Raúl Alvarez Garín
—¿Cómo se construyó el programa del Movimiento Estudiantil?Raúl Álvarez Garín es egresado de la Escuela Superior de Física y Matemáticas del IPN. Fue representante de ese plantel ante el Consejo Nacional de Huelga durante el Movimiento Estudiantil-Popular Mexicano en 1968. Sin embargo, obtuvo la maestría en Estadística e Investigación de Operaciones en el Instituto de Matemáticas Aplicadas de la UNAM. Estuvo preso en Lecumberri (1968-71) con la dirigencia del Movimiento. Fue profesor de la Facultad de Economía de la UNAM (1971). Trabaja en la Comisión Federal de Electricidad desde 1972 a la fecha. Fue director de la Revista Punto crítico (1977-90). Actualmente es editor de asuntos laborales y sindicales en el Semanario Corre la voz. Acaba de poner en librerías el título La estela de Tlatelolco (Editorial Grijalbo, México, 1998). Y comparte con otros la autoría de los libros Los procesos de México 68 (Editorial Estudiantes, México, 1970), y Tiempo de hablar (misma editorial, mismo año), sobre alegatos y defensa en los juicios que se le siguieron a José Revueltas, Eduardo Valle El Búho y a él mismo a consecuencia del conflicto estudiantil.
—Se puede hablar de un programa en términos muy generales. Por ejemplo, el CNH levantó un pliego petitorio con una lógica muy estricta. Nominalmente contenía seis puntos, pero en realidad era solamente uno. Lo que el pliego petitorio exigió fue el cese a la represión y el desmantelamiento del aparato represivo. Pero está desglosado, y dice: Que desaparezca el cuerpo de granaderos, que renuncien los jefes de la policía, que indemnicen a las víctimas de la represión, que liberen a los presos políticos y que deroguen los artículos 145 y 145 bis del Código Penal que permitían una represión indiscriminada y alevosa. La parte programática de mayor visión política fue señalada por la Coalición de Maestros, que afirmó: Es un Movimiento prolibertades democráticas. Argumentación que aludía a la lucha por la libertad de pensamiento, libertad de asociación, libertad de manifestación, etcétera. Pero esto no forma parte del pliego. Fue el contexto político, ideológico y programático lo que dio consistencia al Movimiento. Porque entonces los estudiantes procurábamos que las soluciones fueran nítidas: ¿hay o no solución a esta demanda? Lo otro era una cuestión que estaba más en el terreno del debate ideológico. Ahí no hay que engañarse. Porque Gustavo Díaz Ordaz hizo ofrecimientos abstractos. Por ejemplo, el día 1º de septiembre, dijo: Vamos a conceder el derecho al voto a los 18 años de edad y vamos a dar autonomía al Politécnico. Y nosotros no le contestamos. Pero treinta años después se puede decir: Muchas gracias, quédese con su autonomía del Politécnico y quédese con su voto a los 18 años. Porque si no respetó la autonomía, ¿para qué la ofreció al Politécnico? Si había un partido único, ¿para qué ofreció el voto? El problema es, en cuestiones políticas de masas, que no haya engaños ni triunfos de saliva.
—¿Perteneció ese movimiento —la Primavera de Praga, el febrero en Alemania, el Mayo Francés— a México o al pensamiento internacional?
—Fue un movimiento que perteneció a México y al mundo. Con el particular de que el mexicano fue el más trágico en cuanto a número de víctimas y el más sobresaliente en cuanto a la capacidad política de impugnación. Compartió con todos los movimientos de la época su oposición al autoritarismo. Ahora, en términos mexicanos, eso fue más dramático porque amparado en la Constitución expresó e impugnó autoridad y legitimidad de los gobernantes. Lo que nosotros dijimos es que teníamos derecho constitucional y debíamos ejercerlo. En ese sentido fue resueltamente desafiante por antiautoritario con razón y legitimidad. Y eso es lo que le dio un carácter tan virulento y tan atractivo para los jóvenes. Eso de que fue una fiesta, es un cuentito de sectores fresas. O sea, no es correspondiente la idea de rompimiento generacional de hijos de familia con la idea antiautoritaria de los jóvenes de las colonias obreras. Aquélla es una visión parcial y falsa que han dado sectores muy pequeños. Que para algunos era muy importante un rompimiento generacional para liberarse de los padres y comenzar a usar la píldora, pues sí lo fue. Pero eso no es lo que levanta en México. Eso es un contexto de la clase media reprimida. La prueba fue que Avándaro no generó conciencia política. Lo importante del Movimiento Estudiantil-Popular de México en 1968 fue la decisión que asumió para abrir un espacio vital y abrirlo a la mexicana. Eso se logró en los enfrentamientos de los jóvenes con la policía, los granaderos y el Ejército y con las manifestaciones multitudinarias. Las fiestas no hacen consciencia política por sí mismas.
