Silvia Gómez Marín
—¿Cómo llegaste al Movimiento Estudiantil-Popular de 1968?Silvia Gómez Marín es maestra en historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es candidata a doctora en historia de México por la misma facultad. Es profesora en el Colegio de Historia de ese mismo centro de estudios e impartió un Seminario de Historia Contemporánea de México en dicho plantel. Es investigadora de tiempo completo en el Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la UNAM. Y es autora, entre otros libros, de Heriberto Jara, un luchador de la Revolución Mexicana y La prensa partidista en las elecciones de 1988.
—Primero entré a la Juventud Comunista de México porque mi hermano mayor era miembro del Partido Comunista Mexicano (PCM) y posteriormente se fue a Cuba. Yo estaba en la secundaria y ahí se inició mi interés por la democracia, las ideas libertarias y el socialismo. Cuando inició el Movimiento Estudiantil de 1968 yo ya tenía un poco de experiencia en grupos de la Juventud Comunista. Estaba en el primer año de la carrera de historia en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y ahí formamos un grupo. Anteriormente participé en un grupo cultural que se llamaba Centro de Cultura Popular (CPC), que estaba integrado por muchas personas, entre ellas Carolia Paniagua, Antonio del Toro, Raúl Moreno y otros. En el año de 1966 llevamos a Los Folkloristas a la Universidad, empezamos a abrir ese espacio cultural y a introducir canciones de contenido social y de protesta. Se puede decir que esas fueron las primeras manifestaciones. Cuando se comenzó el Movimiento había ya toda una infraestructura, nos reuníamos grupos de diversas facultades para ejecutar actividades políticas y culturales, y ese fue mi primer contacto con el Movimiento Estudiantil del 68.
—¿Qué manifestaciones culturales hubo durante el Movimiento Estudiantil?
—Recuerdo que se llevaban prácticamente a todas las escuelas y facultades a cantantes de protesta, como José de Molina, quien cantaba esa de A parir madres latinas. Los Folkloristas eran los encargados de surtir de artistas a las diferentes facultades y nosotros organizábamos toda la infraestructura necesaria para que se pudieran presentar. Los abanderados del movimiento musical del Movimiento fueron Los Folkloristas y en especial René Villanueva, uno de sus integrantes. Entre las pintoras estaba Carolia Paniagua —la esposa del Chale— quien era la principal activista del Centro Popular de Cultura. Participaban poetas, como Antonio del Toro y otros. El movimiento cultural comenzó desde 1966. Por eso digo que cuando surgió el Movimiento Estudiantil ya había detrás de él toda una experiencia política de un grupo de estudiantes. Y en ese sentido te puedo decir que la Juventud Comunista fue un surtidor de líderes y de activistas muy importantes. Muchas veces me pregunto qué pasó con el Movimiento Estudiantil después del 68, que hasta la fecha no se ha repuesto. De repente vienen algunas oleadas, pero ese Movimiento fuerte, con esa consciencia política de la Guerra de Vietnam, de la Revolución Cubana y que salíamos a la calle y nos la jugábamos con los granaderos, todo eso se ha perdido. Siento que tiene mucho que ver con la caída y el desvanecimiento del socialismo. En esa época en que nosotros estábamos ahí era un auge muy importante de ideas libertarias y con un gran contenido antiimperialista y social que se ha perdido mucho en la actualidad.
—Hubo un magma libertario que iba por todos lo países como la Primavera de Praga, el Mayo Francés, etcétera. ¿Qué influencia nacional e internacional tuvo el Movimiento?
—Creo que en lo internacional los sesenta fueron como un despertar hacia otro mundo con otra visión. Fue una generación que vivió con muchas contradicciones y que desde el punto de vista familiar, los padres eran represivos y autoritarios, lo que nos impulsó a liberarnos. Creo que esto que se dio en México y en muchos otros países tuvo que ver con los sesenta, desde la píldora anticonceptiva y el despertar de la mujer hasta muchas otras cosas. Cuando escucho a los políticos que dicen que México no debe permanecer cerrado, que debe de abrirse, yo pienso que México nunca ha estado cerrado, no puede estar cerrado sólo por su posición geográfica. Y menos en este siglo. La influencia que nos llegó a nuestra generación nos llegó de muchas partes, incluso de los Estados Unidos con los hippies y el Movimiento Negro; eso tuvo mucho de internacional. Y en lo nacional, por estas contradicciones que te mencioné: la Revolución Mexicana, el discurso político, la ideología que nos puso en contacto con la realidad que vivíamos. Pero esa realidad y el discurso político no nos checaba con el autoritarismo que en esos momentos tenía lugar en el sistema político mexicano. Y fuimos una generación retadora en contra del autoritarismo exigiendo en las calles y gritando en las manifestaciones que la pesadilla autoritaria terminara. También tuvimos la influencia de los movimientos guerrilleros y los movimientos intelectuales, las lecturas de esos momentos, todo lo absorbíamos como esponjas y recibíamos influencia de muchas partes y que a finales de los sesenta explotó por diferentes causas. (CP)