegar a pie a la Suprema Presencia, dando así la impresión de suplicantes. Sólo un igual podía cabalgar hasta la presencia del Emperador.

Nunca antes un Embajador había llegado montando un burro y así fue que nada impidió a Nasrudín para llegar trotando recto hasta el Dosel Imperial, pasando la puerta sin desmontar.

El monarca hindú y sus cortesanos intercambiaron significativas miradas ante este hecho. Alegremente Nasrudín desmontó. Se dirigió al Soberano como la Luna Llena y pidió que le fuera traído el cofre de los tesoros. Lo abrió y... ¡apareció la tierra!. Hubo un momento de consternación.

"Mejor es que no diga nada, pues no hay nada que decir para disimular esto" pensó Nasrudín y permaneció callado.

El Mogul le murmuró a su Visir:

- ¿Qué significa esto? ¿Es un insulto a la Suprema Eminencia?.

Incapaz de admitir tal cosa, el Visir se concentró intensamente y proporcionó la siguiente interpretación:

- Esto es un acto simbólico, Alteza - murmuró - El Embajador quiere significar que lo reconoce como el Amo de la Tierra ¿Acaso no le llamó Luna Llena?.

El Mogul se relajó y dijo:

- Estamos contentos con la ofrenda del Shah Persa pues, nosotros, no tenemos necesidad de riquezas y apreciamos la sutileza metafísica del mensaje.

- Se me ha encargado que le diga - dijo Nasrudín, recordando la frase que le dieron los intrigantes en Persia, sobre el ofrecimiento del regalo - que esto es todo cuanto tenemos para Su Majestad.

- Esto significa que Persia no nos cederá una onza más de su territorio - murmuró el intérprete de los pronósticos al rey.

- Dígale a su amo que entendemos - dijo sonriendo el Mogul -. Pero hay otro punto que aclarar: si yo soy Luna Llena, ¿qué es entonces el Emperador Persa?.

- El es Luna Nueva - contestó Mulá automáticamente.

- La Luna Llena es más madura y da más luz que la Luna Nueva, que es más joven - murmuró el Astrólogo de la Corte al Mogul.

- Estamos contentos - dijo el hindú deleitado -. Puede usted regresar a su país y decirle a la Luna Nueva que la Luna Llena lo saluda.

Los espías en la Corte de Delhi, rápidamente enviaron el relato completo del intercambio al Shah, añadiendo que se sabía que el Emperador Mogul había quedado impresionado y que desestimaba planear la guerra contra los persas debido a las actividades de Nasrudín.
 

6) DE VUELTA A CASA

Cuando el Mulá regresó a su tierra, el Shah lo recibió en audiencia plenaria.

- Estoy más que satisfecho amigo Nasrudín - le dijo -, por los resultados de los métodos no ortodoxos. Nuestro país se ha salvado y esto significa que no intentará contabilizar las joyas o lo recogido en las mezquitas. De hoy en adelante se te reconocerá con el título de Safir Emisario.

- Pero su Majestad - murmuró su Visir - ¡este hombre es culpable de alta traición, si no más! ¡Tenemos completa evidencia que aplicó uno de sus títulos al Emperador de la India, faltando así a su lealtad y llevando a descrédito uno de sus magníficos atributos!.

- Es verdad - tronó el Shah -, los sabios han dicho que para cada perfección hay una imperfección. ¡Nasrudín! ¿Por qué me llamó usted a mí Luna Nueva?.

- No sé de protocolo - dijo Nasrudín -. Pero sí sé que la luna llena está desvaneciéndose, mientras que la luna nueva está creciendo, con sus más grandes glorias al frente.

La actitud del Emperador cambió.

- ¡Prendan a Anwar, el gran Visir! - rugió -. ¡Mulá, yo te ofrezco el cargo de Gran Visir!.

- Gracias - dijo Nasrudín - ¿Pero cómo podría aceptar yo después de ver con mis propios ojos lo que le ha sucedido a mi predecesor?.
 

7) EPÍLOGO

¿Y qué pasó con las joyas y los tesoros que los malos cortesanos habían robado del cofre?.

Esa es otra historia y como el incomparable Nasrudín dijo:

- Solamente los niños o los estúpidos buscan la causa y el efecto en el mismo cuento.
 

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