Fue su primer amor. Aunque oriunda de su misma región, Freud la conoció recién en su adolescencia cuando regresaba de vacaciones a Freiberg, en Moravia. El la consideró una muchacha "medio candorosa, medio cultivada", a quien nunca le expresó sus sentimientos. Se lo decía a Eduard en carta del 12.08.1872: "...Vm. considerando mi carácter propio, se imaginará con razón que en vez de avicinarme, me he alejado de ella y nadie, ni ella misma siquiera, sabe de eso más que su majestad el Rey de los Turcos".Sin embargo se mostró sumamente despechado cuando ella se ennovió y se lo contó a su amigo Silberstein en carta del 04.09.1872: admite que fueron su "tonto Hamletismo" y su "pudoroso pensamiento" los que le impidieron deleitarse en la última conversación que mantuvo con ella. En esa misma carta le hace a su amigo una descripción física de su enamorada: "...la belleza de Gisela es salvaje, querría decir Thrakisch (de Tracia; tez cetrina) la nariz aguileña, el largo cabello negro, la boca apretada, los tiene de la madre, el color cetrino de la tez y la a veces indiferente expresión del rostro son del padre." A veces su amor por Gisela parece realidad, pero en otras ocasiones la muestra como su mitología sáurica. Esa mitología (que Freud y sus amigos conocían) venía de un poema de Joseph Victor von Scheffel llamado "Ël Ichthyosauro". Los adolescentes de la época conocían bien el poema por el impacto del hallazgo del primer fósil de ichthyosauro estudiado, realizado por una jovencita inglesa de 12 años, Mary Anning, en 1811. De aquí en más no se sabe que fue de Gisela, siempre aparecerá cubierta de un cierto misterio: "Es como si junto a su apodo Ichthyosaura , hubiera pasado totalmente a ser un mito", dice D. Hajer. (25 Bg, 26 Bg) Aparentemente Gisela se marchaba de Freiberg enamorada, lo que Freud consideraba una mala jugada. En carta a su amigo, de octubre de 1875, Freud escribe un poema, el Hochzeitscarmen (que podría traducirse como "canción nupcial") donde se burla de Gisela desvalorizándola, se burla de su religiosidad, de su adecuación a lo esperado y de que está haciendo un "matrimonio por conveniencia". Son las quejas de un enamorado despechado. Mucho tiempo después, su posición respecto a esto había cambiado bastante. En carta del 28.10.1883, le escribía a la que sería su esposa poco después: "¿Alguna vez te conté que Gisela fue mi primer amor cuando yo tenía dieciséis años? No, que bien puedes reírte de mí, primero por causa de mi gusto y después porque nunca crucé una palabra neutral, y menos todavía amable, con la criatura. Reflexionando ahora sobre ello, me debe de haber reblandecido el reencuentro con mi patria natal". (4 Bb, 10 Bb)