Director Ejecutivo

Hno. Santos Pérez Reol

 

Mensaje

del

Hno. Santos Pérez Reol

 

 

El momento histórico que nos ha tocó vivir en el año 1998 relativo a la firma del acta de paz por los Presidentes de Perú y Ecuador nos proporciona el tema para esta editorial. La Paz, llamada por San Agustín "la armonía del orden" ("tranquilitas ordinis") y por la Sagrada Escritura (Isaías 32,7) y el Concilio Vaticano 11 "obra de la justicia" ("opus justitiae"), debe ser también el eran objetivo de corto, mediano y largo plazo en todo centro educativo que se precie de humanista, peruano, cristiano y agustiniano.

Por eso nada mejor que recordar en esta página algunas palabras del magisterio de la Iglesia alusivas a la paz.

 

NATURALEZA DE LA PAZ

"La paz no consiste en una mera ausencia de guerra ni se reduce a asegurar el equilibrio de las distintas fuerzas contrarias, ni nace del dominio despótico, sino que con razón se define como "obra de la justicia". Ella es como el fruto de aquel orden que el Creador quiso establecer en la sociedad humana y que debe irse perfeccionando sin cesar por medio del esfuerzo de aquellos hombres que aspiran a implantar en el mundo una justicia cada vez más plena.

La Paz no es nunca algo adquirido de una vez para siempre, sino que es preciso ir construyéndola y edificándola cada día. Como además la voluntad humana es frágil y está herida por el pecado, el mantenimiento de la paz requiere que cada uno se esfuerce constantemente por dominar sus pasiones y exige de la autoridad legítima una continua vigilancia.

Y todo esto es aún insuficiente. La paz de la que hablamos no puede obtenerse en este mundo sin respetar la dignidad de los otros hombres y pueblos y sin un solícito ejercicio de la fraternidad. Puede deducirse que la paz es también fruto de amor, que supera los límites de lo que exige la simple justicia.

 

PAZ Y EDUCACIÓN. SENTIMIENTOS NUEVOS

Quienes se consagran a la educación de los hombres sobre todo de los jóvenes, o tienen por misión educar a 1, opinión pública consideren como su mayor deber el inculcar en todas las mentes sentimientos nuevos que lleven a 1, paz.

Para construir la paz es preciso que desaparezcan primer (todas las causas de discordia entre los hombres, que son las que engendran las guerras, de manera especial las injusticias, que provienen de las desigualdades económicas, de lentitud en aplicar remedios, de la ambición de dominio, d, desprecio a las personas, de la envidia, la desconfianza, e orgullo y demás pasiones egoístas.

 

PAPEL DE LOS CRISTIANOS EN LA

CONSTRUCCION DE LA PAZ

Los cristianos deben cooperar con gusto y de corazón. la edificación de un orden internacional en el que fomente una sincera fraternidad entre todos.

El espíritu de pobreza y de caridad debe ser la gloria; el testimonio de la Iglesia de Cristo.

Hay que alabar y animar a aquellos cristianos, sobre todo a los jóvenes, que espontáneamente se ofrecen para ayudar los demás hombres y naciones. El espíritu de caridad, exige el ejercicio ordenado y previsor da la acción social' caritativa.

La cooperación entre los hombres se conseguirá mejor los mismos fieles, en sus propios ambientes, conscientes la propia responsabilidad humana y cristiana, se esfuerzan por despertar el deseo de una generosa cooperación con la comunidad internacional. Dese a esto una especial importancia en la formación de los jóvenes, tanto en su formación religiosa como civil.

(Concilio Vaticano II, Constitución Gaudium et Spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, ns. 78 – 90)

 

Hno. Santos Pérez Reol

Director Ejecutivo

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