Luis Jorge Peña Martínez era estudiante de la Escuela Superior de Economía del IPN cuando estalló el Movimiento Estudiantil-Popular de México en 1968. Fue representante de ese plantel ante el Comité Coordinador y presidente y tesorero del Consejo Nacional de Huelga del 18 de agosto al 18 de septiembre. Fue aprehendido el 28 de septiembre. Permaneció en la cárcel junto con la dirigencia del CNH hasta 1971. Viajó exiliado a Chile. Obtuvo la maestría en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (1971-73) Santiago de Chile. Después el doctorado en sociología (1979) y el doctorado en economía (1982) en la Universidad de París.
—¿Hubo en el Movimiento Estudiantil-Popular de México en 1968, como algunos afirman, provocaciones con fines aviesos?
—A "río revuelto" se presentaron infinidad de provocaciones, tanto del gobierno que defendía su posición fascistoide, como de grupúsculos tendenciosos que pretendían realizar sus sueños de práxis revolucionaria a costa de lo que fuera. Sin embargo, la actuación que el estudiantado del Politécnico presentó ante el Consejo Nacional de Huelga (CNH) fue clara, siempre en defensa de los intereses populares que animaron el nacimiento del IPN.
—¿Porqué en el CNH se concentraba más la discusión sobre tareas concretas, no sobre discusiones teóricas?
—Porque la táctica es el elemento objetivo de la práctica revolucionaria, el cual estaba bien claro: era un enfrentamiento de una parte de la sociedad que mantenía una posición anticapitalista —al igual que otros jóvenes de varios países— y que buscaba un camino y un desarrollo existencial que fuera humanista y respetuoso de los ciudadanos como parte integral de la sociedad. Queríamos una sociedad nuestra, mexicana; no una caricatura colonial del sistema capitalista internacional que orquestaba los Estados Unidos de manera generalizada. La estrategia que llevó a cabo el conjunto formado por esa juventud hacía que forzosamente orientara sus acciones hacia los sectores populares de la sociedad para integrar una protesta generalizada y obligar al gobierno y al sistema político mexicano a cambiar su posición tanto hacia el exterior como como hacia el interior del país. Por ello fue tan relevante exigir la derogación de los artículos 145 y 145 bis de disolución social que en su ambigua redacción dejaba manos libres al gobierno para aplicarlo discrecionalmente como otra forma de ejercicio del poder. La herencia de la Revolución Mexicana daba para todo, incluso para que nosotros organizáramos una manifestación impresionante con héroes puramente mexicanos que en su momento también expresaron una posición anticapitalista. Con todo, cuando se presentó la diáspora, no fue el bajo nivel político del estudiantado del Politécnico, como sostiene Luis González de Alba, lo que impidió a algunos participantes orientar el Movimiento hacia formas más desarrolladas y satisfactorias. Fue la presuntuosa y equivocada orientación que se le dio al Movimiento por parte de algunos dirigentes lo que llevó al derrumbe de toda una pretensión generacional. Fueron las mentiras y la pésima formación de "líderes" como esos lo que impidió llegar a un acuerdo de compromiso con el gobierno que evitara un desenlace tan terrible. ¿O acaso no fueron ustedes quienes el mismo 2 de octubre se enfrentaron y trataron en forma por más despectiva, insultante y sobre todo provocadora a los representantes gubernamentales? Y luego llamaron a la concentración y marcha para salir de la Plaza de las Tres Culturas. ¿Quiénes? ¿Por qué en Tlatelolco si ya habíamos analizado y se sabía por diversas fuentes informativas que estaba perfectamente organizada la represión hasta sus más mínimos detalles? Yo mismo se los hice saber en aquella reunión que tuvimos en Tlalpan después de la toma de la UNAM y del Politécnico. ¿Por qué no hicieron caso de tales informaciones y citaron tan irresponsablemente en Tlatelolco a toda esa multitud que fue arteramente masacrada? ¿Cómo pretenden hacerse aparecer como "líderes del Movimiento" cargando con semejante responsabilidad? ¿Cómo se puede publicar y sostener una mentira tan deleznable como la que aparece en el libro Los días y los años de Luis González de Alba de que yo era "sobrino de Emilio Martínez Manatou", secretario de la Presidencia de la República, versión que la Dirección Federal de Seguridad (DFS) de la Secretaría de Gobernación me trató de hacer aceptar a toda costa desde el momento en que fui aprehendido (madrugada del 28 de septiembre de 1968) y según la cual yo era un "peligroso comunista que repartía armas y dinero en el CNH"? Información de la DFS que curiosamente se me trató de hacer aceptar con tortura física y psicológica para involucrar a dicho funcionario en el Movimiento Estudiantil para descartarlo de la sucesión presidencial al hacerme aparecer como su enviado al seno del Movimiento. ¿Qué lazos había entre ustedes y la Secretaría de Gobernación de ese tiempo?, me pregunto.
—¿Cómo fuiste detenido?
—Alrededor del 24 o 25 de septiembre, después de la toma de Ciudad Universitaria de Zacatenco y del Casco de Santo Tomás (IPN), los del Comité Coordinador organizamos una reunión en una casa de Tlalpan. Ahí les informé a los líderes presentes que habíamos recibido información de varias fuentes —sobre todo de familiares y de miembros de la burocracia— que estaba organizada una represión en Tlatelolco. Desde la última reunión que tuvimos ahí —8 de septiembre de 1968— votamos que no se volvería a llamar a ninguna concentración en ese lugar. Al otro día fui a la casa de una representante de la Universidad Iberoamericana —Patricia Best, quien fue aprehendida en CU el 18 de septiembre— donde también su padre y su hermano fueron detenidos por ir a buscarla. Ahí hablé con la señora Graciela Ahumada —madre de ella— que iba a diario a Lecumberri a ver a su marido e hijo. Ella me contó que me andaban buscando ferozmente, que debería esconderme. Al día siguiente me propuso que aceptara que me llevaran a un lugar para que me escondiera, me insistió tanto que le dije que lo iba a comentar con los del Comité Coordinador del CNH. Lo hablamos, y yo confié en que estas personas guardarían el secreto. Ni siquiera sabía dónde me iba a esconder la citada señora. Dada nuestra falta de experiencia, llegamos a confiar en la gente, incluso en el informante de Ajax Segura —que entregó a Luis Tomás Cervantes Cabeza de Vaca—. Así, confié en la señora Ahumada y le dije que aceptaba ir a esconderme. Me pidió una dirección y una hora para que ella pasara por mí —no aceptó que yo fuera a su casa—, yo le di la dirección de Río Churubusco y Plutarco Elías Calles y le dije que pasara por mí a las ocho de la noche. Ahí estuve con otro amigo y nunca pasó la señora Ahumada. Cerca de una hora después nos retiramos al departamento de mi amigo y más tarde pasaron cerca de veinte agentes de la DFS y nos detuvieron a mí y a Juan Sánchez Bujanos, de dieciséis años. Tengo que aclarar que Ajax Segura conoció esa dirección el día de la toma de CU en que fuimos a dejar unos archivos del CNH que tomamos saliendo del Comité Coordinador y logramos escapar por casualidad. A mí me buscaban desde hacía varios días, dijeron los agentes que fueron por mí. ¿Quién me delató? Está entre esas dos personas. (CP)