Católicas por el Derecho a Decidir
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Iglesia Católica: Realidades detrás del altar

"El revelador informe sobre la escandalosa  vida sexual del Clero -que incluye violaciones a monjas y abortos obligados- publicado en nuestro número pasado, motivó este valiente artículo enviado por integrantes del grupo Católicas por el Derecho a Decidir/Bolivia"

Ivana Calle Rivaz, Teresa Lanza
Católicas por el Derecho a Decidir/Bolivia

No tiene otro nombre la histórica posición de la jerarquía católica frente a la sexualidad y al aborto cuando, según denuncias bien fundadas, son los propios curas los que obligan a monjas a tener relaciones sexuales bajo violencia y a abortar si están embarazadas: doble moral.

Ocurrió en la China podrán decir los curas locales, pero nosotras como mujeres católicas comprometidas con los derechos de las mujeres a tener una vida sin violencia y a no sufrir discriminación alguna, no podemos dejar de decir nuestra palabra libre de posiciones afanosas de réplica y por el contrario comprensivas e interesadas en la reflexión democrática  y la comprensión de los contextos.

 

Las violaciones a novicias nos indignan, los abortos obligados también, pero creemos que es necesario plantear un debate con temas que permitan visibilizar cuestiones que son de fondo: la situación de discriminación de las mujeres y la cuestión del sexo al interior de la iglesia católica.

Los hechos

Los informes de las religiosas María O´Donohue y Maura McDonald sobre centenares de monjas violadas en 23 países, la mayoría en Africa, y publicados por la revista norteamericana National Catholic Reporter, conmovieron al mundo en las últimas semanas no obstante que estos abusos comenzaron a denunciarse en los años noventa.

 

La olla que se destapa, pone en evidencia violaciones sexuales, abortos bajo presión, explotación sexual, favores sexuales exigidos para otorgar certificados o recomendaciones a religiosas; todos delitos perpetrados por curas y obispos en contra de monjas y novicias.

La lista de abusos es variada, incluye casos de médicos de hospitales católicos que se ven asediados por sacerdotes que les llevan "a monjas  y otras jóvenes para abortar". O´Donohue cita un caso extremo, el de "un sacerdote que obliga a abortar a una monja", ella muere y él oficia la misa de difuntos por la joven fallecida.

El Vaticano ha aceptado los hechos: Joaquín  Navarro Valls, portavoz, reconoció el 20 de marzo, que el problema es "conocido" y que "se está afrontado", pero lo circunscribió a "un área geográfica limitada" refiriéndose a Africa.

Para Pepe Rodríguez[1] experto en temas religiosos, lo novedoso de este asunto no son las violaciones contra las monjas sino que el Vaticano haya declarado conocer la existencia de estos delitos y que, como es costumbre, las autoridades eclesiásticas no hicieran nada para terminar con esa situación o castigar a los culpables a pesar de que conocían las denuncias hace varios años.

Rodríguez asegura que "desde los ámbitos católicos intenta quitarse importancia a estos hechos argumentando que "solo" suceden en países africanos, por una cuestión estrictamente cultural... pero, lamentablemente, los abusos sexuales del clero católico son muy importantes en todo el mundo, incluidos los países más desarrollados, entre los que está España".

Mujeres: de segunda

La misoginia subyace en las raíces que sustentan la discriminación y la violencia contra las mujeres en la iglesia.

Históricamente la jerarquía católica ha fomentado la misoginia al interior de las estructuras clericales, basta una mirada para convencerse que la participación de las mujeres ha estado cercada por el patriarcalismo y reducida a servir en la sacristía.

Terca y sistemáticamente las mujeres han sido excluidas de la historia católica, de los centros de decisión de la jerarquía y del ejercicio sacerdotal. La misoginia, como  valor predominante en las prácticas y tradiciones, ha circunscrito a las mujeres a papeles secundarios y sometidos a la autoridad masculina encarnada en el sacerdote al que se le debe  respeto y sumisión.

Las prédicas y actitudes de la jerarquía han sacralizado la marginación y la subordinación de las mujeres; han disimulado con un supuesto consentimiento divino las relaciones de desigualdad entre los géneros. La religión católica ha fortalecido el razonamiento ideológico de todas las estructuras patriarcales, dándoles una validez eterna.

