Diciembre 1999

EL ABORTO ES UNA PENA
Entre encuestas, decisiones y religiones

Ana María Pizarro
21 de setiembre de 1999


Luego de más de 120 años de existencia, alguien tuvo la peregrina idea de reescribir el Código Penal -en este país azotado por las tempestades de la pobreza y la intolerancia-, donde somos capaces de mezclar la miseria con el jolgorio y confundir el atraso con la identidad nacional.

Dado que en cualquier sociedad que se precie de democrática la opinión pública debiera ser un campanazo de alarma en los oídos y en la conciencia de los padres y las madres de la patria, se vuelve una obligación poner ojos y oídos a la primera Encuesta Nacional sobre Planificación Familiar y el Aborto, realizada en Nicaragua en 1999.

Estamos sobreaviso, en Nicaragua nadie tiene derecho a sentirse sorprendido/a de lo que somos capaces de opinar o de hacer, especialmente cuando lo que decimos nada tiene que ver con lo que hacemos, y viceversa. Resulta que 1.200 personas encuestadas en 30 municipios, hombres y mujeres entre 15 y más de 50 años nos llaman a la realidad cuando públicamente comparten sus prácticas sexuales y sus decisiones reproductivas en un país donde se habla de estos temas entre risitas nerviosas y palabras alusivas.

Antes de entrar en materia, digamos que los resultados indican:”la mayoría de los/as nicaragüenses son cristianos al nivel del 82,8%, de los cuales un 67,8 % se declaran católicos (33,8% católicos practicantes y 34% no practicantes) y un 15% evangélicos, mientras un 14,8% declara que no tiene ninguna religión”.

Ya que vamos a hablar de sexualidad y reproducción qué mejor que estar entre gente confiable: nicaragüenses y cristianos. El 88,9% de católicos y el 88,9% de evangélicos conoce al menos un método anticonceptivo, aunque líderes de las dos iglesias repitan y repitan que conocer esos asuntos nada tiene de bueno ni de cristiano. Para peor, sólo el 17% conoce sobre métodos “naturales”, los únicos aceptados por lo líderes para la feligresía.

Solamente el 50,1% de las personas encuestadas afirmó utilizar un método para evitar un embarazo, por eso seguimos encabezando el rating: además de estar altamente endeudados, tenemos el mayor crecimiento poblacional de América Latina, con el 3% anual. Para completar el panorama, los hombres encuestados repondieron al unísono que el uso de anticonceptivos era muy importante, aunque solamente el 7,1% estaba dispuesto y utilizaba alguno.

Dada la alta religiosidad de la población encuestada, resulta singular el hallazgo que en asuntos de planificación familiar, menos del uno por ciento (0,9%) acudiría por consejos a un sacerdote o a un líder religioso. En tanto, entre el 98,8% y el 99,9%, no utiliza los métodos “naturales” recomendados por la iglesia como la abstinencia sexual, el moco cervical, la temperatura basal o el ritmo o calendario. Lo que es más relevante, el 94,4% de católicos y el 95% de evangélicos considera como muy importante la planificación familiar.

Si ya estos hallazgos eran como para poner atención, añadimos que el 68,7% de católicos y el 76,4% de evangélicos que vive en áreas urbanas o en áreas rurales está en desacuerdo y muy en desacuerdo con la posición de la jerarquía católica de oponerse al uso de métodos artificiales para evitar un embarazo.

En cuanto al nunca oportuno tema de aborto, esta encuesta nacional viene a aliviar los apuros de nuestros diputados y diputadas ya que rotundamente, el 90,7% de la ciudadanía expresa que es la pareja, la mujer o el hombre quienes deben decidir en tan espinosa cuestión, o sea, las mismas personas que votan para elegir a sus representantes. En tanto, menos del uno por ciento (0,1%) dijo que la iglesia es la que debe decidir. Como decíamos, no valen las sorpresas, estamos hablando de una cuestión que todo mundo conoce aunque hace de cuenta que no es con él, aunque con ella, -por obvias razones-, siempre es: el aborto. La Encuesta reveló lo que está ante los ojos cerrados de las autoridades: Que las practicas del aborto no se hacen en condiciones adecuadas, que casi la mitad conoce lugares donde se practica el aborto, una de cada cuatro personas conoce a una mujer que abortó, y la gran mayoría sabe que el principal riesgo del aborto en estas condiciones es la muerte materna (78,1%).

