- Oh Divino Espíritu, ¡ Cuán poco consideramos tu incesante actuación en nuestras
almas.¡ Tú eres en realidad la vida que Cristo quiso dar a sus ovejas en gran
abundancia. Tú el fuego que El vino a traer a la tierra, deseando vivamente que ardiese.
Ven, pues, oh Espíritu Santo a nuestras almas, fuente viva de gracia, fuego de amor, amor
personificado, unción espiritual, suave regalo, santísima luz, padre de los pobres,
dador de todo don: haznos tener gusto y sabor, hambre y sed de lo justo y bueno, danos, en
los contratiempos, descanso al trabajo, templanza en lo ardiente, consuelo en el llanto;
llena nuestro pecho con un casto amor; y, ya que en el hombre sin tu ayuda no hay nada que
no le dañe: ven, y lava lo manchado, riega lo que es seco, sana lo enfermo, doblega lo
que es duro, gobierna el camino, enciende lo helado, concédenos tus siete dones, aumento
en virtudes, feliz descanso y eterno gozo.
Amén. |