Entrevista


Sócrates Amado Campos Lemus

En el 68, primer ensayo de democracia directa en México


Sócrates Amado Campos Lemus, originario de Santiago Tianguistengo, Hidalgo, es egresado de la Escuela Superior de Economía del IPN. Fue representante de ese plantel ante el Consejo Nacional de Huelga. Estuvo preso en Lecumberri con la dirigencia del Movimiento Estudiantil-Popular Mexicano de 1968. Después fue director de Análisis de Contenido de la Información en Canal 13 antes de su privatización. Actualmente es director de la Revista Curanderos, hierbas y costumbres mexicanas. También es columnista del periódico El heraldo de México, de las revistas Medicinas alternativas y Banca Española, así como de la Agencia de Noticias Lemus que proporciona servicios a 56 periódicos del interior del país. Es autor de los libros Octubre: el otoño de la revolución, Los hombrecitos de la tierra colorada, La cárcel y yo y 68 tiempo de hablar 30 años después.

—¿Cómo llegaste al Movimiento Estudiantil-Popular de 1968?

—Yo creo que no solamente es cómo llegué yo, sino cómo llegamos miles de personas. Porque el Movimiento Estudiantil de 1968 nació de una profunda inquietud democrática de los jóvenes y fue el primer ensayo de democracia que se hizo en México con la elección de lo que se puede decir dirección entre comillas.

—¿O sea, el Consejo Nacional de Huelga (CNH)?

—No solamente el CNH. También los Comités de Lucha que sustituyeron a los comités ejecutivos de las sociedades de alumnos que en muchos casos eran organismos manipulados por autoridades académicas o autoridades de carácter político tanto estudiantiles como de la política nacional. Esto permitió una representatividad democrática en cada una de las escuelas y sobre todo de los dirigentes. De modo que el CNH fue una representación de la acción democrática general a un punto tal que uno de los primeros acuerdos fue que no se manejaran los puntos de vista de los partidos políticos, sino los de la representación de cada una de las escuelas. Esto independientemente de que algún representante estudiantil pudiera ser miembro de tal o cual partido político.

—¿El Movimiento construyó su propia línea de acción y su propio programa político?

—Sí. Y fue un programa y una línea de acción concretada en los seis puntos de un pliego petitorio que no contenía proyecto político alguno más allá de los objetivos postulados. El CNH fue un organismo plural y de amplia representación política donde no solamente participaban grupos de izquierda sino inclusive de derecha que en un momento dado también fueron representantes de sus escuelas. Creo que lo que amalgamó el Movimiento Estudiantil de 1968 fueron los seis puntos del pliego petitorio. Pero también nos acotó. Creo que esto fue lo que nos unió pero también nos limitó en la acción política.

—Sin embargo, en el Movimiento Estudiantil había también una reivindicación de las libertades políticas. ¿Crees que esa fue la causa de que adquiriera un carácter popular masivo?

—Creo que en el mismo proceso se fue dando. A veces la dirigencia no tuvo la claridad suficiente en esto, pero las masas sí. Y el grito de las masas era democracia, respeto a la Constitución —que era muy importante y creo sigue siendo una de las demandas más importantes en este país—, libertad de manifestación y de expresión. Y creo también que una de las cosas más importantes que el Movimiento señaló y dio contenido a los procesos sociopolíticos que le sucedieron fue el de la libertad de prensa. Porque lo de "Prensa Vendida" —una denuncia social reiterada a lo largo de los acontecimientos— era un reclamo a ese control total que tenía el Estado sobre los medios de comunicación que deformaban o trataban de deformar los objetivos del Movimiento y las características del liderazgo del Movimiento.

—El gobierno presionó a través de los medios. ¿También en las negociaciones para poner fin al conflicto?

—Sí. Pero por un lado, nosotros no sabíamos negociar. Por otro, el Estado tampoco sabía cómo. Sus personeros no estaban acostumbrados al diálogo. Estaban acostumbrados a imponer. Era su principio de autoridad. Pero en el momento en que el proceso democrático entró al seno de las escuelas, al seno de la Universidad, del Politécnico y otras instituciones de educación media y superior, se rompieron los puentes tradicionales de negociación que se tenían por parte del Estado y de los propios directivos académicos. Y por nuestra parte en el seno del CNH fue muy difícil establecer nuevos canales de comunicación porque se prestaba a malas interpretaciones. Las propuestas tenían que ser públicas. Por eso creo que tardaron tanto los primeros intentos de negociación. El proceso represivo comenzó antes del 26 de julio, cundió el 26 de julio y se generalizó. Paradójicamente, todos los excesos de fuerza en lugar de desmantelar al Movimiento lo consolidaron. La solidaridad trascendió el ámbito netamente universitario. Seguíamos con el proceso de las negociaciones. Pero el 27 de agosto se tomó la decisión de elaborar los discursos previamente a su lectura pública. Así ocurrió con el discurso aquél en donde se llamó al diálogo público. Discurso que redactó un grupo designado por el CNH elaborado tan de buena fe por parte nuestra y de nuestros compañeros que cuando fue leído en el mitin de ese día, después de una marcha enorme, monumental, a todos nos tomó por sorpresa que cuando el documento llamó al diálogo público y pidió el Palacio de Bellas Artes o el Palacio de los Deportes para llevarlo a cabo la gente enardecida comenzó a gritar "¡Zócalo! ¡Zócalo!". Y estábamos en el Zócalo. Fue cuando decidí someter el acuerdo definitivo al voto de la mayoría, porque finalmente eso era parte de la nueva formación política que veníamos generando. La decisión de sujetar el acuerdo final al voto de la mayoría la tomé con dos criterios: uno, para calmar las cosas y volverlas a llevar al CNH; y dos, para bajar la presión del mitin en donde tú veías desde el camión donde instalamos la tribuna de los oradores que la gente se comenzó a amotinar y algunos grupos se lanzaron hacia el Palacio Nacional. Ahí fue cuando tomé esa decisión. Ahora algunos grupos dicen que fue una gran provocación de mi parte. Sin embargo, la decisión de permanecer en un plantón, desde el 27 de agosto hasta el primero de septiembre —día del Informe Presidencial—, no fue una propuesta mía. Fue una propuesta que no fue aceptada en el CNH sino determinada por varios Comités de Lucha como los de Derecho y algunas otras escuelas. Considero que tenemos que admitir nuestros propios errores. Pero creo que a veces el entusiasmo y el tratar de revitalizar y revivir aquéllas jornadas históricas tan importantes para la juventud y para nuestra generación nos hace perder la objetividad en estas cosas. Creo que lo importante de hacer un recuento histórico es reconocer cuáles fueron nuestros errores y las deficiencias del Movimiento para que las nuevas generaciones no cometan las mismas pendejadas. (CP)

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