Será por ese elemental sentido de sobrevivencia que tiene la gente que está muy de acuerdo o de acuerdo que cuando la vida de la mujer corre peligro se debe despenalizar el aborto (73,4%), lo mismo opinan cuando la mujer tiene SIDA (71,5%). Esta mayoritaria opinión debiera prevalecer a la hora de las grandes decisiones, si como deciamos- queremos honrar la democracia y la participación polular en un Estado cuya Constitución continúa siendo laica -aunque los gobernantes lo disimulen muy bien-.

Pero como decíamos, demasiadas veces lo que hacemos nada tiene que ver con lo que decimos: esa misma gente está en desacuerdo o muy en desacuerdo con despenalizar el aborto cuando se tiene graves problemas económicos, cuando el hombre abandona a la mujer, cuando la mujer no se siente capaz de o no desea criar un hijo/a en esos momentos, cuando el método anticonceptivo ha fallado o cuando la pareja tiene muchos hijos/as y ya no hay condiciones para tener más.

Exactamente esas, ni una más ni una menos son las causas por las cuales esa misma gente recurre al aborto, esos son los factores que determinan que en un momento determinado un embarazo sea considerado inoportuno o no deseado y se interrumpa en la ilegalidad, la clandestinidad y la inseguridad para la salud y la vida de las mujeres pobres.

Casi al final de la encuesta, el 95,3% de la gente vuelve a dar rienda suelta al sentido común: demanda que los legisladores y las legisladoras deben tomar en cuenta encuestas como esta; también el 65,2% plantea que los medios de comunicación deben informar sobre el embarazo en la adolescencia y el uso adecuado de métodos anticonceptivos; solo el 1,9% solicita conocer las opiniones de la Iglesia sobre la sexualidad. Para concluir, el 83,5% de las personas entrevistadas está de acuerdo con que se reforme el Código Penal. La pregunta clave es cómo lograr que dichas reformas incluyan una concepción integral de las personas, garanticen la no discriminación, promuevan la seguridad, aseguren el respeto por las decisiones de la ciudadanía y recuerden que al final del camino, son las mujeres las que viven y sufren las consecuencias de decisiones, opiniones, acciones u omisiones cuando no las toman en cuenta.


TESTIMONIO

“todavía me aterra recordar la reacción del sacerdote cuando me escuchó: me excomulgó, tuve que seguir en el retiro sintiendo su mirada acusadora, aludida en todas sus prédicas...”

"Quisiera contarles una experiencia muy dolorosa que me tocó vivir hace ya muchos años, fue en 1982 y yo tenía 52 años, cuando creí que estaba menopáusica, me embaracé y no podía tener más hijos.

Soy una mujer criada en un hogar muy católico, de misa diaria y fui creciendo con la idea de que el aborto era pecado, con el peso de la culpa y el saber que quedaría excomulgada, pero aún con todas estas dificultades, decidí abortar, no tenía otra solución. Como no contaba con medios económicos, tuve que recurrir a un lugar muy precario y vivir el episodio más doloroso y desagradable de mi vida por las condiciones en que me lo hicieron, sin anestesia y sin las medidas sanitarias elementales. Cuando una se ha criado al alero de la Iglesia Católica, el proceso es muy doloroso. Una solita se excomulga y en mi caso fue terrible. Como católica de base, una de mis tareas era el arreglo de la iglesia para las misas. Cuando llegaba el momento de la comunión, no me atrevía a comulgar y qué triste era para mí asistir al banquete del Señor y no sentarme a su mesa.... no me confesaba y me sentía la más pecadora de todas. Dos años después de mi aborto quedé viuda (castigo de Dios pensé yo), ahora pienso de manera diferente, no creo que haya sido castigo, pero en ese tiempo para mí todo era pecado y como no me confesaba ni comulgaba, estaba convencida que estaba condenada al infierno. Seguí participando en la iglesia y un día fui a un retiro espiritual y me atreví a confesar lo que yo creía era un gran pecado, todavía me aterra recordar la reacción del sacerdote cuando me escuchó, me excomulgó, tuve que seguir en el retiro sintiendo su mirada acusadora, aludida en todas sus prédicas. Ya de vuelta del retiro, no me atrevía a asistir a la iglesia de mi barrio y esto para mí era doloroso, asistía donde no me conocieran. Fueron años duros. Como ya era una mujer viuda, libre, conocí a otras mujeres, aprendí a pensar y pude darme cuenta ....” Carmen, de Valparaiso, Chile.

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