Feminismo


Crisis y feminismo en América Latina


Por Francesca Gargallo

El movimiento feminista de Latinoamérica está pasando por un estancamiento muy doloroso para sus propias integrantes. El "feminismo de la realidad", también llamado por sus detractores "feminismo institucionalizado", ha decidido lograr la emancipación de las mujeres de un continente (cuyas condiciones de divorcio entre la formulación jurídica, la realidad económica y la justicia son violentas), aboga por la obtención de nuevas leyes que no pueden subsanar la situación de la subordinación femenina. Porque no hay voluntad política, cultural y simbólica de superarla en el mundo donde ellas pretenden igualarse. El "feminismo del movimiento autónomo" de mujeres, sin el tiempo ni la voluntad para detenerse en sí mismo y definir la relación entre autonomía y diferencia que da por sentada en algunos de sus planteamientos (y que desmiente en otros), se reconoce en una radicalidad anti-institucional, agresivamente detractora del trabajo de las "otras", perdiendo por momentos el rumbo de su crítica a la visión monosexuada de la realidad y la subsiguiente construcción de la aceptación plena de la existencia de dos cuerpos sexuados en el horizonte de una humanidad.

El antagonismo de estas dos corrientes del único movimiento social que ha desafiado la cultura dominante evidenciando el cruce entre la violencia, la guerra, la destrucción ambiental, la opresión sexual y las desigualdades sociales, favorece que al interior del movimiento feminista latinoamericano se explaye la lógica de la construcción binaria que contrapone el bien al mal, la cultura a la naturaleza, el hombre a la mujer. Esta construcción binaria presupone una jerarquía tan absoluta que percibe al segundo elemento del binomio no sólo como inferior, sino como superable, intrínsecamente innecesario. Y, además, lo hace con una violencia que tiende a esconderse -quizás hipócritamente- en el mundo de lo políticamente correcto.

La nota falsa de la otrora polifonía feminista, voz de mujeres que recorre el mundo con los acentos puestos en todos los ámbitos de la cotidianidad y las relaciones de vida -que reivindica como necesidad constructiva la nicaragüense mexicana (ahora en Brasil) Amalia Fischer- se ha convertido en un fracaso personal para las pocas, separadas entre sí y en crisis, feministas que se niegan (nos negamos) a tirar la toalla y no se retiran al interior de sus vidas de pareja ni de las instituciones feministas de los dos bandos en lid.

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