Entrevista


Plácido Domingo, la magia de la ópera


Por Julia Caríssimo

Judíos, filisteos, sacerdotes, guerreros y sensuales bailarinas forcejean con sus cuerpos y sus propias conciencias en algún lugar de Gaza de la vieja Palestina. En un escenario cuajado de balanceados claro-oscuros e intensos color damasco, las escenas de masas un tanto paganas resultan excitantes. Sansón, parece contraerse aún bajo el embrujo del sudor de un vientre desnudo: Dalila, sensual y erótica -la sacerdotisa de los filisteos- , es uno de los papeles más deseados por ser bello en sus tres arias y efectivo en el repertorio de las mesosopranos. Charles Camile Saint-Saëns (1835-1921) es el autor de "Sansón y Dalila". La belleza y frescura de Sansón y Dalila es esplendorosa, siendo la única de las 16 obras teatrales del autor que ha conseguido mantenerse en los escenarios internacionales. La premier, en el Metropolitan Opera de Nueva York, en febrero de 1998 con Plácido Domingo y Denyse Graves es un regalo para los sentidos. La nueva producción es de Elijah Moshinsky.

Llego al lugar de la cita con Plácido Domingo para realizar la entrevista, en un restaurante de la Calle 49 en Nueva York. Me encuentro con una escena muy tierna, en el claro-oscuro divisé sus anchos hombros encaminarse hacia aquel rincón. Lo alcanzo, acomodo mis objetos y de pronto me pareció que el Cid Campeador, integrándose a su figura en un óleo formidable que se puede apreciar en el salón de arriba, había bajado a sentarse frente a mi; arrastrando tras de sí recuerdos de huidas, de miserias, de peligros y victorias, liberado de guerras, y más secretamente emparentado con las leyes de su propio corazón.

Bajé los ojos, tal vez, para convocar a la cordura. Quería abrazar aquel torso generoso, recogerme en él, rodeada como en un mar calmo, espeso, cálido. Estaba tan cerca y tan lejos de aquella espada que apunta hacia el horizonte, porque me pareció que había compartido con él su época de Dios.

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