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Necesitamos una nueva constitucionalidad democrática


Por Cristina Renaud

Ausentes de las discusiones que condujeron a la elaboración de la Constitución de 1824, y las posteriores de 1857 y 1917, las mujeres hoy están dispuestas a no ser marginadas del incipiente debate en torno a la posibilidad de que se construya una nueva Carta Magna que reemplace a la que este 5 de febrero cumplió 81 años.

Unas más enérgicas que otras, algunas con la cautela que se acostumbra en el sector público y otras más convencidas de que los cambios a favor de las mujeres han de darse gradualmente, diversas voces se expresan y coinciden en un punto fundamental: ante el posible proceso para hacer una nueva Constitución política, las mujeres tendrán que ser activas participantes, no calladas espectadoras.

Aunque con los matices que establecen las diversas tendencias políticas, entre las mujeres mexicanas se extiende la aceptación del planteamiento global de la antropóloga Marcela Lagarde, en el sentido de que "ir tras una nueva Constituyente significa para nosotras contribuir con cambios ineludibles a la democracia contemporánea: eliminar del paisaje cotidiano el monopolio político masculino y la opresión patriarcal".

Cada cual a su modo, legisladoras, ex legisladoras, estudiosas y militantes del feminismo plantean la necesidad de apresurar la discusión que lleve a modificaciones constitucionales que propicien condiciones justas para las mujeres.

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