Por estos tiempos, la función del diario no es otra que la de hacer creer a sus lectores que tendrán el poder de las informaciones que suceden alrededor del mundo en forma de noticias. Con ello el ciudadano siente que mediante los periódicos, estará invirtiendo su ocio en algo útil e inteligente, aunque la experiencia de este cotidiano hábito, se encuentre muy distante del deseo de enriquecerse culturalmente y de profundizar los conocimientos. Acceder al saber y sentirse reconfortado a través de algún artículo, es una posibilidad vaga e impensada para quien aspire a soñar o a crecer, porque se trata de medios roñosos con una agotadora diagramación y escaso contenido, que no invitan a comulgar con el placer de la lectura. El Poder de los Mediocres Los periódicos están convertidos en verdaderas alarmas que lo único que persiguen es hacer alaraca para llamar la atención de la gente. Sus titulares son como auténticos gritos de viejas menopáusicas que desesperadamente piden que una vez miradas, sean cogidas y manoseadas. Será prensa amarilla, oscura, roja o vendida; da lo mismo. Siempre sus encabezados de portada buscan el título más ridículo y polémico posible, produciendo que los temblorosos lectores terminen preguntándose ¿viste lo qué pasó? A su vez, los medios informativos se encuentran convencidos de que son
el cuarto poder del Estado, simplemente por el hecho de que tienen
metida la nariz en todas las quejas y escándalos públicos
y privados. Los muy copuchentos se defienden diciendo que fiscalizan la
democracia, que obstruyen los abusos y que son el sostén de la libertad.
Con eso buscan mantenerse vivos y perdurar, pero lo cierto es que la supuesta
autonomía que representan, se ve opacada por los estrechos vínculos
entre ellos y el poder. Esto se produce porque el sistema de multimedios
que opera en Chile está fuertemente ligado al mundo político
y económico, por lo que la apertura mental de estos medios es limitada,
lo cual se traduce en que no se atreven ni a cuestionar, ni a inventar.
Se da entonces un nexo de dependencia, de simbiosis, porque se pertenece
a ese mundo o se muere. Como a punto de morir estuvo La Época, el
único diario con coraje de este país que desafía el
monopolio, mientras pululan por las calles cinco o seis diarios chicos
atorrantes, financiados con publicidad de fono putas o avisos de moteles
medio clandestinos. ¿Para qué tantos? ¿para darle
comida a mediocres reporteros, o para oxigenar a las múltiples universidades
privadas que no paran de ofrecer la carrera de Periodismo?. En Cuba
existe sólo un diario y tiene cuatro páginas. Y no estamos
hablando precisamente de un país de analfabetos.
El rollo de la objetividad agobia cuando uno se topa con textos insípidos, sin mayor fuerza, ni gran elaboración. El argumento pasa por un intento fallido de mostrar los hechos neutralmente, alejándose de la interpretación o intuición, lo que da como resultado un prolongado bostezo que obliga rápidamente a dar vuelta la página. Sería bastante más interesante tener periódicos que plasmen un enfoque audaz de los temas, con fuerza y personalidad; que formulen a través de juicios críticos, la aguda realidad de diversos sectores del país, la que muchas veces es ocultada en la agenda pública. Desgraciadamente las circunstancias que presentan actualmente estos medios, desencadena en un anémico proceso que se traduce en una nueva conducta del consumidor de diarios, el cual involuciona violentamente de lector a ojeador y que va volviendose más acucioso únicamente mirando las minas que aparecen en el suplemento femenino del día martes. No sabría decir si los diarios chilenos son completos o incompletos. Sólo sé que se podría prescindir de ellos, porque no hacen otra cosa que robarle su lugar a otros medios que verdaderamente tratan en profundidad los temas, como son las revistas que se dedican exclusivamente a diversas especialidades. Sin embargo, casi la totalidad de estas publicaciones presentan desbalances económicos, que disfrazado como excusa por su falta de creatividad, les impide surgir y perdurar con fuerza en Chile, lo que alimenta aún más el consumo de periódicos que representan una visión de los fenómenos que por ahora es superficial, temerosa y con un pequeño vistazo de una escasa parte de la realidad. Tal vez uno de los pocos respaldos que puedan recibir los diarios de parte de sus lectores, sean las informaciones sobre el siguiente partido del Chino Ríos, o notas sobre el Matador Salas. En ese instante, el consumidor de periódicos respirará aliviado cuando al término de una agobiante mirada de todas sus hojas, se encuentre con la sección deportiva. Entonces, después de la cena, el saturado lector cogerá el único tesoro de aquel rito de cada día y lo reflexionará en un prolongado asiento en el baño. Total, en su inconciente sabe que no será necesario apurarse para leer el resto del periódico, porque en unos momentos más comenzará el noticiario de televisión que tendrá en su contenido las mismas noticias que están desparramadas por la casa, impregnadas en un roñoso papel y que se imprimirán en forma de lulo listo para hacerle una zancadilla al lector cuando salga de casa por la mañana. |