Lecturas misógenas de la Biblia, han encontrado justificaciones para excluir y discriminar a las mujeres tanto de la organización de la iglesia como del proyecto de amor para hombres y mujeres que Jesús legó. Dichas interpretaciones, al parecer, ofrecen pocos caminos liberadores para la mujer; no obstante, desde una perspectiva histórica, este libro, es producto de una cultura patriarcal en la que la mujer era sujeto de discriminación principalmente por dos causas: la opresión y marginación de los pobres en Israel, y la situación de desigualdad de la mujer en esta sociedad.

Nos enfrentamos a una caprichosa ceguera para comprender que Jesús de Nazaret nos propone una relación de igualdad y fraternidad entre los sexos; su practica -más que su palabra- se constituye en paradigma y desafío porque no se trata de "imitar" o de llegar hasta donde él no llegó, se trata por el contrario, de recorrer los caminos inéditos que él señaló.

El sexo

Según el teólogo Enrique Miret Magdalena "Lo que acaba de develarse: que una parte del clero no cumple ni respeta el celibato, y que incluso se lanzan a violar a monjas y novicias, no es sino consecuencia de esa férrea ley que impide al clero latino casarse, y se precipitan por la calle haciendo caso omiso de sus promesas. Las estadísticas que existen en el país de las encuestas, que son los Estados Unidos, revelan el mar de fondo que existe y la jerarquía católica quiere silenciar. Y solamente, de cuando en cuando, surge algún hecho que tiene visos de escándalo, cuando se difunde".

Varios teólogos sostienen que el tema del celibato es un tema a tomar en cuenta al momento de abordar el caso de las violaciones a monjas, para Pepe Rodríguez, ésta denuncia no es más que la punta de un tremendo iceberg.  Según este investigador, en todas las encuestas entre sacerdotes, no menos de un 75 a 80 por ciento está a favor del celibato opcional posición que también defiende en su libro "La vida sexual del clero".

Para Rodríguez, "no hay duda de que el próximo Papa permitirá el celibato opcional, no sólo porque es justo y necesario, y mejorará la vida afectiva de los sacerdotes que deseen tener una familia, y acabará con infinitas situaciones de abuso, delito e hipocresía, sino que además, es un decreto administrativo relativamente reciente y profundamente antievangélico, sin base neotestamentaria ninguna..."

El celibato se da exclusivamente en la Iglesia latina desde el Siglo XII, no ha sido normado por Jesús como condición sine qua non para ser apóstol, "Jesús cuestiona, más bien, leyes y costumbres humanas que impiden su libre e íntegra realización... a Pablo, al apóstol del mundo occidental, en su celo por la propagación de  la Buena Nueva del Evangelio, nunca se le hubiese ocurrido impedir a alguien la obra misionera a base de su estado civil, ni la impediría, bajo los signos de nuestro tiempo, a las mujeres [2]".

Voces de cambio

En el día  mundial de oración para la ordenación de las mujeres celebrado el 25 de marzo, fecha que coincidió con las denuncias de monjas violadas, el Colectiu de Dones en l'Església emitió el siguiente manifiesto:

"Es hora de una gran revisión. Revisión de los textos. Revisión de las ideas que todavía se transmiten sobre las mujeres y que favorecen el menosprecio y  la violencia contra ellas. Revisión de los comportamientos clericales  acostumbrados a imponer su ley. Revisión del lenguaje. Revisión del machismo imperante en la iglesia".

Nosotras nos preguntamos:  Si Dios nos ha hecho a su imagen y nos ama como a hijas, ¿por qué la jerarquía de la  iglesia católica  nos discrimina, excluye y remite a una posición inferior  vulnerable a la violencia?

Proclamamos una iglesia humana donde honestamente se acepten las incoherencias, se escuche al pueblo de Dios que somos nosotros y nosotras y se anule a la hipocresía como norma de vida.



[1] http://www.pepe-rodriguez.com

[2] Franz Wieser, ex sacerdote miembro del Movimiento Internacional Somos Iglesia

 

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