Diciembre 1999

 


Bolivia: ¿ fatalismo o futuro? Católicas por el Derecho a Decidir, Bolivia..

por Ivana Calle Rivaz y Teresa Lanza Católicas por el Derecho a Decidir, Bolivia.


Aprincipios del nuevo milenio, la equidad y la eliminación de la pobreza no dejan de ser una utopía; ni las tendencias globalizantes de la economía, ni los avances de la ciencia y tecnología han logrado, ni prometen hacerlo, cerrar las brechas de desigualdad entre hombres y mujeres y fundar sociedades en las que tener una vida digna no sea privilegio de pocos. Según el informe de Desarrollo Humano de Bolivia (2000) las desigualdades sociales y la pobreza están enraizadas en la sociedad nacional; la pobreza no solamente entendida de acuerdo al nivel de ingresos o la satisfacción de necesidades básicas, sino aquella que también expresa la ausencia de participación de la gente en las decisiones políticas del país, "donde no hay capacidades ni aspiraciones para mejorar la calidad de vida y, sobre todo, donde las personas se resisten a cambiar de situación.

En Bolivia, el fatalismo y la resignación son los principales aliados de la pobreza", dice el informe. En este entramado, las mujeres parecen llevar la peor parte. Un estudio publicado por el Instituto del Tercer Mundo revela que Bolivia ocupa el último puesto en el ranking de Desarrollo con índices de género realizado en 13 países de América Latina y que la situación de las mujeres bolivianas es la peor de la región en relación a los hombres. Pese a que Bolivia es uno de los países que mejor cumple los índices de compromisos asumidos en la IV Conferencia de la Mujer en Beijing, todavía no se ha a podido superar la situación de discriminación y exclusión de las mujeres bolivianas que serían las que ocupan el último lugar en desarrollo de la región.

Hay avances que no sirven Si bien los datos indican que en Bolivia se ha reducido la pobreza femenina y se han implementado mecanismos para incrementar la participación política, la situación de las mujeres no ha cambiado sustancialmente, son más analfabetas que los hombres y siguen ganando salarios más bajos. El último lugar de Bolivia en el ranking de la situación de la mujer se debe también a que, por un lado, la tasa de participación en la actividad económica entre hombres y mujeres es desigual, y por otro, la disparidad salarial de las mujeres con relación a los hombres es la más baja de América Latina. Asimismo, según el estudio, los hogares más pobres de la región son encabezados por mujeres bolivianas.

En cuanto al Indice de Desarrollo de Género, Bolivia ocupa el segundo peor lugar con una de las puntuaciones más bajas; sin embargo, al igual que el resto de los países de América Latina, ni siquiera existe el indicador para medir la potenciación de género. Los mejor ubicados Uruguay, ocupa el primer lugar en el ranking de la situación de las mujeres ya que ellas presentan mayor nivel de alfabetismo que los hombres; gran parte de los hogares encabezados por mujeres no se encuentran en niveles de pobreza y ocupa una buena posición en el Indice de Desarrollo de Género.

Otro país bien ubicado es Colombia que presenta más voluntad política para la implementación de medidas positivas en la participación política de las mujeres. También tiene una buena posición en la presencia de planes y programas vinculados a la salud y la educación de la mujer. Sin embargo, no muestra igual desempeño en lo que se refiere a la participación efectiva de las mujeres en la esfera política. Brasil se ubica en una situación intermedia ya que si bien tiene una buena voluntad política en lo que se refiere a la participación política de las mujeres y en la implementación de políticas con perspectiva de género, ocupa un lugar muy bajo en los que se refiere a los programas para el combate de la pobreza, asimismo, tiene el puesto más bajo de la región con relación a la potenciación de género. Junto a Bolivia otro de los países con peor situación es Guatemala donde la incorporación de la perspectiva de género en programas vinculados a la salud y la educación presenta problemas serios, por otro lado, en lo que se refiere al Indice de Desarrollo de Género ocupa el peor lugar entre los 13 países considerados.

El panorama presentado indica que aún queda un largo camino por avanzar, a pesar de que 6 de los 13 países cuenten hoy con un Plan de Igualdad de Oportunidades, y que en 7 de los 13 se hayan aprobado medidas positivas tendientes a aumentar la participación de las mujeres en los ámbitos políticos. El estudio concluye: "Cuando se observan algunas cifras vinculadas a la desocupación de las mujeres, a su porcentaje entre los pobres, a la importante brecha que existe entre los salarios femeninos y los masculinos, a su escasísima representación en el ámbito de la política, resulta claro que los rezagos aún son notorios y que más del 50% de la población latinoamericana comienza el nuevo milenio enfrentando, cotidianamente, situaciones de discriminación que deberían haber quedado en la prehistoria".

