MARY VIDELA
SERÍA
SIMPLIFICADOR y apresurado pensar que esta profesión
solo atrae a personalidades depresivas. Al contrario: a
un gran entusiasmo inicial le sigue una tibia rutina que
termina siendo una dolorosa insatisfacción, una
sensación de desaliento que lleva a algunos a
preguntarse incluso dónde quedó su vocación de
antaño.
Podrían sopesarse aquí problemas
financieros, en el sentido de tener en cuenta que la
progresiva depauperación que viene sufriendo la
educación -en especial la pública- mina poco a poco el
ánimo de sus protagonistas. La referencia a problemas
"financieros" no es ociosa ni preciosista.
Está hecha para para subrayar la diferencia con lo que
serían problemas "económicos", ya que estos
términos se usan como sinónimos y no lo son tanto.El
psicoanálisis hace uso frecuente de la palabra
"económico" para expresar en parte la
dinámica psíquica. En este sentido considera la
existencia de una economía libidinal, que tiene
que ver con los afectos y que en muchos casos abarca
incluso al manejo de la economía financiera que hace
cada sujeto particular.
Es básicamente esa economía libidinal la
que se ve afectada cuando se trata de educar.El encuentro
con el otro siempre genera cierta dosis de tensión. Muy
probablemente surgirán diferencias, banales o serias, en
cuanto a las actitudes, el lenguaje, las ideas, incluso
la ropa. A veces esas variables actúan en silencio,
durante un tiempo hasta prolongado, sin que uno se
entere. Pero la aparición de un gesto, un comentario
como caído al azar, una broma, una irritación
aparentemente inmotivada, dan la pista de que allí ocurre algo más que el mutuo
aprecio. En otras ocasiones, en
|
cambio, la "convidada de piedra"
es una franca agresividad.
Desde el insulto anónimo escrito en el
pizarrón, pasando por los groseros pegotines de
cartelitos en la espalda hasta las ironías de algunos
estudiantes brillantes: la agresividad en las aulas puede
tener muy variados matices. En esta oportunidad interesa
detenerse en lo que sucede inmediatamente después de un
hecho calificado de agresivo. Es la pregunta acerca de
qué hacer para evitar que tal cosa se repita, es decir,
cómo sancionar y cómo prevenir.
En este punto no se abre un abanico de
posibilidades. La educación, si bien no puede decirse
que ignore el tema, sólo maneja dos o tres alternativas
de solución, y todas ellas con suerte desigual.
Si el Area IV del CODICEN, a la que son
derivados los niños "problemáticos" para ser
tratados por psicólogos, ha obtenido éxitos, debe
llamar la atención que ello ocurra mayoritariamente en
el interior del país. Se conocen excelentes experiencias
en Solymar, Florida y Tacuarembó. En Montevideo, sin
embargo, uno de los hechos notables es que los alcances
de esa área se confunden con la función que desempeña
el Profesor Orientador Pedagógico. También es sabido
que el estudiante derivado al Area IV intenta eludir lo
más que puede la entrevista con el psicólogo aduciendo
el manido "yo no estoy loco para ir al
psicólogo".
Por otro lado los servicios de Salud
Pública, que ofrecen una buena atención, no dan abasto
con el número de pacientes que deben atender, de modo
que es común que para un problema surgido en junio, por
ejemplo, haya que esperar hasta diciembre para tener una
entrevista con el psicólogo o el profesional idóneo. En
la psique los hechos son siempre actuales, así como los
traumas hasta
que se puede hablar de ellos, pero |
esto no puede permitir
sos- layar la idea de que lo mejor es actuar
inmediatamente.
Ante este poco auspicioso panorama comienza a
instalarse una nueva alternativa, probablemente tan poco
alentadora como las otras.Ha comenzado a dar charlas, a
dictar conferencias y a dar cursos, un grupo todavía
pequeño de lo que podrían llamarse "tecnócratas
de la educación", cuya acción bien puede resumirse
en un "decime lo que te pasa y te diré cómo
solucionarlo". Desde un enfoque particularmente
ecléctico que no elude pequeñas dosis de
psicoanálisis, se destacan las teorías
neurofisiológicas y sobre todo de la psicología social
y grupal para explicar la ocurrencia de fenómenos como
los de la "agresividad en el proceso
educativo", a propósito del título de una de estas
conferencias. El punto al que, según estas teorías, hay
que abocarse a solucionar, es de losvínculos, la
relación con el otro. Las cosas funcionan mal porque nos
vinculamos mal, dicen. Solucionado eso, la buena
convivencia en el salón no se hará esperar. Las
diferencias individuales, su lejano origen temporal así
como su complejísima conformación, no son observados
por el tecnócrata más que a modo de fenómenos de
ocurrencia variable que si tienden a perturbar la
cohesión del grupo, deberán ser modificados para que el
vínculo grupal se sostenga.
No es ocioso preguntarse cómo se realizará
ese trabajo grupal, y es entonces que surge la
preocupación. A título de comentario ejemplificante, un
doctor en medicina citó una experiencia personal que
tuvo lugar en Brasil: parece que allí asistió a cursos
en los que se trabajaba con ¡tres mil personas!. Resulta
aterradora la idea de que tantas personas juntas estén
haciendo lo mismo, al mismo |
tiempo y bajo la dirección de una sola
persona. En este punto sería interesante releer la "Psicología
de las masas y análisis del yo" escrito
por Freud en 1921 pero de permanente actua- lidad para el
abordaje de la función que cumple en la cuestión que
nos ocupa el coordinador del grupo, vale decir, el líder
carismático que nuclea a tantas personas. Más jugoso
aún puede ser relacionar ese trabajo con los
conceptos de Lacan en relación con la
posición del Amo. Planteos como éste, de trabajo con
grandes números de personas, no deben nunca dejar
librado al azar un factor fundamental: el ejercicio de
poder que hace el líder.
Se pretende educar a un sujeto pero ¿cómo?,
¿en qué?, ¿para qué?. Si el ideal apunta a la
formación de un sujeto capaz de desarrollarse y crecer,
pudiendo sostenerse incluso en aquello que lo hace
diferente, único, irrepetible, no parece que ello pueda
darse por la vía de la globalización.
No por ser adulto y profe- sor se cuenta con
todas las garantías de idoneidad para una tarea como la
educativa. Abundan en Uruguay los adolescentes-adultos
que, ya ingresados en la treintena, viven aún en casa de
sus padres, igual que sus alumnos quince años menores. Y
también es conocida la situación de muchos divorciados
que regresan (muchas veces con hijos) al hogar paterno
tras su propia separación matrimonial.
A la hora de educar, los maestros y
profesores nunca fallan por su ignorancia, resguardados
como están detrás de una mesita que los separa de los
otros, los ignorantes; como irónicamente señala Jacques
Lacan, siempre saben lo suficiente para cubrir los
cuarenta minutos de clase. Pero, ¿están realmente en
una posición subjetiva diferente como para ponerse en
maestros de alguien?.
 |