1882 - Martha Bernays (*)

Se convirtió en la prometida de Freud el 17 de junio de 1882, contrariando las expectativas familiares. Si bien ella tenía prestigio social, carecía de dinero, mientras Freud carecía de ambas cosas. La cortejó durante cuatro años que se le hicieron interminables, al punto que esa larga espera dejó su marca en la teoría. Cuando en la década de 1890 teorizó acerca de la etiología sexual de la mayoría de las dolencias mentales, en parte escribía sobre si mismo. Su objeto de amor, cinco años menor que él, no solo vivía lejos (Wandsbek, cerca de Hamburgo) sino que era muy popular entre los jóvenes, tenía varios pretendientes lo que la hacía muy deseable para Freud y lo llevaba a cortejarla con una fogosidad de la que él mismo se asustaba. Se escribían casi todos los días y en una de sus cartas justificaba con la ausencia de Martha su adicción a los cigarros: "Fumar es indispensable si uno no tiene a nadie a quien besar". La Srta. Bernays, proveniente de una familia judía ortodoxa, estrictamente observante de las prácticas religiosas, se vio enfrentada a la obstinada e incluso colérica exigencia de su prometido de que abandonara todo lo que ella nunca había cuestionado. Freud detestaba la idea de que su "querida y tierna niña" fuese una competidora, de modo que enseguida la puso en conocimiento de quien era el jefe de la familia. La "naturaleza" había destinado a la mujer "a través de la belleza, el encanto y la dulzura" a algo distinto, diría en esa época. El hombre celoso que era Freud obligaba a Martha a tratar a su primo por el formal apellido, sin usar nunca el nombre de pila. La exigencia de que debía apartarse de todos, incluso de su madre y su hermano, a lo que Martha se opuso firmemente, generó tensiones que no se disiparon por años. A pesar de los celos de Freud, Martha fue una compañera fiel incluso en el consumo de cocaína. En junio de 1885 ella recibió en Wandsbek un pequeño frasco con aprox. medio gramo de cocaína con lo que Freud le sugería que se prepara "ocho dosis pequeñas (o cinco grandes)". Martha acusó el recibo y se lo agradeció calurosamente, diciéndole que tomaría un poco para aliviar alguna indisposición que lo justificase, pero no hay noticias de que ella o Freud se volviesen adictos. El 13 de setiembre de 1886 se realizó el matrimonio civil en Wandsbek. El día 14 Freud, enemigo de todo ritual y religión, debió recitar en hebreo las respuestas que había memorizado rápidamente para la ceremonia. Pero se desquitó enseguida de ello: según le contó Martha a su prima, una de las experiencias más perturbadoras de su vida la vivió la primera noche de viernes antes de la boda cuando su esposo no le permitió encender la velas de Sabbath. Un año después nació su primera hija a quien llamaron Mathilde en honor a la esposa de su gran amigo Breuer. Sin embargo su amada esposa no fue su confidente intelectual, abrumada como estaba por el brillo de su marido. Por las pocas huellas que dejó en algunos comentarios de su esposo o de algún visitante, fue un ama de casa modelo, buena administradora y madre atenta. No eligió el nombre de ninguno de sus hijos, pero ellos la recuerdan como una persona bondadosa y firme, eficaz para los detalles domésticos, los preparativos para un viaje, siempre autocontrolada . Insistía en la puntualidad (al punto de la regularidad obsesiva según observó Anna). Solía quejarse de que su esposo se sentaba en la cama y la desordenaba. Viviendo en Londres y ya anciana, comentó que la lectura era su única diversión, pero agregó disculpándose y en un tono alegre "sin embargo, solo por la noche, en la cama". Según Freud, era reservada y lenta a la hora de hacer amistades. A juzgar por las fotos, pronto cambió la delgadez de su juventud por una mediana edad ligeramente gris. Dedicó poco tiempo a cuidar su belleza y pasó de la joven y bella esposa a ser la majestuosa matrona en que se convertían muchas mujeres en aquella época. Sus implacables y continuos embarazos habían contribuido mucho al deterioro. Consideró un privilegio haber podido cuidar a "nuestro querido jefe" durante todas aquellas décadas. Sin duda eso fue importante para él, pero no lo fue todo. Martha había hecho a Fliess imprescindible. (11 Bb, 10 Bb)

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