Diciembre 1999

EDITORIAL

En este último ejemplar del año y del siglo de Conciencia Latinoamericana estamos reeditando artículos de publicaciones pasadas debido a la demanda permanente de este material en los diferentes países de América Latina. Se trata de "La Educación Sexual de los Jóvenes", "Embarazo Adolescente" y "El Derecho a Decir y Decidir de los Jóvenes", hemos seleccionado cuidadosamente aquellos artículos que aun siguen vigentes, agregamos uno nuevo referido a la participación de los y las jóvenes en Cairo +5.

La educación sexual es sin duda una realidad compleja, incluso si la concebimos en el marco de la educación formal, nos podríamos llegar a cuestionar su existencia como una materia aislada en sí misma. ¿Se podría acaso enseñar sexualidad, como se enseña geografía o matemáticas?.

Si la sexualidad es una manera de ser en el mundo, parte integrada de nuestra personalidad, y nos constituye desde nuestro nacimiento hasta el fin de nuestra vida, no podría ser "educada" como algo disociado de nuestra propia existencia. Por otro lado, la sexualidad que debería ser lugar de realización, de gratificación, de experiencia gozosa de la vida, se convierte en fuente de sufrimiento, de opresión, de sometimiento. Esta realidad marca hondamente a las mujeres en las distintas etapas de su vida, al tiempo que los medios de comunicación impregnados de mensajes sexo-eróticos, utilizan el placer sexual como señuelo constante que canaliza las necesidades hacia el consumo.

Más allá de las buenas intenciones, la educación sexual que hemos recibido por acción u omisión a través de la culpa, la vergüenza, el miedo al castigo, ha operado como factor represor de nuestras potencialidades. Si la sexualidad es relación no se la puede educar como algo aislado: se debería educar para la relación. Relaciones sanas, de reciprocidad, nos darían por añadidura una sexualidad sana y gratificante.

Uno de los grandes obstáculos de la formación sexual católica de los jóvenes, ha sido privilegiar la relación, pero haciendo abstracción de la sexualidad, de la sensualidad, del cuerpo. Muchas veces no sólo se propone la abstinencia a los jóvenes, sino que se actúa como si fuera del matrimonio no existiera experiencia sexual, pero la realidad de nuestros jóvenes es otra, y este tipo de propuestas sólo lleva a la disociación de la sexualidad y la vida, con los riesgos físicos, emocionales y psicológicos que conocemos.

Históricamente el embarazo adolescente y la maternidad temprana han sido parte de la realidad social de América Latina agravada por una paternidad también adolescente que generalmente no asume responsabilidades y es hoy comprendida como una problemática muy compleja donde se entrecruzan múltiples aspectos.

El orden jurídico, la religión, la cultura, imponen a la niña, desde el inicio de su socialización a través de los medios de comunicación, la educación, la familia el mandato patriarcal de género: la maternidad como destino único e ineludible. Mientras no se pongan en marcha los cambios que son necesarios para una vida humanizada seguirá siendo una utopía una vivencia de la sexualidad como esencialmente buena y placentera, y la maternidad/paternidad como una aventura digna de ser vivida en plenitud, cuando la madurez personal y de la pareja así lo disponga.

En este final del milenio uno de los logros más importante de las mujeres en el mundo es la conciencia generalizada de que tenemos derechos sexuales y derechos reproductivos y también la conciencia de que las y los adolescentes tienen derecho al placer y a la ternura en la vivencia plena de su sexualidad. La sexualidad de las y los adolescentes inquieta a los adultos, a las instituciones y fue un tema muy debatido en la evaluación de Cairo + 5 en el presente año donde los fundamentalismos se unían pretendiendo dar permiso a decidir sólo a los padres. En la realidad los padres nunca deciden. Ellos controlan, reprimen, aconsejan pero son sólo las y los jóvenes quienes deciden y lo hacen muchas veces en las peores condiciones, sin contención, sin información y sin acceso a los servicios de salud y por lo tanto exponen su proyecto personal, su cuerpo, su vida.

En el umbral del tercer milenio anhelamos que la libertad, el respeto a las/los diferentes, la justicia, la democracia, el placer y la alegría de vivir invada a la Iglesia dejando atrás las represiones y las culpas como parte de una historia ya pasada.

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