LA HISTORIA DE SAN MIGUEL DE CALBUCO


Fundación de Calbuco.- El desastre sufrido por el gobernador de Chile, Martín García Óñez de Loyola en Curalava, a orillas del río Lumaco, a fines del siglo XVI (el 23 de diciembre de 1598),fue señal para un levantamiento general de los indígenas. Una de las siete ciudades que entonces sucumbieron al empuje del alzado indígena fue Osorno, la antigua y heroica Osorno.

A fines del año de 1599 salían del Callao enviados por el virrey don Luis de Velasco ,dos naves con cerca de 300 soldados. Era un lucido cuerpo de ejercito que estaba al mando del coronel Francisco del Campo, destinado a traer la paz a los indios del sur de Chile. Del Campo residía en Valdivia. En esta ciudad había dejado a su esposa y a dos hijos. Once días después de la destrucción de la ciudad en la aciaga noche del 24 de noviembre de 1599 desembarcaba en Valdivia. Desde el Callao se había dirigido directamente a este puerto. En uno de los buques que en aquella horrenda noche, habían estado en el, encontró a su mujer y consiguió rescatar poco tiempo después de manos de los indios a algunos españoles, entre otros a sus dos hijos.

Después de haber desbaratado al enemigo en Osorno, del Campo se volvió a Valdivia en busca de socorros. En este tiempo un ejercito indígena, en numero de unos 5.000 hombres, caía sobre la ciudad de Osorno un día jueves, el 19 de enero de 1600,dejando estrechados a sus defensores en un fortín que habían construido.

En vista de noticias que había recibido, de que se dirigía a Osorno un poderoso ejercito indígena mandado por el cacique Plantare que tenia por consejeros a Jerónimo Bello, al clérigo Juan Barba y a otros desertores españoles. Francisco del Campo entro a la ciudad de Osorno después de una difícil marcha llevada a cabo con precauciones. En diversas galopadas pudo desbaratar nuevamente a los indígenas.

Preparábase ya para regresar a Valdivia, cuando recibió graves noticias de Chiloé.

Los holandeses habían hecho irrupción en esta isla, derrotando a los españoles y arrebatándoles el archipiélago. El capitán Francisco Rosa, cuñado de Francisco del Campo, que regresaba de una correría hecha por la provincia de Chiloé, traía la noticia de haber arribado los ingleses (eran los holandeses) a la bahía de Carelmapu. El capitán Cristian Robles, enviado por Francisco del Campo a este punto con 60 soldados, confirmó aquellas noticias y aviso como en el Puerto de Pudeto, en la Bahía Grande había un navío de ingleses. Y no tuvo mas nuevas aunque otros decían que eran tres y que todos los términos de Chiloé había alzado el inglés.

¡ El enemigo europeo en suelo español de América ! Tal noticia era demasiado alarmante, para que del Campo no se pusiera inmediatamente en marcha hacia Chiloé. Dejando en Osorno un fuerte contingente de tropas, se dirigió al Sur el bravo y diestro hombre de guerra con 100 hombres escogidos: 70 de los mejores soldados traídos del Perú y 30 de los que habían salvado de la ruina de Valdivia. Era en abril, mes en que principia en estas regiones la época de las lluvias. Pero nada arredraba a del Campo.

Con harto riesgo atravesó el canal de Chaca o en 20 piraguas, empleando en esta tarea cuatro días, púsose en comunicación con los fugitivos que después de la toma de la ciudad de Castro se habían retirado al interior de la isla grande y de sorpresa atacaron en seguida juntos a los holandeses, quitándoles después de un encarnizado combate aquel reducto.

Obligó pués a los holandeses a abandonar la Isla de Chiloé, tomó cruel venganza en los indígenas que habían prestado su apoyo al enemigo y en seguida volvió a la ciudad de Osorno. La situación de esta ciudad, empero, siguió siendo angustiosa. Sus pobladores estaban obligados a vivir con las armas en las manos. Ya en la primavera de 1601 estaban decididos los de Osorno a abandonar la ciudad y a retirarse a Chiloé.

Para hacer los preparativos de esta expedición Francisco del Campo se dirigió a Carelmapu. Aquí fue víctima de la venganza de un mestizo quien lo atacó con un crecido numero de indígenas, dando muerte al valiente y diestro defensor de Osorno. Su sucesor fue el capitán Francisco Hernández Ortiz.

La situación de Osorno se hacia más y más insegura. Aún con Chiloé sus defensores sólo pudieron comunicarse con suma dificultad. Las tropas españolas de Osorno, pocos años atrás mucho mas numerosas, subían a fines de 1603 sólo a 80 hombres.

No pudiendo socorrer debidamente a la ciudad de Osorno, Alonso de Rivera, entonces Gobernador de Chile, ordenó, después de haber consultado a los capitanes mas experimentados del Reino, y teniendo en vista que de las sesenta mil cabezas de ganado y de las veinte mil yeguas y caballos y de las setecientas yuntas de bueyes con que se labraba la tierra y de las mil fanegas de trigo y cebada que se podían encontrar, a más del maíz y las papas, estando en paz y quietud y de los tres mil indios amigos y yanaconas de servicio, no quedaba sino el recuerdo, ordenó que se despoblara la ciudad de Osorno y el fuerte de Valdivia. El buque que llevaba esta noticia al Sur, arribó a Valdivia (en) Febrero de 1604 cuando ya la guarnición de aquella fortaleza de necesidad no aguardaba sino la muerte.

Con la poca gente de Valdivia, el patache se dirigió a Carelmapu. Pero antes de que transmitiera la orden de Rivera a los pobladores de Osorno, estos ya habían abandonado la ciudad.

El hambre y las continuas luchas, las miserias y las fatigas de los últimos tiempos, habían determinado al capitán Hernández Ortiz a abandonar la antes rica y floreciente, entonces empobrecida ciudad. Lo hicieron el 15 de marzo de 1604.

Fue una marcha penosa la de los últimos defensores de la antigua y heroica ciudad. Y por fortuna los indígenas no los atacaron ni los molestaron en su fuga. Pero aun así los sufrimientos eran casi increíbles. Un cronista dice : "iban los mas a pie y tal o cual a caballo, sin llevar que comer, cargadas las mujeres de sus hijos; cual se paraba de floja y cansada y tal se caía en el suelo de hambre. Unas dejaban los hijos, y los soldados de compasión los cargaban, y otras por su flaqueza pedían a los maridos, que se los ayudasen a cargar, y hubo hombre de estos que llevaba a cuesta tres niños. Era lástima ver a las pobres españolas, gente noble y delicada, caminar a pie y descalzas, con el ato a las rodillas, por pantanos y ríos con gran aflicción y trabajo comiendo yerbas crudas y tan enflaquecidas..."

Por fin se establecieron en la isla de Calbuco y construyeron para su seguridad un fuerte, cimiento de la actual ciudad de Calbuco.


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