La influencia de Anna sobre su padre fue notoria desde su adolescencia. Cuando en 1922 Anna fue a Hamburgo a acompañar al esposo de su hermana Sophie (que había muerto de gripe poco antes), Freud le escribió afectuosamente "se te echa mucho de menos. La casa está muy solitaria sin ti, y en ninguna parte nada puede reemplazarte por completo". Se transformó en el ancla emocional de la familia especialmente a partir de 1923, cuando Freud fue operado por primera vez. Siempre había sido especial para él, la admiraba por sus intereses intelectuales y su simpatía. De niña debido a su salud débil, siempre requirió de los cuidados de su padre, y fue haciéndolo cada vez con más energía. A partir de 1912 Freud le pidió que le informara sobre todos sus síntomas, que él estaba dispuesto a ayudarla. . Freud animaba a Anna para que creciera, pero tal parece que no se lo permitía totalmente. Ella siguió siendo "la pequeña", "mi querida hija única", "mi hijita" aún cuando tenía diecinueve años y Freud la defendía de la pasión amorosa de Jones. Declaró que no quería interferir en la libertad de elección de su hija, pero no quería que tomara ninguna decisión sin "estar segura con anticipación de nuestro (en este caso, mi) consentimiento". Le dijo a Jones que "Ella no pretende que la traten como a una mujer, pues aún está muy lejos de albergar anhelos sexuales...". Parece que este burgués no había leído a Freud y que dejaba ver un deseo propio, el de que su niña siguiese siendo suya. La respuesta de Anna fue otro ejercicio de poca autoestima: "Lo que me escribes sobre el aprecio del que gozo en la familia es muy bonito, pero no puedo creer totalmente que sea verdad. Por ejemplo, no creo que en casa se notara mucho la diferencia si yo ya no estuviera. Creo que solo yo sentiría esa diferencia". La ruta que siguió Anna para hacerse psicoanalista fue tortuosa. Estudió magisterio, se licenció y con poco más de veinte años ejerció en una escuela, pero se daba cuenta que no estaba destinada a ser maestra. Años después recordó que de niña solía sentarse a las puertas de la biblioteca del padre y "escuchar sus discursos con los visitantes. Eso me resultó muy útil". En su prolongada estancia en Merano, entre 1912 y 1913, empezó a leer algunos libros de su padre y le escribía preguntándole por los términos técnicos. En 1916 asistió a la segunda serie de las conferencias introductorias de Freud en la Universidad. Ya ambicionaba ser psicoanalista. En 1917, entre los asistentes a las conferencias observó a Helene Deutsch con su bata blanca de médico y quedó impresionada. Le comunicó a su padre que quería estudiar medicina pero él la desalentó y la persuadió para que siguiera una carera de analista lego. En 1918, empezó a analizarla.Roazen ha investigado que Anna posteriormente se analizó un tiempo con Lou Andreas Salomé, pero nunca lo admitió Los primeros pacientes de Anna fueron los hijos huérfanos de su hermana Sophie y los cuatro hijos de Dorothy Burlingham, maestra especializada con la que fundó un colegio para niños analizados e hijos de analizandos, con ella convivió muchos años bajo el mismo techo que Freud y aún en el exilio en Londres. En mayo de 1922 leyó por primera vez un trabajo suyo en la S. P. de Viena acerca de fantasías de castigo físico. El trabajo fue bien recibido y poco después pasó a ser miembro de la sociedad. Pero a Freud ya había empezado a inquietarle la soltería de Anna. Se lo hizo saber en muchas ocasiones y ella con sus sueños le mostraba cuanta pasión sentía por él. En uno de ellos "tú eras un rey y yo una princesa, que cierta gente quería separarnos por medio de intrigas políticas. No fue agradable, muy agitado". El análisis continuó varios años, incluso volvieron a él luego de una interrupción de un año, pero Freud no hacía referencia a ello en público. Su enseñanza sobre como manejar la transferencia en el análisis era bien específica, y él la estaba transgrediendo. Freud y Anna siguieron siendo aliados, colegas en pie de igualdad, pero ello no mitigaba la preocupación de Freud por la vida sentimental de su hija. Esos sentimientos mutuos crecieron aún más a partir de la enfermedad de Freud. La intimidad física que compartían los volvía cada vez más imprescindibles el uno para el otro. En 1926 emprendió experimentos sobre telepatía con Ferenczi y su hija, pero dijo que la fascinación que el tema ejercía sobre él era insustancial para el psicoanálisis. Anna comentó que "con la telepatía él estaba tratando de ser justo, es decir, de no tratarla como otras personas habían tratado al psicoanálisis. Nunca vi que creyera en algo más que en la posibilidad de que dos mentes inconscientes se comunicaran entre si sin la ayuda de un puente consciente". Ella lo estaba protegiendo como siempre había hecho y nunca dejó de hacerlo. En una entrevista que Paul Roazen mantuvo con ella en 1965, Anna admitió haberse sentido celosa en muchas ocasiones, de las mujeres que habían sido importantes para su padre. Pero según este autor, fue especialmente fuerte su competencia con Helene Deutsch. En una ocasión, luego de una presentación clínica de Helene en Viena, Anna había pasado la noche sin dormir explicándole a una amiga que ella nunca sería "tan buena" como Helene. Esta tenía naturalmente gran vivacidad y fuego, mientras Anna parecía estar siempre sacando a relucir su simplicidad. Según Roazen: "Sólo más tarde, cuando la vi en público, noté cuan singularmente pasados de moda eran los inmensamente anchos y largos vestidos que ella elegía usar. Según una sobrina suya, ella cosía su propia ropa a mano; y aparentemente mientras conducía un análisis, podía tejer o trabajar en un telar...". En 1950 obtuvo un título honorario de la Clark University. En esa época, cuando su postura psicoanalítica tenía en Melanie Klein un fuerte rival, Anna solía hablar de "las dos Américas", dado que la influencia de Klein en Sudamérica era marcadamente superior a la suya propia. "Expresarse de ese modo era la forma de poner al hemisferio norte en su lugar", dice Roazen. (11 Bb, 22 Bb)