4 de setiembre de 1998 Brecha 15

encuentro y repetición


Debates televisivos, ¿para qué?

MARY VIDELA

En principio se trata de hablar de algún tema más o menos polémico y más o menos actual, según juzgue el periodista a cargo. * La discusión necesita entonces muy poco para instalarse, ya que sabiendo el tema que los convoca, todos van a discutirlo. El debate no es otra cosa: una lucha donde se exponen y defienden posiciones antagónicas. No se trata del proceso de tesis y antítesis, porque síntesis no hay jamás. No se llega a un resumen de las ideas donde puedan evaluarse con tranquilidad las virtudes o los defectos del tema abordado para derivar de allí una comprensión más acabada o para que surja una información nueva que produzca algún tipo de cambio. Ya no grandes cambios, sino aquellos que pasen por lo individual, por el efecto que pueda producir la discusión en un televidente cualquiera. No hay en estos programas un aporte de ese tipo, no se da una relación de causa-efecto, el debate no agrega otra cosa que un tema urticante sobre la mesa y listo. Tal vez alguna familia uruguaya donde, por ejemplo, el aborto es un tema tabú, ahora vea y escuche a la hora de la cena cómo ese tema se discute en la tele. No es esperable sin embargo como resultado un cambio en las ideas respecto a la interrupción o no del embarazo. La "libertad de prejuicios" de que parecen gozar los debatidores no tiene un efecto de contagio, no hace más "libres" ni menos prejuiciosos a los televidentes. En el mejor de los casos, es solo un entretenimiento más. Aunque lo humano es eminentemente social no puede inferirse que todas sus causas sean comunes -a propósito de conocido programa televisivo argentino-. Y hablar por hablar o por discutir se asemeja mucho al bla bla, a la palabra vacía.
No se trata por cierto de la mayéutica socrática. En primer lugar porque "los tiempos en telvisión son tiranos", lo que en buen español significa que se pierde dinero de avisadores si se dedican horas a una sola discusión, sin mostrar todo lo demás que exhibe la tele para otro tipo de gustos. En segundo lugar, porque en la mayéutica se trataba de combatir a los retóricos, no de estar a favor de ellos, y lo que se ve en los canales locales es de ese tenor. Ninguna propuesta conduce a la única vía importante: que la verdad de los sujetos está en ellos mismos,

que no hay que ir a buscarla afuera o en falaces maestros. Un planteamiento ético implica permitir que se descubra una ignorancia a través de la escucha y el planteo de unas pocas pero precisas preguntas que no sean respuestas. Se trata siempre de abrir una pregunta, no de cerrarla.
Hay maneras y maneras de hablar. El psicoanálisis también tiene la suya. La premisa para que un proceso como el psicoanalítico pueda llevarse adelante es que alguien hable. Antes de instalada la posición de quien escucha, antes del analista, existe alguien que cree que hablando puede curarse. Ha sido una verdadera revolución instalar un dispositivo como éste. El largo camino recorrido implicó un desbrozamiento de malezas, hasta llegar al psicoanálisis como se conoce hoy. Buena parte de ese recorrido lo hizo el propio Freud, investigando y corrigiendo sobre la marcha, manejando al principio la hipnosis, la catarsis, la sugestión para concluir que lo único realmente efectivo era dejar que el paciente hablase de lo que se le ocurriese. Era trabajo del analista escuchar lo que quedaba por detrás del bla bla y que aparecía en un olvido, la pérdida de un objeto, el relato de un sueño, un lapsus. Allí estaba lo esencial, el inconsciente, y a partir de su escucha podría empezar la cura.
Mucho tiempo después pero con esta base, Jacques Lacan pudo hacer oír uno de sus célebres aforismos, no por complejo menos importante. Una de sus descripciones del inconsciente es que está estructurado como un lenguaje, y agrega que es gracias a la lingüística que se ha podido avanzar más de lo hecho por Freud. Según Lacan es la lingüística -que se ocupa (entre otras) de las combinaciones espontáneas de lenguaje anteriores a cualquier tipo de subjetividad-, la que hace accesible y objetivable el inconsciente. Es de esas a veces extrañas, a veces paradójicas, cuando no realmente embarazosas creaciones incontrolables del lenguaje de lo que se ocupa el psicoanálisis. ¿Con qué fin?: promover el bien decir, lo que no es sin consecuencias. Y esto no es el debate ni el bla bla televisivo, aunque sea televisado. prev.gif (221 bytes)


* BRECHA consagró un artículo a los nuevos periodísticos televisivos en su número del 31-VII-98, pág. 19


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