Trato con el diablo

 

Sebastián era un chico de once años aproximadamente, con un abultado pelo colorado, lleno de pecas, tenía los ojos color miel, era alto y flaco. Le gustaba mucho ir al colegio, excepto por esos dos pesados de Claudio y Marcos, los "pícaros" de la clase. Ellos siempre molestaban a Sebastián por su pelo, por su ropa, por su casa, por todo. Para ellos todo lo que hacía o decía el niño estaba mal y si él les contaba a las maestras, los chicos le pegaban o se burlaban peor.

Sebastián estaba dispuesto a dar cualquier cosa para vengarse y lamentablemente lo dio.

Ocurrió una mañana de primavera, Sebastián se levantó sobresaltado, una horrible pesadilla había perturbado su sueño. Miró el reloj de reojo, eran las siete de la mañana, hora de levantarse para ir al colegio; se vistió, desayunó, se despidió de su mamá como todos los días y emprendió su caminata cotidiana. El colegio al que asistía Seba quedaba a unas pocas cuadras de su casa, le gustaba ir caminando porque tenía que atravesar la plaza mayor del pueblo.

Pero, esa mañana, cuando Sebastián cruzaba la plaza muy tranquilamente escuchó una música bellísima, siguió caminando sin prestarle atención. De repente algo pasó, Sebastián cayó a un lugar donde nunca había ido antes. Ese lugar era muy limpio y una música sonaba, era la que había oído en la superficie de ese lugar y provenía de un sitio bastante oscuro y caluroso.

De pronto, los pensamientos de Sebastián se interrumpieron por la presencia de un señor muy bien vestido y con un bastón de oro en su mano derecha, el hombre le dio la bienvenida y le dijo que era su amigo, que lo llamara tío y que si necesitaba algún favor le dijera. A Sebastián se le ocurrió una idea, le contó sus problemas con esos chicos del colegio y el señor prometió ayudarlo a cambio de que Seba le diera lo que él quisiera cuando terminara el encargo. El niño aceptó y cerraron el pacto.

Unas semanas más tarde de lo sucedido Marcos había fallecido y Claudio estaba internado en terapia intensiva, debido a un virus que nunca antes se había conocido. Era una bacteria tipo bichito bolita amarillo - dorado y en la pata derecha parecía tener un bastón.

Inmediatamente Sebastián fue a ver al señor. Ya era tarde, su turno no había llegado pero llegaría. No tenía otra opción, él acababa de vender su alma al diablo y no tenía escapatoria.

 

Carla Costa

1º año

Septiembre 1997

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