—¿Cuáles son los ejes de la propuesta cultural de este gobierno?
—De la administración anterior recibimos una infraestructura llamada Socicultur, que se dedicaba, aparte de la cultura, a la colocación de templetes. Nuestra ciudad no contaba con una institución dedicada completamente a la cultura. Por eso nos propusimos construir un Instituto de Cultura, que fue una de las propuestas de campaña del ingeniero Cárdenas y el proyecto se hizo con base en las propuestas de los ciudadanos.
El Instituto se propone tres tareas fundamentales: primero, reorganizar y recuperar la infraestructura de nuestra ciudad, que parece, sin exagerar, que hubiera sido bombardeada; cines incendiados, teatros cerrados, casas de la cultura convertidas en centros de iniciación al macramé o a los aerobics, además de que no cuentan con una infraestructura financiera, por lo tanto necesitamos unificarlas alrededor de un proyecto homogéneo.
El segundo aspecto tiene que ver con ganar las calles, y este proyecto es mucho más amplio porque implica una renovación de la vida civil de la ciudad, que hoy en día se encuentra sitiada por la violencia y los escaparates comerciales. Pensamos que la cultura puede ser un motor de cambio, convirtiendo plazas públicas en un espacio para la música y otras artes. Más de una docena de conciertos comprueban mis palabras.
El tercer aspecto está relacionado con el fomento a la lectura y la promoción del teatro en atril. El primer proyecto se basa en la formación de Libro clubs, y pensamos abrir doscientos de estos, antes de finalizar el año, con la finalidad de llegar al mayor público posible. El segundo proyecto, se dedica a promover con bajos costos, la puesta en escena de obras de teatro clásico.
Es digno de mencionar que al principio de la administración detectamos que sólo existía un corredor cultural mismo que iba del Zócalo a Ciudad Universitaria, y por esta razón, decidimos extenderlo al resto de la ciudad.
Una llamada telefónica interrumpe la entrevista, y esta breve pausa, me permite buscar en el microondas de Goebels una de sus mejores frases: "Cada vez que escucho la palabra cultura desenfundo mi revólver". Eduardo cuelga el teléfono y escucha otra pregunta:
—¿Cómo lograr la continuidad de los proyectos?
—El Instituto de Cultura de la Ciudad de México contará con un consejo integrado por personas de alto valor: Carlos Prieto, Carlos Monsiváis, Teodoro González de León, Cristina Pacheco, ellos garantizarán la continuidad, ya que las decisiones no sólo dependerán de los funcionarios.
—¿Cómo impedirán que las mafias controlen el Instituto?
—No estoy de acuerdo con ese concepto de mafias, es una idea paranoica... —esta frase me hace perder el control, a mi mente vienen imágenes de los caciques culturales de la ciudad: unos son flacos, otros gordos, etc., pero todos bailan al son que el presupuesto toque. Eduardo toma distancia de mi reflexión, y continúa con su monólogo—. No estamos haciendo una política clientelar, que busque un reparto oportunista de puestos. Nuestra propuesta es difundir la cultura. No buscamos un apoyo para los creadores sino uno para la ciudadanía, intentamos integrar al hombre común a la vida cultural, para lo cual, hay que convocar a la población por otros medios y repartir la oferta cultural. Nuestro proyecto, que apenas tiene cinco meses, a recibido una respuesta con auditorios interesados.
Existe una falsa percepción de que los públicos masivos son menores de edad, esto se debe a la herencia de los medios electrónicos que demuestran un enorme desprecio por la comunidad, la situación cambiará en la misma medida en que avance la apertura democrática.
—¿qué respuesta han recibido de la iniciativa privada?
—Un sector de la Iniciativa Privada ha entendido nuestra propuesta y están involucrándose, como el caso de disqueras, editoriales, sin embargo, el apoyo es incipiente debido al corto tiempo que llevamos en el puesto.
—¿Consideras que la cultura debe ser autosuficiente?
—Es deseable que así sea, el reto es triplicar los fondos públicos para proyectos culturales, por medio de apoyos privados y la coordinación con otras instituciones, esto nadie lo condena, pero no se puede permitir que bajo la idea de una supuesta rentabilidad, la cultura se restrinja y desgraciadamente este concepto fue imperante en las administraciones pasadas.
—¿Existen condiciones para crear microempresas culturales?
—Hay que impulsarlas, para que de este modo existan condiciones óptimas donde pueda desarrollarse la gestoría cultural. Recordemos que la función de un gestor cultural es entender como se mueven los recursos y ver la manera de lograr deducciones en los impuestos. Esto es vital, ya que nuestro medio vive amenazado por otras prioridades del estado.
—¿Cuál debe ser el papel de un estado moderno respecto a la cultura?
—El estado no debe ser productor de cultura ni dueño de la vida cultural, sino simplemente un promotor. Esto garantizaría que más allá de los cambios políticos, la cultura mantendría sus propios ritmos, además aseguraría, entre otras cosas, la libertad de pensamiento.
Esta tarea es fundamental, la cultura no puede ser un espacio de ornato independiente de su entorno, sino debe crear espacios para la reflexión de los problemas actuales.
—Retomo la impresión que me llevé del ambiente laboral que existe en este lugar y pregunto—. ¿Hay demasiados burócratas en el medio cultural?
—Cuando llegamos a este lugar nos encontramos con un cementerio, aquí no se movía nada, era una idea pedestre de entretenimiento. Sin embargo existe una propuesta del gobierno central de respetar a los trabajadores de planta y no reducir su número.
Tenemos que capacitar a estos trabajadores para asumir los nuevos retos. Vale la pena intentarlo.