—¿Cuáles fueron las fechas decisivas del Movimiento?
—Las fecha reconocida por todo el mundo es la del 2 de octubre, que fue la de una matanza atroz. Pero hay otras de gran significado. Por ejemplo, las acciones represivas del 26 y 30 de julio, cuando comenzó el movimiento y el Ejército destruyó con un bazukazo el portón de la Escuela Nacional Preparatoria, respectivamente. Algo muy significativo y paralelo fueron los actos del rector Javier Barros Sierra contra la ocupación por el Ejército de Ciudad Universitaria. Haber puesto la bandera nacional a media asta fue importante porque rompió con la exclusividad del gobierno en el uso de los símbolos patrios y el Movimiento lo desafió de esa manera. Si el rector solamente hubiera pronunciado un discurso de protesta se hubiera olvidado. Pero no. El 15 de agosto el Consejo Universitario se solidarizó con el pliego petitorio de los estudiantes. Fue otro hecho muy importante. El Consejo Universitario (CU) reclamó a la Presidencia de la República que hubiera hecho una declaración mal interpretando la autonomía universitaria con precisiones del propio CU. Díaz Ordaz formalmente contestó el 1º de septiembre. Pero la Universidad no respondió de inmediato. Quiso decir que no aceptaba intromisiones. No obstante, ocho días después, el 9 de septiembre, el Ejército estaba amagando a la Universidad. En ese momento, Barros Sierra respondió institucionalmente, y dijo: la Universidad se da por satisfecha con los pronunciamientos del presidente Díaz Ordaz, pero esperamos que haya solución a los reclamos de estudiantes y profesores que hasta ahora no han tenido respuesta. Eso fue muy significativo porque manifestó respeto por el Movimiento y se solidarizó con él. La Manifestación del Silencio —una de las mayores jamás efectuada en México y en el curso de la cual no se escuchó, en efecto, más que el chasquido de las miles de pisadas sobre el asfalto— fue muy importante porque significó—hasta hoy— la manera más clara de desmentir a un Presidente. Él había dicho que los estudiantes eran unos vándalos que ponían en peligro la vida de la ciudad y del país, y trescientas mil personas le respondimos con la elocuencia del silencio que era un mentiroso. Habíamos mostrado nuestra disposición para actuar con disciplina y el movimiento de masas lo hizo con un avance de consciencias.
—¿De dónde surgió la idea de manifestarse en silencio?
—Fue idea de Oscar Mojarro, un químico-biólogo que luego fue subdirector de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del IPN. Fue de esas propuestas que no convencieron de inmediato. Algunas escuelas la tomaron y comenzaron a promoverla. Pero hasta el último minuto había dudas acerca de su viabilidad. Un grupo de compañeros —entre ellos Federico Emery— decía que eso era imposible, que no se iba a lograr. Que era una experiencia muy riesgosa porque si fallaba se ponía en riesgo el Movimiento Estudiantil. Sin embargo, la prueba de que fue tremendamente significativa es cómo terminó la manifestación. El discurso de Eduardo Valle El búho fue extraordinario. Lo que dijo fue: Este Movimiento ya ganó, no lo van a derrotar. Lo podrán reprimir, pero ya conoció la libertad y ya cambiaron las cosas y no nos van a poder comprar porque ya salimos adelante. Fue un mensaje semejante a esas formas que utiliza Marcos. Porque el fondo de la discusión ya estaba resuelto y superado. Valle expresó lo que todos pensábamos y sentíamos. Gracias a la Manifestación del Silencio la defensa de la Universidad fue unánime. Luego que el Ejército la invadió la ciudad entró en una agitación permanente. Los muchachos nos aprestamos a defender las escuelas y el Ejército usó la fuerza. El país entero gritó: Nadie pidió que entrara el Ejército. Y el Ejército salió como un perro con el rabo entre las patas. (CP)