(Publicado por el diario Clarín de Buenos Aires el 6 de abril de 1994 )
En estos días el tema de la legalización de las drogas se presenta en diferentes medios, como un debate entre los "a favor" y los "en contra". Pero, un tema de naturaleza tan compleja requiere diversas reflexiones; entre estas, por ejemplo, la relación del consumo y su legalización con el modelo sociocultural vigente.
Las siguientes son algunas opiniones en este sentido.
1º .- Si el comportamiento del consumo es un comportamiento evasivo de una realidad intolerable, el punto a discutir son las condiciones de esa realidad y no si debe legalizarse o no el escape de ellas.
Por ejemplo, es un hecho que frente a determinadas condiciones de trabajo puede producirse con más facilidad la utilización abusiva del alcohol.Tal es el caso de tareas que se realizan bajo la presión de refuerzos salariales y que tienen una fuerte carga física o peligrosidad. En algunos países, una ilustración de este punto suelen ser los trabajadores de la construcción, de las tareas de carga y descarga, o del estibaje portuario. Ahora bien ¿Cuál debe ser el eje de este problema?.
¿Si debe permitirse una alcoholización controlada por las empresas para asegurar que las alcoholemias no alcancen un nivel peligroso para terceros o si deben revisarse las condiciones de trabajo que hacen que un trabajador que se sube a un andamio tenga que hacerlo negando el hecho probable de caerse?.
Discutir el tema de la legalización creo que es pasar por encima de otro tema que es el de la calidad de vida de la gente. Es como hacerse cómplice de una discusión que parte del hecho de que cualquier cambio en los factores que hacen que la gente se drogue es utópico y es más sencillo discutir las formas legales de la anestesia.
Es decir, el tema de la discusión, desplaza a una definición que es previa, y es si uno se resigna frente a una forma de vida aceptando que no se la puede cambiar.
2ª Una vez aceptado, y yo no lo acepto, que no hay cambio posible en la forma de vida actual y que la legalización de las drogas es un camino válido para pasar, por unos instantes, a una alternativa mejor, me quedan por exigir antes algunas cosas. Por ejemplo :
Yo quiero una democracia de libertades plenas, donde un maestro tenga la misma posibilidad de informar a la gente que la que tiene el que vende alcohol o tabaco. Porque cuando ese mismo empresario, legalmente, pueda salir a vender otra sustancia psicoactiva más, voy a necesitar que mis hijos accedan a la cultura del conocimiento que hizo la humanidad y no sólo a la que diseña la técnica del marketing.
Yo quiero también una democracia competitiva, donde a la par del bar y del videogame tenga para mis hijos la posibilidad de mostrarle el placer del conocimiento y el descubrimiento, en otra instancia, que no sea la biblioteca silenciosa y vacía que no abre los domingos.
Quiero un lugar juvenil donde tengan las posibilidades sociales de disfrutar de los amigos de frente y no de costado sobre la pantalla del último juego del Terminator de turno.
Quiero un ámbito deportivo donde le dan la oportunidad de jugar con el otro y no contra el otro, dirigido por un entrenador que sueña con Rambo.
Quiero un lugar de baile para ellos donde le permitan disfrutar del contacto con el otro, para que mi hijo pueda escuchar mientras baila la voz de la chica que le gusta, para que mi hija no crea que todos los varones tienen que tomar cerveza para acercarse.
Quiero todo eso para que realmente puedan elegir.
Quiero competencia en serio. Uno a uno. Un lugar donde los viejos tengan un papel social, que le dé sentido a su vejez, para que puedan confrontarlo con el hipnótico o el tranquilizante que les duerme o les calma las ansias que todavía tienen.
Quiero , desde los medios, un espacio equivalente al del consumo, para poder decir que el cansancio no es malo, que el dolor es parte de la vida, que una gripe es una gripe y que la caspa no es la medida de la gente.
Quiero un lugar equivalente donde se pueda reivindicar las cosas que no se venden.
Una vez que me aseguren esta democracia plena y justa, yo entonces puedo estar de acuerdo en discutir si hay que legalizar las drogas que faltan o con las que ya están es suficiente.
En ese momento, yo como otros, en la discusión con la gente que uno quiere, podremos llegar a una decisión sobre las cosas con las que aceptamos convivir y con las que no, pero será una discusión sin tener que partir de claudicar o tener que resignarnos a nada.
© 1997 miguez@ciudad.com.ar