Entrevistas

Fausto Trejo

¡Mentira que hubiera habido una conjura internacional!



 
Fausto Trejo es médico cirujano con especialidad en psiquiatría y psicoanálisis. Egresado de la Facultad de Medicina de la UNAM en 1944 fue después profesor de Psicología Médica en el mismo plantel. Ocupó varios cargos en la Universidad Autónoma del Estado de México, entre otros, profesor de Psiquiatría Clínica en la Facultad de Medicina, profesor de Filosofía de la Educación y director del Departamento de Orientación Vocacional. Volvió a la Facultad de Medicina de la UNAM para impartir la clase de Medicina Humanista. Ha impartido cursos de Psicología Médica en la Universidad de la Habana. También de Relación Médico-Paciente en grupos de posgrado del Instituto Mexicano del Seguro Social. E imparte actualmente cursos de Sexología en los CCH Oriente y Vallejo. Militó en el Partido Comunista Mexicano (PCM) desde 1948. Participó en el movimiento que derrocó al rector de la UNAM Rodolfo Brito Foucher. Milita ahora en el Partido de la Revolución Democrática (PRD) donde fundó la Corriente Socialista. Fue dirigente con Heberto Castillo de la Coalición de Maestros de Enseñanza Media y Superior durante el Movimiento Estudiantil-Popular de México en 1968. Fue preso político en Lecumberri y exiliado en Chile. En 1981 fue víctima de un secuestro por la policía de Arturo Durazo ante presunto involucramiento en un grupo guerrillero y de diez simulaciones de fusilamiento.
—¿Cómo se formó la Coalición de Maestros de Enseñanza Media y Superior?

—La Coalición nació de la gran enseñanza de los compañeros estudiantes. Primero se formó el Consejo Nacional de Huelga (CNH) y después la Coalición. Siempre comentábamos que los muchachos se habían transformado en maestros y nosotros en alumnos. El CNH se formó en el mes de julio de 1968, después del día 26 y de la persecución policíaca emprendida en contra de los compañeros. Y nosotros constituimos la Coalición a principios de agosto. La Coalición de maestros se formó con el fin de exigir justicia ante la represión que se había desatado. En el pliego petitorio que enarboló el Movimiento estaba implícito ese punto: justicia por los muchachos muertos y desaparecidos y castigo a los culpables a quienes nosotros responsabilizábamos como la policía, el cuerpo de granaderos, el subsecretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez, y al jefe del Departamento del Distrito Federal, Alfonso Corona del Rosal, a quien en mi tierra —el estado de Hidalgo—conocíamos como Carroña del Corral. Por todo esto, constituimos en la Coalición una Comisión de Honor y Justicia. Los que participamos más y con quienes más se ensañaron fuimos Heberto Castillo, Eli de Gortari, Nicolás Flores —los tres ya fallecidos— y yo, que soy el único sobreviviente.

—¿Qué influencia nacional e internacional tuvo en el Movimiento Estudiantil?

—Analizando el pliego petitorio y el Movimiento, lo nacional era la represión díazordacista. Lo internacional era que las juventudes del mundo habían tomado la bandera de protesta y la lucha revolucionaria por la democracia. Esto, desde antes de los años sesenta, como sucedió en Cuba. En diferentes países se constituyeron frentes de lucha por las libertades democráticas. Tenemos la Primavera de Praga, la juventud de Estados Unidos contra la Guerra de Vietnam y en París el Mayo Francés. El Movimiento internacional tenía el sello de una juventud que dijo ¡ya basta! Teníamos como ejemplo a Ernesto Che Guevara, quien dijo ¡ya basta! Y toda América lo decía. Esa fue la influencia internacional que encontramos. Pero decir que de ahí nos agarramos y que había una conjura internacional, no es cierto. Es mentira que Heberto Castillo recibía dólares de Moscú, que Eli de Gortari recibía dinero de China, que yo lo recibía de Cuba. Porque yo tenía la oportunidad de trabajar en la Universidad de la Habana y constantemente viajaba a Cuba y se pensaba que iba por dinero y consignas con Fidel Castro quisieron darle internacionalización para llamarnos "traidores a la patria". Eso no significó que tuviéramos influencia internacional, fue el sello de la juventud en lucha.

—¿La Coalición de Maestros de Enseñanza Media y Superior fue reprimida?

—Sí. La represión más fuerte fue contra Heberto Castillo. Salíamos de una junta de la Coalición y Heberto me dijo que se iba a adelantar y en el momento que bajaba del automóvil para entrar a su casa lo golpearon, patearon las costillas y me parece que le fracturaron alguna. Yo logré huir. Sin embargo, a Eli de Gortari lo capturaron en septiembre de 1968 saliendo de su casa. A mí en enero de 1969. A Heberto en febrero, un mes después de mí. Luego en Lecumberri compartimos la Crujía "M" con José Revueltas —que fue aprehendido después del 2 de octubre— y con Manuel Marcué —quien fue aprehendido en una manifestación—, sólo que él no era maestro, sino un gran luchador y periodista de izquierda.

—Existe una carta muy dramática escrita por José Revueltas al Pen Club Internacional en la cual relata los hechos del 1º de enero de 1970. ¿Te tocó vivir ese momento?

—Sí. Llevábamos quince días de huelga de hambre y obviamente lo que querían era romper nuestra huelga y qué mejor que lanzarnos a los presos comunes —que eran unas lacras— y les ordenaron que nos asaltaran y saquearon nuestras pertenencias —entre ellas una televisión que nos regaló mi hermana María Elena Trejo, quien era muy apreciada por Manuel Marcué—. Ese 1º de enero, después de tantos días que llevábamos en huelga de hambre fuimos asaltados. Fue una cosa terrible. Recuerdo que estaba yo en mi celda recostado cuando escuché aquel tropel de los reos del fuero común —asesinos, ladrones, traficantes, proxenetas, delincuentes, en fin, lo peor—, y salí a gritarles a los muchachos que no opusieran resistencia, que dejaran que se llevaran todo. Sin embargo, hubo golpes, jaloneos, lesionados y se llevaron nuestras pertenencias. Lo que también es de lamentarse es que se llevaran los apuntes que tenía Eli de Gortari para sus libros y asimismo el trabajo escrito de Pepe Revueltas. Como si eso fuera poco cuando me exiliaron llegué a Uruguay donde también fui encarcelado como "medida de seguridad" Me dijeron que en cuanto terminara esa medida me liberarían. Yo pregunté que cuándo y me respondieron que en cuatro años. Como a ellos no les convenía que yo les armara un escándalo diez días después me enviaron a Chile porque sabían de la amistad que existía entre Salvador Allende y yo en Cuba. A Santiago llegué el 28 de abril de 1971. No me tocó el golpe de Estado, pero fui de los exiliados del Movimiento que permaneció más tiempo en Chile, porque los muchachos regresaron a finales de mayo. A ellos en cambio sí les tocó el 10 de junio en México. Sin querer me salvaron la vida estos desgraciados porque de haber estado en esas fechas en México quién sabe si me hubiera salvado como me salvé el 2 de octubre. Allá en Chile me llegaron las noticias de lo que estaba pasando en México y fue terrible. Fuimos algunos compañeros y yo a los periódicos a denunciar lo que estaba sucediendo y realicé pintas en la Embajada de México que decían: ¡Asesinos! (CP)

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