¿Hacia donde vamos? El fatalismo no nos conduce a nada, de lo que se trata es de cambiar reflexiva y críticamente; y sobre esto las mujeres tienen mucho que contar. Históricamente los movimientos de mujeres en Bolivia han conquistado espacios y reinvindicaciones que para otros siglos hubieran sido imposibles de alcanzar. Un gran referente de cambios fue la IV Conferencia Mundial de Mujer realizada en Beijing en 1995; alrededor de este evento se produjeron procesos evaluatorios y conclusivos muy ricos para las mujeres. El "Informe a 5 años de la Conferencia Mundial sobre la Mujer, Beijing 1995" concluye que “se ha avanzado en la sensibilización sobre la violencia doméstica y la subvaloración de las mujeres, de su trabajo y del aporte de éstas a la sociedad; también se ha adelantado en el fomento al ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos, el acceso a la educación, etc.

Las redes y las ONGs de mujeres son importantes interlocutoras de necesidades de la mujer ante el Estado, los partidos políticos y la sociedad civil por sus acciones de defensa de los derechos humanos, su intervención en las políticas sociales y su aporte a las reformas legales”. No obstante, también se reconoce que el proceso posterior a Beijing se caracteriza por un reflujo del movimiento de mujeres, que se expresa en el debilitamiento y la fragmentación de este actor político y cultural en su rol de interpelación y control al Estado. También se advierte además un debilitamiento del movimiento en su discurso, en sus propuestas y en su capacidad de articular la diversidad de clase, etnia y generacional. Devaki Jain, en un discurso emitido ante la Articulación de ONGs en ocasión de reunión de la Sesión especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas (Beijing +5) realizada a principios de junio de 2000, alertaba, basada en estudios, que pese a la existencia de avances a nivel jurídico, las mujeres tengan propiedades, cuenten con ingresos, accedan a educación, incluso teniendo igualdad en los indicadores sociales, la violencia contra las mujeres no ha reducido.

"La Igualdad de Género es una condición necesaria pero no suficiente para la emancipación de las mujeres, no es una condición suficiente para eliminar la discriminación y opresión de los sectores socialmente excluidos de la sociedad". Nos enfrentamos a un complejo espacio de condiciones restrictivas de que la equidad entre hombres y mujeres y el ejercicio del derecho a decidir en cualquier ámbito de la vida se hagan realidad. Se interponen el fatalismo, las concepciones patriarcales que impiden que los proyectos de equidad que pueda tener el Estado Boliviano se hagan práctica, y las propias limitaciones de integralidad de las propuestas de las mujeres con otros sectores de la sociedad. Los cambios que proponen las mujeres bolivianas y otros sectores tienen que ver con que los principios de justicia social y equidad dejen de ser postulados remitidos al discurso y la inaplicabilidad teórica para convertirse en práctica del cotidiano. Esta propuesta no puede estar al margen del rol que juegan las instancias democráticas de Bolivia, las cuales deberían expresar en las políticas de Estado aquellos compromisos referidos a la eliminación de la pobreza y la discriminación de las mujeres plasmados en varias conferencias internacionales; sabemos que este "deberían" no es suficiente y que estructuras patriarcales fuertemente contaminadas de corrupción y ausencia de representatividad, como algunas de las características de la democracia boliviana, impiden "sistemáticamente" los avances a favor de las mujeres y de la sociedad en su conjunto. En ese marco, trabajar en propuestas de interpelación a los diseñadores de políticas públicas y legisladores, en un marco democrático, se hace prioritario no sólo para visibilizar la capacidad de deliberación y propuesta que tiene la sociedad civil, sino para ejercer el derecho a la participación en la elaboración o discusión de normas que regirán la vida.

Como mujeres católicas comprometidas con los Derechos Humanos y la Justicia Social nos sumamos a las propuestas de diálogo apuntaladas por varias instancias sociales y eclesiales de nuestro país que tienen como objetivo revertir la pobreza generada por el modelo neoliberal y plantear la urgente necesidad de actuar para disminuir la inequidad y la exclusión. Temas que se nos presentan como grandes desafíos para el siglo XXI.6 (Cfr. CELAM, 1999).-

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