Primer Protocolo de la
Sociedad Psicológica de los Miércoles

"Stekel informa sobre este primer encuentro de la "Sociedad de los Miércoles", diciendo en síntesis que fue Kahane quien hizo la propuesta de hablar libremente sobre temas diversos y propuso ese día hablar del fumar.

Stekel había publicado esta conversación en un folletín del Prager Tagblatt el 28.1.1903. Se reproduce este informe para dar una imagen de la primera conversación informal de la sociedad. Es claramente distinto de los protocolos transcritos por Rank a partir de 1906, siendo muy difícil saber si esto se debe a formas de escribir o si las reuniones posteriores se volvieron más formales".

Los participantes aparecen con sobrenombres: Freud: el maestro; Adler: el socialista; Kahane: el cómodo; Reitler: el silencioso y Stekel: el inquieto.

"CONVERSACION SOBRE EL FUMAR"

"Pequeño estudio de un neurólogo famoso. El dueño de casa sentado en un escritorio lanza humo de una pipa inglesa. El "espíritu inquieto" se apoya en un Fauteuil y fuma como su "maestro", tal vez aún más cómodamente de su pipa inglesa. El "silencioso" trata con maestría y elegancia a su fino cigarrillo. El "socialista" chupetea cómodamente un Virginia y pone cara muy seria.

Suena el timbre.
Aparece el "cómodo". El dueño de casa le ofrece un cigarro.

El cómodo: Gracias. Yo ahora fumo muy poco. Me he convencido que puedo pensar mucho más libremente cuando no fumo. El fumar produce un cierto bienestar. Estimula nuestra fuerza creativa. Pero tiene una gran contra. Nos roba como el alcohol la mirada clara, destruye la influencia beneficiosa de la autocrítica.
El maestro: Entiendo. Ud. no quiere dejarse robar un átomo de su libre voluntad por el fumar.
El cómodo: Así es. Trabajo ahora mucho más lúcido y claro. Me interesaría saber que dicen los otros señores. ¿No podría ser que el retroceso de las ciencias metafísicas, de la filosofía ante las demás ciencias, sea consecuencia del mal hábito de fumar durante el trabajo espiritual?
El inquieto: No concuerda con mis experiencias. Si trato de recordar con exactitud, mi actividad de escritor aparece justamente en los tiempos en que comencé a fumar.
El cómodo: Eso solo confirma mi suposición de que el fumar entierra la autocrítica.
El dueño de casa: Astuto, pero maligno.
El inquieto: ...y falso. Pues yo fumo solo luego de las comidas y nunca durante el trabajo intelectual. ¿Desde cuándo fuman los europeos?. Como costumbre común, el fumar existe recién desde hace dos siglos. Hasta el siglo XIX estaba prohibido fumar en la calle. Justamente los últimos siglos han traído inventos y trabajos intelectuales sumamente influyentes.
El maestro (al cómodo): Ud. está desconociendo directamente el ser del obrar. Yo al menos siempre trabajo en dos etapas. El primer día concibo bajo el influjo de un entusiasmo, mi pensamiento. Allí la fantasía debe colaborar notablemente, si la cosa pretende ser algo trascendental. La crítica recién aparece al segundo día. Con o sin fumar. Un pequeño meollo de verdad parece estar en estas ideas. Cuando tengo que leer un libro de un contrario, acerca del cual de antemano se que voy a enojarme, ahí no fumo nunca. Leo con gran nerviosismo rápidamente y fumo recién después. El fumar ocasiona decididamente una pequeña narcosis, una sensación de bienestar.
El silencioso: El fumar de las mujeres, también daría algún punto a tener en cuenta. Una parte fuma solo por deseos de emancipación...
El cómodo: Fuman, para disfrutar del hombre. ¿Por qué buscar pecados mayores? El maestro: Una chica altamente espiritual que yo conozco fumaba apasionadamente. Preguntada por ello, se defendió con un poema encantador. El sentido del mismo era breve y conciso: Fumo tanto, porque soy tan poco besada...
El inquieto: Eso puede tener un doble sentido. El goce nicotínico parece disminuir nuestras necesidades sexuales. Hay casos conocidos...
El maestro: Yo se a donde quiere ir a parar. Todos lo sabemos. Por eso la eterna oposición de nuestras mujeres contra el fumar!
El cómodo: Eso es fantástico! Y los reproches de que el humo se queda en las cortinas...
El maestro: Son una excusa.
El inquieto: una cortina, que debe velarnos la verdadera relación (todos ríen).
El silencioso: Es bien evidente.
El inquieto: Nada evidente. Hay algo nuevamente que no cierra. Yo conocí una chica a la que amé...
El cómodo: ¿La número cuánto?
El inquieto: Eso es secundario...que yo amaba. Cuando la besé, dijo: ¿Tú no fumas?. Es extraño. No hueles como un hombre. Un hombre tiene que fumar. La palabra "hombre" la dijo con una entonación tan festiva. Un hombre - formalmente subrayado tres veces.
El cómodo: ¿Qué edad tenía Ud. entonces?
El maestro: Fue solo el deseo escondido, de verlo a usted como hombre adulto.
El socialista: Luego del casamiento yo hubiera reclamado lo contrario.
El silencioso: Eso pienso yo también.
El inquieto: Eso son bromas, eso no es psicología. Yo creo seriamente que las mujeres extrañarían en nuestros besos el aroma a tabaco.
El cómodo: Como un bigote, que en realidad debería incomodar al besar.
El socialista: El fumar tiene entonces en muchos casos connotaciones sexuales íntimas. También concordaría con que las viejas vaqueras alpinas pitan mucho más frecuentemente que los hombres. Ya han renunciado al amor.
El inquieto: El maestro tiene razón. El fumar es una pequeña narcosis. Nosotros como médicos debemos admitir que puede transformarse en un veneno peligroso.
El maestro: En grandes dosis puede ser peligroso para los seres humanos. ¿Qué daño puede hacer el fumar medido?. Yo siempre desconfío cuando este o aquel enfermo falleció por fumar mucho. Muchas veces detrás de eso se esconden otras cosas. Frecuentemente una combinación con alcoholismo, que parece ser bastante perniciosa.
El inquieto: Yo en realidad fumo poco. Cinco cigarros por día, siempre después de una comida. Y allí tengo la sensación, que podría dejar cualquier día. Si, después de un cigarro especialmente malo me propongo: "mañana dejar de fumar". Así me engaño desde hace años con la idea de que en realidad es la última vez. El gastado consuelo de todos los pecadores! Pequeños y grandes.
El maestro: Ud. no es un fumador. Ud. no puede entenderlo. Yo tuve que dejar de fumar por dos años. Fue terrible. Tenía la sensación que se me había muerto un gran amigo y yo debía de la mañana a la noche recordarlo en duelo. También hoy tengo ese sentimiento hacia mi pipa. Es mi buen amigo, mi consejero, mi compañía, mi consuelo, mi compañero de senda que al menos me acorta los caminos". (11, Bb)

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